25 de Feb de 2020

Aristides Royo

Columnistas

Ricardo Arias Calderón, pensamiento y acción

Hombres que en su ciclo vital hayan amalgamado intelecto con el quehacer político se han dado en todo tiempo y lugar.

H ombres que en su ciclo vital hayan amalgamado intelecto con el quehacer político se han dado en todo tiempo y lugar. En nuestro país esa combinación, no muy usual, se ha producido generalmente en el terreno del derecho al haber contado con distinguidos juristas que también fueron dirigentes de partidos y ocuparon altos cargos públicos, tales como Carlos A. Mendoza, Harmodio Arias, Octavio Fábrega y otros.

Salvo mejor criterio, el caso de Ricardo Arias Calderón, quien además de filósofo fue presidente de un partido y primer vicepresidente de la República, es el primero en la historia republicana. Este fenómeno obedece quizás a que se considera que quienes estudian filosofía se convierten en personas que se dedican al pensamiento profundo y que suelen ser observadores y críticos de las sociedades en las que les ha correspondido vivir, pero que muy rara vez incursionan en el ejercicio de actividades políticas. Si esta consideración es la norma, Arias Calderón fue la excepción.

En los múltiples comentarios que se han suscitado tras el fallecimiento del filósofo y político, se ha puesto énfasis en sus luchas por la restauración plena de la democracia en Panamá. Como no era político de escritorio ni de recámara, participó en diversas manifestaciones y para la historia gráfica ha quedado como gesto inolvidable el momento en que al frente de la protesta se percató de la agresión que iban a cometer miembros de las fuerzas de defensa contra los manifestantes y abrió sus brazos en cruz en noble, valiente y arriesgada actitud dirigida a proteger a quienes le seguían.

Sostuve un encuentro llamado a ser secreto con Arias Calderón, en el cual estuvo presente Guillermo Cochez, el cual tuvo lugar en la residencia del profesor Miguel Angel Martín. Su preocupación fundamental consistía en que se respetasen los resultados de las elecciones de 1984 y que se diesen garantías de participación a todos los partidos políticos. Así se convino aunque debido a mi renuncia no me correspondió presidir el gobierno del año electoral.

Autor de siete libros, Arias Calderón había hecho sus estudios en Yale y posteriormente el doctorado en filosofía en la Universidad de París. Era un gran conocedor de la filosofía escolástica y de sus representantes generalmente pertenecientes a la iglesia. Desde luego que conocía las justificaciones que algunos de ellos daban al regicidio, es decir la muerte del tirano, pero nunca utilizó estas teorías en sus escritos políticos, que ocuparon casi totalmente su vocación de escritor, pues además de su cátedra terminó absorbido por sus ocupaciones en el partido demócrata cristiano que presidió como también lideró la organización internacional de esa corriente de pensamiento.

Cuando Omar Torrijos falleció en 1981, me llamó a la presidencia para expresar sus condolencias y señalar que el hecho de haber sido opuesto al General, lamentaba su desaparición física. Años más tarde Arias Calderón estableció alianza con el Partido Revolucionario Democrático que ya militaba en la democracia y ese entendimiento coadyuvó al triunfo de Martín Torrijos, quien años más tarde condecoró al dirigente demócrata cristiano.

Militamos en campos distintos pero su condición de persona preparada y su esmerada educación, hicieron de él un caballero en la política. Criticaba al gobierno con dureza, pero jamás con irrespeto ni con insultos pues ello era contrario a su naturaleza. Se ganó el respeto y la admiración de quienes lo trataron, de profesores y alumnos, de su partido y de su país, que ha perdido a un gran campeador cuya arma era su hombría de bien y su pensamiento. La inteligencia filosófica y la política corrieron parejas en una vida que podemos considerar como un ejemplo digno de seguir para las nuevas generaciones.

EXPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.