La Estrella de Panamá
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17 de Oct de 2019

Álvaro Alvarado

Columnistas

Asamblea, un mal sin remedio

Solo tenemos que ver los casos del contralor, el defensor del Pueblo y el magistrado del Tribunal Electoral.

El próximo sábado 1 de julio los 71 diputados que integran la Asamblea Nacional tendrán que elegir a su nueva junta directiva para el período 2017–2018. Esta elección se produce momentos en que el país y los partidos políticos se enfrentan a una de las peores crisis políticas de los últimos 27 años.

Hoy, tenemos un país polarizado políticamente, un Gobierno que no cuenta con un mayoría en la Asamblea y dos partidos políticos de oposición, el PRD y Cambio Democrático, que no logran unificar a sus bancadas legislativas y a cada momento vemos cómo diputados de ambas bancadas se alían con el Gobierno para aprobar proyectos o para elegir funcionarios que requieren pasar por el tamiz de este órgano del Estado.

Muchos panameños ilusos llegamos a pensar que este quinquenio sería diferente, luego del escándalo de las partidas circuitales en la pasada administración, donde se despilfarraron más de 400 millones de dólares provenientes del Ministerio de Economía y Finanzas, sin contar los millones que dilapidaron los diputados del presupuesto asignado a esta institución durante los cinco años del 2009 al 2014.

Sí, fuimos ilusos, ya que llegamos a pensar por un momento que ya no habrían más partidas de ninguna naturaleza y que todos los mal llamados ‘Padres de la Patria' se sumarían a esa propuesta de transparencia y honestidad que nos vendió el presidente Juan Carlos Varela durante su campaña y en su discurso de toma posesión el 1 de julio del 2014, pero el primer balde de agua fría lo recibimos en diciembre de ese mismo año, cuando nos enteramos de que a cada diputado se le había asignado un bono de 25 mil dólares de supermercados para que repartiera entre los electores de su circuito.

La elección del nuevo presidente de la Asamblea es un evento que no tiene la menor importancia para la población panameña, pues, llegue quien llegue a dirigir esta institución, no debemos esperar ningún cambio profundo, porque, salvo algunas excepciones, la mayoría de estos señores han demostrado ser más de lo mismo.

El 9 de marzo, el presidente de la Asamblea Nacional, Rubén de León, se compro metió a investigar el escándalo surgido a raíz de las publicaciones del diario La Prensa, donde se denunciaba que la Asamblea estaba plagada de contratos por servicios profesionales a personas que ni siquiera iban a trabajar; se conoció también la existencia de millones de dólares en donaciones a fundaciones vinculadas a diputados y además la utilización de personas que servían de pantalla para cambiar cheques y luego el dinero iba a parar a manos de algunos funcionarios o a diputados.

Han pasado más de tres meses y al día de hoy nada ha pasado, nadie sabe nada y la fiesta de los millones continua. En medio del escándalo, aparece la Contraloría anunciando una auditoría y al sol de hoy tampoco hemos sabido nada.

Mientras el país iba conociendo día a día cada capítulo de esta nueva trama legislativa, varios diputados, con los que tuve la oportunidad de conversar, me confesaron que dentro de la Asamblea también funciona un departamento de ‘factoring', que tiene como objetivo cambiar contratos a los que tienen derecho los diputados por dinero en efectivo.

¿Qué credibilidad puede tener un órgano del Estado con este pedigrí; el mismo que en estos tres años fue acusado por el propio presidente Juan Carlos Varela de albergar en su seno diputados vinculados al narcotráfico y lavado de dinero y que, en vez de enfrentar el problema, estos respondieron cambiando las placas a sus autos?

¿Qué esperanza de cambio podemos tener en una asamblea que en estos tres años ha cumplido al pie de la letra con todos los pedidos hechos desde el Ejecutivo, incluyendo los nombramientos de funcionarios que, por Constitución, le corresponde a este órgano del Estado? Solo tenemos que ver los casos del contralor, el defensor del Pueblo y el magistrado del Tribunal Electoral.

¿Qué podemos esperar de la Asamblea, cuando el presidente de la República ya está moviendo sus tentáculos para conseguir los votos para su candidato o candidata a ocupar la Presidencia? Realmente, en lo personal, no tengo ninguna esperanza en este nuevo período, ya que hemos visto cómo la gran mayoría de los diputados va en contravía a los intereses del pueblo que hoy pide a gritos soluciones integrales en materia de salud, seguridad, educación, transporte, canasta básica, vivienda, empleo, migración y red vial, entre otras cosas.

PERIODISTA