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07 de Apr de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

¿Cadenas de conocimiento o desinformación?

Guiados por sus ‘apóstoles' de carne y hueso, vistieron de blanco y pidieron que la ley sea devuelta a primer debate en la Asamblea Nacional

¿Cadenas de conocimiento o desinformación?
¿Cadenas de conocimiento o desinformación?

En un artículo que escribí titulado ‘La indignación de los dedos ' criticaba que la cultura actual era la de protestar por medio de las redes sociales; a punto de dedazos y 140 caracteres, era lo que más se podía esperar de los que tenían cuestionamientos sobre algún tema. Pues, nos acaban de callar la boca a varios. En la tarde del 13 de julio de 2016, miles de personas en la ciudad de Panamá y en otras cabeceras de provincias de la República, realizaron una marcha de protesta en contra del proyecto de ley 61, que ‘busca dotar de políticas públicas de educación integral, atención y promoción de la salud '.

Guiados por sus ‘apóstoles ' de carne y hueso, vistieron de blanco y pidieron que la ley sea devuelta a primer debate en la Asamblea Nacional. Se mostraron felices y contentos por la multitudinaria demostración. Gritaron, cantaron y bailaron muy cerca de la plaza 5 de Mayo. Altos y claros se pronunciaron en contra del diablo.

Sobre el terreno de los hechos, algunos se tomaron la tarea de realizar sondeos poco científicos (de todas maneras estos manifestantes poco creen en las ciencias). De esos sondeos no encontraron manifestante que señalara claramente que habían leído la ley que comprende más o menos ocho páginas que explica claramente el propósito de la misma en 3 capítulos y 27 breves artículos. En una sentada de 15 minutos, a lo sumo 30 para un profesional de mediana educación, podría leerla y entenderla a fondo. Para los menos educados, diccionario en mano, probablemente les tomaría unos cuantos minutos más.

Los ‘bien intencionados apóstoles ' con el dinero que recaudan en las celebraciones religiosas, cada vez que circulan las canastas para que los humildes miembros de sus ‘rebaños ' hagan sus ofrendas, pudieran haber impreso cientos de copias de la ley (a doble cara para ahorrar papel) y hacer sesiones de estudio y discusión sobre el contenido de la misma. Explicar —ley en mano— lo que rechazan de las propuestas y por qué las adversan, sin amenazas ni confabulaciones sobre castigos divinos y el temible calor del infierno.

Estas sesiones instruirían mejor a sus seguidores para evitar la mala fe de aquellos malvados que se acercan a los que honestamente se manifiestan, para indisponerlos con la pregunta: ‘¿Usted se leyó la propuesta de ley? '. No hay nada más ruin y despreciable que alguien que te pregunta si tienes los conocimientos necesarios para opinar sobre un tema, en un país en donde opinar sobre lo que no se sabe es normal.

Si aplicamos la teoría de los ‘Seis grados de separación ' (‘Six degrees of separation '), esa que formuló por primera vez en 1929 el húngaro Frigyes Karinthy, que trata de probar que: ‘una persona en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos ' —un amigo de una amiga— entenderíamos que los retos que tenemos nos acechan a todos. Algunos teóricos en la reformulación de esa teoría sugieren que ya no son seis grados sino cuatro, a razón de las nuevas tecnologías y las redes sociales.

Usted y yo tenemos amigos o familiares en todos los partidos políticos. Estamos conectados con un diputados, un médico, un ministro de Estado, un juez o alguien que conoció a María Carter Pantalones o, a Omar Torrijos. Deberíamos presumir que, en esta época moderna, el conocimiento bien sustentado debería circular por estas cadenas de contactos para ilustrarnos positivamente. En vez, los embusteros nos han ganado la partida. Gran parte de la sociedad se rehúsa a aprender fuera de los límites de las suposiciones divinas.

No nos engañemos. Esas miles de personas que se manifestaron el miércoles pasado también conocen muy bien los retos sociales y culturales que enfrenta la juventud que se manifiestan claramente en el elevado número de casos de embarazos en menores de edad y afectados del VIH/SIDA, por mencionar los más graves; con los peligrosos efectos contra su completo y satisfactorio desarrollo como individuo.

La ley puede que necesite ser mejorada, pero que se haga en el marco de planteamientos sensatos e inteligentes y por el bien común, no el de individuos. No se dejen ni permitamos que la ciudadanía sea manipulada por embusteros de la red que solo persiguen mantenerlos en la oscurantismo.

COMUNICADOR SOCIAL.