La Estrella de Panamá
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17 de Oct de 2019

Isabel Arosemena de Arango

Columnistas

¿Por qué mentimos?... mitómanos

Reflexionemos. Cada uno encontrará la respuesta.

¿Por qué mentimos? Según el Diccionario de la Lengua Española, mentir es una manifestación contraria a lo que se cree o piensa. Fingir que se sabe algo, para impresionar a otra persona. Todos mentimos alguna vez, el que diga lo contrario, está mintiendo.

Para ocultar cosas, por miedo, por temor al regaño, por el qué dirán, por maldad, por envidia, por celos, por salirme con la mía; por desprecio, por infamia, porque me gusta hacerlo, por sacar provecho. Como trastorno mental, se califica de mitómano al que miente compulsivamente. Creo que, precisamente, estamos enfrentando una temporada en que la mentira se confunde con la verdad.

Enseñamos a nuestros hijos desde pequeños a no mentir, que nos digan la verdad en sus juegos, escuela, actividades diarias. Sin embargo, se va perdiendo la confianza cuando comienzan a tener su grupo de amigos porque comparten con otros niños, que tienen en sus casas otros estilos de vida y valores. Ellos, por no quedar fuera, adoptan esa conducta. Un ejemplo es que mienten cuando les preguntas por sus deberes y dicen que no les dejaron, o que ya los hicieron; ya que estos no han sido cumplidos. Como padres, necesitamos orientarlos y convencerlos de evitar esa forma de comportamiento, nociva para su vida.

Cuando impartía clases en una universidad privada años atrás, me percaté de que muchos venían con esa anomalía de secundaria al llegar tarde o faltar a los exámenes; dando falsas excusas, aduciendo explicaciones inverosímiles, como "se murió mi abuelita", (para conmoverlo a uno y que se les aceptara su ausencia). Por sus gestos, su postura corporal, el énfasis que ponían o no, se notaba que mentían. Así crecemos y vamos por la vida, mintiendo a diestra y siniestra, en los trabajos, en las reuniones de amigos, en las fiestas familiares, se nos ocurre decir mentiras para justificar nuestras propias fallas.

Pienso que hay cosas en las que no se debe mentir por ningún motivo, ya que sería ir contra nuestros principios. Pero se dan las mal llamadas ‘mentiras blancas' que se hacen por no lastimar, por diplomacia o por evitar un disgusto. Algunos ejemplos: resaltar un defecto de alguien, de verse bien y no es así. Cuando un familiar cocina con mucho amor y la comida le quedó mal y pregunta ‘¿qué tal me quedó?': ‘¡muy buena!'; es lo más lógico que se responde, pues quedas como mal educado si dices la verdad. Es una mentira piadosa aceptable.

Desde el año 2010 inicié una investigación, para obtener información sobres temas de actitud y comportamiento en el ser humano ante diferentes situaciones. ¿Por qué mentimos? ¡Somos honestos o sinceros! Solo hay dos alternativas. Mi estudio detectó que hay personas que mentían constantemente como estilo de vida, sin ningún tipo de remordimiento. Para ellos/ellas era perfectamente natural mentir y no los conmovía nada. Creo que cuando se avanza en etapas de la vida, el ser humano es más temeroso a ser descubierto en lo que hace mal… Si no lo dice está nervioso, ansioso, tartamudea muchas veces y cambia u olvida detalles de cosas que no se acuerda. Cuando le preguntas por tal asunto, tiene respuestas enredadoras que no responden lo que preguntas. Se van por otros lados del tema. Demoran mucho, para dar una respuesta coherente.

Lo que les puedo decir para concluir sobre este tema investigado, ha sido interesante y enriquecedor. Desde los humores cambiantes de las personas, porque cada uno de nosotros es un mundo pensante; hasta las reacciones de acuerdo a las circunstancias y el cambio constante de patrones de vida. El ser humano no es perfecto, necesita ir mejorando cada día, para ser mejores personas. ¡Cuidado! Las apariencias engañan.

Pero cuando son asuntos que tienen que ver con principios, no hay mentira que valga. Ejemplo, los relacionados a ser responsables con nuestros compromisos y aspectos que afecten la honestidad o integridad de otras personas. Esto no es negociable.

Hay que ver cómo en las redes sociales la verdad y la mentira se confunden, cambiando radicalmente los hechos diariamente. Estas mentiras distorsionan los acontecimientos y dejan en evidencia nuestra falta de responsabilidad social y respeto por la imagen y reputación de otros.

¿Y nuestra sociedad? ¿Nuestros gobernantes nos dicen la verdad en todo lo que prometen? ¿O solo medias verdades? Por lo que estamos viviendo, tengo serias dudas al respecto… ¿Nuestros jefes son honestos?, ¿nuestras familias quieren realmente lo mejor para nosotros? Y nuestros amigos, ¿son sinceros? ¿Se percibe realmente coherencia entre lo que decimos y hacemos? Necesitamos conocer bien nuestro yo interno, hasta dónde podemos llegar mintiendo… Reflexionemos. Cada uno encontrará la respuesta.

RELACIONISTA PÚBLICA Y COACH CERTIFICADA.