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16 de Apr de 2021

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Un príncipe de 70 años

La cabina estaba cimbreante; el metal temblaba y el piloto, solo en ese pequeño espacio

La cabina estaba cimbreante; el metal temblaba y el piloto, solo en ese pequeño espacio, atravesaba una noche inundada por la intensa lluvia con el objetivo de llevar el correo de una a otra ciudad argentina. A medida que entra en la gigantesca tormenta, se interna en una soledad que le genera desasosiego; ‘las llanuras tronábanse tenebrosas', diría Antoine de Saint Exupery, novelista y autor de Vuelo nocturno, la obra que lo lanzaría a la fama.

El texto de esta narración sobre la experiencia de un hombre en los controles de la nave aérea, insegura que, en medio de la absoluta oscuridad de la noche tormentosa, se propone superar los avatares e imponer su fuerza vital y espiritual; marcó la carrera literaria de este escritor francés, quien le imprimió un humanismo a su discurso, justo en los años cuando la guerra imponía la muerte como trofeo de éxitos en los proyectos de dominación.

Antes, había ofrecido El aviador, Correo del sur y luego Tierra de hombres y piloto de guerra. Precisamente, un incidente de vuelo y su aterrizaje forzoso en tierras saharianas, le dejó un profundo sabor del abandono que plasmó en su prosa y al vivirlo en carne propia con peligro para su vida, adquirió la capacidad de trazar una dimensión para el hombre campechano que busca objetivos grandiosos.

Mientras trataba de superar el colapso aéreo en las arenas desérticas africanas, pudo concebir una aventura que luego daría forma en Estados Unidos en 1943. La editorial Reynal & Hitchcock lanza El principito. Francia estaba bajo el control de los alemanes, así que el pequeño relato no pudo contar con la edición propia, hasta que el sello Gallimard prepara y publica en 1946, la versión francesa; dos años después de su desaparición en vuelo.

Hace unos días, con motivo del 70 aniversario de la aparición del libro en ese país, hubo una exclusiva ceremonia en el Panteón de París, donde el ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian, y la ministra de Cultura, Audrey Azoulay, brindaron honores y colocaron una ofrenda floral junto a la placa conmemorativa del piloto francés. Este acto sencillo recuerda cómo el público conoció la obra gala más célebre del siglo XX.

Un aviador se encuentra perdido en el Sahara, luego de un problema técnico de su avión y mientras deambula por el área se cruza con un príncipe que proviene de otro planeta. A partir del momento, se inicia un poético y filosófico diálogo entre ambos, en que intercambian conocimientos sobre sus lugares de origen. Allí, el extraño descubre variados animales y sobre todo a un zorro con quien aprende diferentes valores humanos.

Las metáforas y los principios que pueblan esta historia, aparentemente escrita para niños, pero que por su profundidad alcanza una madurez propia de adultos, le han dado interés planetario durante las siete décadas en que ha visto tantas traducciones como idiomas existen y que pasan de 200. El principito provenía de un pequeño asteroide B612. Allí, como rasgo típico existían tres volcanes; que él procuraba limpiar y salvar de semillas de ‘baobabs'.

Cada una de las conversaciones que tiene el principito con hombres y animales, le da un perfil de un planeta Tierra que él creía deshabitado y al final se despide del narrador para partir solo. Desaparece y resta buscarlo y si se le ve, escribir o dar datos para localizarlo. De estas páginas sale la frase ‘Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos'.

Saint Exupery retrata el mundo y el espíritu de las sociedades en su esencia; todo adulto fue un niño, dice. El Principito es un hermoso ejemplo de esta alegoría, digna de lectura en estas fechas.

EDUCADOR Y PERIODISTA