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22 de Oct de 2019

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Julio César Caicedo Mendieta

Columnistas

Convivencia entre sapos, culebras y otras especies

Se fueron todas... dejándome en un papelito una nota: ‘A lo mejor no volveremos'.

Vivir solo en la montaña a cierta edad y sin mucha experiencia por lo menos con el machete, es un poco peligroso y más si los cuentos son de mordidos de serpientes y de caballos, perros y gente muertos por las abejas africanas.

La primera reunión la tuve con los sapos, fui muy claro con ellos, que jamás les daría de patadas ni les mataría, sobre todo en las noches cuando llegaban a tragar mosquitos, hormigas culonas y cualquier insecto atraído por la luz del rancho. Eso sí, les advertí que no se cagaran en el piso. Fue en vano, pues incumplen todas las noches y madrugadas y hasta a los renacuajos se traen para el ‘corrinche'.

La otra reunión fue con un amasijo de serpientes muy populares desde piedras blancas, machuca, jujucal y marta, conocidas por su parecido como las ‘falsas corales'. Mi llamado a ellas fue porque no había mañana en que no las encontrara cerca del jardín de rosas que le tengo dedicado a santa Rita de Casia, tragándose a un borriguero o a un meracho.

La otra sesión fue con las ardillas, acá son una plaga... tanto que me gusta el nance ácido y estas rabudas se los comen verdes, dejando gajos en el llano, desperdiciando casi toda la cosecha. También arremeten con los mangos, pero como son grandes no se los pueden comer todos. Con las nueces de los cocos también hacen estragos, pero como me dejan suficientes para las cocadas, no hay problemas. Sin embargo, don Félix Ortega me ha regalado un biombo con una horqueta tan grande que asusta y lo estoy utilizando solo para asustar precisamente a las ardillas.

A las que nunca convoqué, fue a las abejas africanas y la mañana que llegaron hice todo lo que me dijo la esposa de Cheito Arrocha del Magé: ‘Don Caicedo, no les haga frente jamás, huya con su perro y en la noche vaya sin miedo y lo más cerca posible coloque dos cubos con fuego de estopas de coco y madera seca, ellas van a amanecer aturdidas por el humo y no van a atacar, pero no se acerque mucho, saque los cubos con una vara y les coloca más estopas de coco, pero con hojas secas o verdes de cualquier clase, ahora si tiene hojas de anamú mejor'. Al día siguiente insistían unas pocas abejas trastornadas, pero yo arreciaba más con la humareda. Se fueron todas... dejándome en un papelito una nota: ‘A lo mejor no volveremos'.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.

PARA MI AMIGO EL CARICATURISTA VIC RAMOS.