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19 de Jan de 2021

Eduardo Rodríguez

Columnistas

Agua, un recurso limitado

Las fuentes de agua dulce son cada vez más limitadas, lo cual se agrava con la creciente amenaza de contaminación de las fuentes disponibles

La crisis de agua —vista como la limitación de este recurso en su estado natural— alcanza y afecta el desarrollo de importantes actividades humanas, a distintos sectores productivos del país y particularmente a la salud de los panameños, cuando se trata de agua potable para el consumo humano. Es por ello que este problema debe afrontarse con responsabilidad colectiva, independientemente del papel que corresponda jugar como sector productivo o simplemente como consumidor del vital líquido.

Las limitaciones de este recurso natural van más allá del suministro para el consumo humano y alcanzan un sinnúmero de actividades humanas, ya que es utilizado con igual dependencia por el sector energético, industrial, agrícola, para las operaciones de funcionamiento del Canal de Panamá y para otras actividades productivas.

Lo relativo a la crisis del suministro de agua potable, que afecta de manera frecuente a un gran sector de la comunidad panameña, merece de algunas reflexiones para obtener de las experiencias vividas las mejores enseñanzas y afrontar así con mayor éxito situaciones similares que pudieran darse en el futuro.

La población del mundo crece constantemente y con ello el aumento del consumo de agua por persona, lo cual está provocando el incremento en la demanda de agua para consumo humano, visualizándose a muy corto plazo una crisis universal sobre la disponibilidad de tan preciado líquido.

Por otra parte, las fuentes de agua dulce son cada vez más limitadas, lo cual se agrava con la creciente amenaza de contaminación de las fuentes disponibles.

Los estudiosos de la situación y comportamiento de los recursos hídricos, han advertido a los distintos Gobiernos sobre la necesidad de establecer cuanto antes políticas y programas para conservar las fuentes de agua disponibles, prevenir su contaminación, regular el suministro y uso del agua en sus distintos estados, reducir la demanda y educar a la población sobre el empleo racional de este recurso.

Datos confiables indican que frente al crecimiento constante de la población, la Tierra no dispone de más agua que la que contaba el planeta hace 2000 años cuando los habitantes de la tierra apenas alcanzaba un 3 % de la población actual.

En la actualidad 31 países habitados por el 8 % de la población mundial están afectados por déficit crónico de agua dulce. Para el año 2025 se prevé que 48 países, con una población de 2800 millones de habitantes, enfrentarán el mismo problema.

El planeta necesita una revolución azul para conservar y ordenar la fuente y disponibilidad de agua dulce, el control de la demanda y uso racional del agua tratada. Existen dos frases mágicas a considerar en cuanto a políticas para reducir los riesgos de una crisis global de agua dulce: conservar las fuentes y contener la demanda.

Un 70 % de la superficie de la Tierra está conformada por agua. Pero la mayor parte de ese volumen corresponde a los océanos y en un bajo porcentaje, que apenas alcanza el 3 % del agua total en el mundo, es agua dulce. Solo un cuarto del agua dulce existente en la Tierra se encuentra accesible y únicamente el 1 % está ubicada en lugares de fácil acceso.

Los habitantes de la Tierra solo garantizarán la disponibilidad de agua dulce para satisfacer las necesidades humanas, si se adoptan políticas globales, regionales y nacionales para promover el uso racional del agua y programas para una distribución proporcional del recurso.

En términos generales, la población de distintas áreas de la Tierra recibe este recurso como si fuera un don divino ilimitado, fácilmente renovable y es tratado con escasa conciencia acerca de su vulnerabilidad. Este concepto equivocado sobre la disponibilidad de agua dulce estimula su consumo sin límites y, en consecuencia, el desperdicio. La única restricción es la escasez de tan importante recurso.

De acuerdo a organismos internacionales, una política apropiada de precio puede estimular un comportamiento más responsable sobre el uso del agua. Para lograrlo debe valorarse apropiadamente el costo del agua dulce, según el uso que se le dé, y establecer mecanismos que fijen un precio razonable. Esto tendrá un efecto inmediato y duradero para limitar los excesos de empleo de agua dulce, ya sea para uso agrícola, comercial, industrial o para consumo humano.

Esta experiencia ya ha sido aplicada en países como Chile y Estados Unidos, que cuentan con regiones que registran una escasez crónica de agua dulce, fijándole el valor que le corresponde a este recurso para propiciar su consumo racionalizado.

DIRECTOR GENERAL DE LA CAPAC.