21 de Feb de 2020

Desideria Navarro Romero

Columnistas

Género y lenguaje

Las diferencias del lenguaje no explican diferencias fundamentales en el género

Los lingüistas siempre se han esforzado en encontrar diferencias en el uso del lenguaje entre hombres y mujeres. En la actualidad los sociolingüistas se enfocan en clase social, identidad étnica o edad; es decir, van más allá del sexismo para incluir las reglas sociales, normas culturales y experiencias psicológicas para determinar el uso particular del lenguaje. Se cree que en el lenguaje las mujeres están determinadas por el dominio de género. (Crawford 1995 p12) pero el género es un constructo social más que una caracterización sexual. Por eso se considera que en materia lingüística el género debe conceptualizarse como verbo, no como sustantivo, para referirse a la caracterización del lenguaje por su acción y sentido del discurso.

En 1981 Dorothy Rissel publicó un ensayo donde resume las diferencias basadas en el género indicando, por ejemplo, que en las sociedades antiguas había una diferencia muy marcada, que parecían usar dialectos diferentes; sin embargo, estas diferencias en la modernidad son más sutiles. Otros autores enumeran como relevante para las mujeres la tendencia femenina a apegarse a la norma y la corrección, y a marcar la clase social y la educación y el prestigio por medio del lenguaje. Los hombres en cambio son más toscos, usan el lenguaje obsceno o tabú con mayor frecuencia y expresan solidaridad, pertenencia al grupo, y masculinidad. Introducen nuevas palabras al lenguaje y las mujeres usan formas adverbiales para expresar circunstancias de lugar, de tiempo, de modo.

Muchos estudios han encontrado que las mujeres en general en el habla espontánea suprimían /s/ final más que los hombres de los estratos medio y medio alto, pero en el estilo formal articulaban una sibilante con más frecuencia que los hombres de los estratos superiores.

En el caso de Panamá se ha destacado el estudio de Henrietta Cedergren (1973), en su estudio del lenguaje de la ciudad de Panamá, ‘encontró resultados semejantes en cuanto a la aspiración y elisión de /s/ final. En esta ciudad, la elisión de /s/ final es un proceso estigmatizado, especialmente típico de los varones y de las clases bajas. Entre las mujeres, en cambio, hay una leve tendencia hacia la aspiración que indica que no han avanzado tanto como los hombres hacia la elisión de /s/. ( citado por Rissel T H. XXXVI, 1981 Habla femenina y masculina en español p 313).

Hasta ahora estas diferencias del lenguaje no explican necesariamente diferencias fundamentales en el género en el uso del lenguaje, no obstante en el libro de Jennifer Coates ‘Mujeres, hombre y lenguaje (Un acercamiento socio lingüístico a las diferencias de género', introduce nuevas nociones que configuran una hipótesis actualizada para comprender el lenguaje mediado por el género. Por ejemplo, si los hombres utilizan respuestas mínimas suelen hacerlo con lentitud o demasiado tarde, ‘una táctica que debilita a la persona que está hablando y reafirma el dominio masculino'. Las mujeres por su parte recurren más al uso de respuestas mínimas (Coates p. 145 ), tales como: sí, claro, sólo, ajá, en el momento adecuado, ‘es decir, en puntos de la conversación en los que el oyente participa para manifestar su apoyo a quien está hablando'. Por tanto funciona como un conector adecuado del diálogo, para imprimir fluidez a la conversación. Los hombres preguntan más para cuestionar la autoridad del hablante para establecer una relación de poder, los hombres evitan hablar de sentimientos, y prefieren conversaciones impersonales. Las mujeres utilizan más muletillas, indicio de una actitud más ‘vacilante', sostiene Coates (op cit p 151). Los hombres establecen una relación de poder entre quienes hablan y quienes escuchan por medio de coletillas interrogativas, Es cierto ¿o no? Implica búsqueda de aprobación, pues, obligan a la persona a la que están dirigidas a producir una respuesta, y también a que sus respuestas sean relevantes en la conversación. Los hombres también tienen la tendencia a introducir órdenes y directrices de forma imperativa, mientras las mujeres hacen más preguntas que los hombres, pero para hacer fluir la conversación, y si es necesario dar órdenes lo hacen de manera indirecta con fórmulas de cortesía. Si bien no hay una diferencia cualitativa en el uso de palabrotas como antes, pues las mujeres usan las mismas palabrotas, la diferencia radica en la frecuencia de uso. Los hombres suelen halagarse mutuamente en relación con sus pertenencias o sus habilidades íntimas. Las mujeres suelen halagarse más y centrase en la apariencia.

Esto nos lleva a una conclusión en el lenguaje subyace una diferencia de género que subraya el poder y la autoridad de los hombres, lo cual incrementa el sexismo porque el lenguaje está cargada de palabras portadoras de una ideología denigrante como señala Pancracio Celdrán Gomariz. En su libro de los insultos hay más de 200 palabras diferentes para denigrar a una mujer tachándola de mujer de la mala vida; sin embargo, estas mismas palabras tienen un sentido positivo para el hombre porque no es lo mismo fulana que fulano, buscona que buscón; mujer pública que hombre público. ¿O no?

DOCENTE UNIVERSITARIA.