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20 de Nov de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

Hablando de Odebrecht otra vez

En 2007, con el proyecto Remigio Rojas, la empresa ubicó representantes en el istmo

Los últimos descubrimientos sobre la organización tramposa y el sistema coimero de Odebrecht a pocos panameños puede sorprender. Sólo ha logrado corroborar el secreto a voces que desde hace años era ensordecedor. Se burlaron del pueblo panameño, con el consentimiento o impulso de las autoridades respectivas, robando nuestros fondos públicos ---no hay otro nombre--- que pudieron tener mejor uso; y también presumieron actividades benéficas con un espíritu cínico de falsa responsabilidad social. Odebrecht ha sido desnudada en toda su fealdad y vulgaridad contra los panameños. Es justo reconocer y agradecer el trabajo valiente e inflexible de los fiscales brasileños: escriben una historia que, como la guatemalteca, marca un precedente imposible de ignorar en muchos países, comenzando con el nuestro. Confiamos en que no vamos a ceder un ápice, aunque nos tome tiempo.

Pero antes de demonizar a la empresa, considero que hay dos aspectos independientes que deben separarse. Es justo reconocer la eficiencia de su personal profesional, administrativo y operativo, encargado directamente de las obras que se desarrollan en el terreno de las propias construcciones. Esos profesionales, técnicos y trabajadores en el terreno de operaciones no tuvieron el respaldo ético y leal de los propietarios y sus cómplices en sus sedes centrales, regionales y locales. Los timaron a ellos también; merecen ser tenidos como un punto aparte, no contaminado, de las maniobras vergonzosas urdidas por las altas gerencias. Los profesionales a cargo de obras en Panamá han mostrado capacidad y seriedad en su trabajo, cumpliendo a tiempo con sus obligaciones pactadas. Dos proyectos han ganado reconocimiento internacional por reputadas publicaciones técnicas: el proyecto Curundú, como el mejor en categoría Residencial y, en la categoría Tratamiento de Agua, el proyecto de Saneamiento de la Ciudad y de la Bahía; el primero por haber promovido la inserción social del barrio y mejorar su seguridad pública y el segundo por evitar que las cloacas lleguen directamente a los ríos y a la bahía.

Fue a partir del año 2007 ---que sepamos--- con el proyecto de riego Remigio Rojas en Alanje, cuando Odebrecht ubicó representantes en Panamá con la cómoda misión de establecer amigables contactos personales para lograr competir fácilmente por obras más importantes, comenzando con la cuestionada cesión para la terminación de la carretera Madden a Colón. Desde sus relaciones con el presidente Color de Melo el factor político amigable le permitió a Odebrecht ‘despegar' y obtener interesantes contratos de obras públicas en Brasil. Como supimos en la Asamblea entonces, esas vinculaciones le sirvieron en muchos países americanos. Teniendo ya representantes activos ubicados en Panamá, ese pequeño proyecto de riego ---comparado con los volúmenes que logró alcanzar desde entonces--- le sirvió para financiar sus gestiones directas en nuestro país para hacerse de contratos públicos.

De ahí que sea imprescindible revisar los costos de todas las adjudicaciones logradas por la empresa desde el momento en que puso pié en Panamá en el 2007. Lo amerita la compra de conciencias que ahora quedó al descubierto, no como un incidente aislado, sino como una misión permanente bajo el eufemismo de División de Operaciones Estructuradas. Su cuerpo de ingenieros y arquitectos, así como su grupo gerencial de proyectos y de técnicos en el campo no deben quedar manchados y merecen un reconocimiento por el diseño y ejecución de sus obras. Como todo se sabe al final y, aunque falte precisar la enormidad del atraco, lo lograremos y debemos confiar en el trabajo del Ministerio Público y la Contraloría. No nos queda de otra: debemos estar pendientes, insistir, colaborar en todo lo que podamos hacer desde nuestra perspectiva.

EXDIPUTADA