La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Guillermo Ríos Valdés

Columnistas

¿Constituyente originaria o paralela?

‘La Constituyente, cualquiera sea la modalidad, si bien es una opción, no es la única a la que debemos apelar, [...]'

‘La política es un fenómeno de fuerza. ¿Quiénes la hacen? Quienes la tienen. Por ello cualquier Constitución nueva en Panamá o en cualquier Estado del mundo, no la harán los que tengan la razón, o las mejores intenciones, sino los que tengan la fuerza para imponerla y para mantenerla', Dr. Carlos Bolívar Pedreschi.

Han vuelto a resurgir en el panorama nacional algunas voces que exigen como salida política a la crisis institucional, social y política que vive el país la necesidad de convocar una Asamblea Constituyente Originaria como ‘solución constitucional', que siente las bases de la refundación de un ‘Nuevo Estado Nacional', que salve y rescate la República y de paso nos provea de uno o varios ‘hombres virtuosos' que, como en su momento, al igual que Robespierre y los líderes de la Revolución francesa, reclamaron para sí la quimera parisina.

Poco diremos de la constituyente de 1904 que, tras un pacto político entre conservadores y liberales, zanjó las abismales diferencias que el conflicto armado de los mil días había causado e hizo posible con sus yerros y virtudes la nueva era republicana. Pese a ello y como toda obra imperfecta hecha por los hombres, las triquiñuelas politiqueras siempre estuvieron a la orden del día.

Las elecciones municipales de diciembre de 1904 se dieron en medio de múltiples denuncias de corrupción, compra de votos y forcejeos por la imposición de candidatos. En 1906 para la escogencia de diputados se da una situación similar con los muertos, heridos y apresados como saldo de las consabidas trampas e imposiciones electorales. La elección para presidente de la República de 1908 obligó al presidente Roosevelt a advertir a la sociedad política panameña que EE.UU. no permitiría sucesos como los de las elecciones de 1906 e intervendría amparado en el artículo 136 de la Carta Magna de 1904.

Ricardo Arias, el candidato del Partido Constitucional, solicita en mayo de 1908 la supervisión norteamericana y estos envían catorce supervisores, dos por cada provincia, el presidente Amador Guerrero, considerado el protector de la campaña de Arias, se queja de la supervisión norteamericana y Arias retira su candidatura, pese a esto la elección no estuvo exenta de irregularidades, listados electorales incompletos y atropellos de la Policía.

José Domingo De Obaldía corre como candidato único y alcanza la Presidencia de la República. En 1912, Pedro Díaz De Obaldía y Belisario Porras se disputan la elección y este último solicita la supervisión norteamericana, la campaña también estuvo teñida de sangre y represión, las viejas prácticas electoreras, cacicazgos, trampas y triquiñuelas electorales caracterizaron el evento.

En 1918, hubo necesidad de supervisión norteamericana y pese a ello las trampas electorales estuvieron a la orden del día. En 1920, surgen grupos como Acción Comunal, motivados por el interés de combatir las conductas negativas de la sociedad política de la República, lo que los llevará en enero de 1931 a derrocar al presidente Florencio Harmodio Arosemena. A excepción del torneo electoral de 1932, donde Francisco Arias Paredes reconoce gallardamente el triunfo electoral de Harmodio Arias Madrid, las elecciones de 1924, 1928 y 1936 estuvieron signadas por las mismas conductas censurables que se hicieron costumbre y, pese a nuevas disposiciones electorales, poco varió el comportamiento electoral panameño.

En la campaña electoral de 1940, el triunfo del Dr. Arias Madrid no escapó a los señalamientos de escamoteo electoral por parte de sus contendores, en particular el candidato Ricardo J. Alfaro. Pese a ello y en medio de turbulencias, el Dr. Arias impulsa una nueva Constitución a partir de 1941 y tras su derrocamiento, en octubre de ese mismo año, su ministro de Gobierno, Ricardo Adolfo De La Guardia, a través de maniobras políticas, impulsa una Nueva Asamblea Constituyente que proclama la Constitución de marzo de 1946, considerada, sobre todo por los enemigos del Dr. Arias Madrid, como la mejor Constitución panameña, pese a ello, es liquidada tras el golpe militar de octubre de 1968 y que se institucionaliza a partir de la promulgación de un nuevo texto constitucional en 1972.

La muerte de Torrijos en 1981 y los entuertos y lavativas políticas que su desaparición física generó, hicieron posible Reformas Constitucionales profundas, aprobadas tras Referéndum en abril de 1983, con el apoyo casi total de las principales fuerzas políticas del país.

Tras el periodo convulsivo de la narcodictadura norieguista que cancela la invasión norteamericana de diciembre de 1989, tímidos intentos de Reforma Constitucional se dieron en los años 2004-2005, tras el miedo de sus proponentes de que corrieran la misma suerte del rechazo de las reformas de 1992. Sin embargo, ninguno de estos ejercicios constitucionales ha cambiado el modo de hacer política en el istmo, por el contrario, quizás con un agravamiento de estas conductas ilícitas, se ha propiciado, a través de nuevas modalidades delictivas, que corporaciones económicas transnacionales (caso Odebrecht y otras), aliadas a grupos de comerciantes convertidos en ‘políticos', gracias a su poder económico, sometieran al país a una orgía de corrupción nunca antes vista.

El actual presidente de la República, Juan Carlos Varela, en medio de la campaña política, se comprometió a llevar adelante una elección para la escogencia de una Asamblea Constituyente Paralela, tal cual se consagra en el artículo 314 de la actual Carta Magna. Sin lugar a dudas, tal promesa se desvanece cada día, producto de un sinnúmero de circunstancias políticas que no favorecen al mandatario ni a su Gobierno, por lo tanto es poco probable que esa idea se cristalice y abona en este sentido que el presidente Varela, pese a su baja popularidad personal y gubernamental, convoca a una elección Constituyente con una quinta papeleta el 5 de mayo de 2019.

Sin embargo, no deja de preocuparnos el llamado que distintos sectores de la comunidad política hacen en favor del ‘asalto al Poder Político' vía Asamblea Constituyente Originaria, para los fines que se persiguen. Estos llamados pueden conducirnos a la creencia falsa de que el ejercicio constitucional ‘per se' puede ser la solución mágica de todos nuestros problemas, esto no es así. Ejemplos sobran:

¿Qué decir de la ‘Constituyente' del 72? ¿Qué hubo de la ‘Carta Democrática' de 1983, al decir de Humberto Ricord, César Quintero, Carlos B. Pedreschi y Mario Galindo? ¿Cambió el estilo de ‘hacer política' en Panamá? ¿Está la solución de la crisis política panameña en los enunciados programáticos del ‘buen Gobierno' que postula la mayoría de las Cartas Magnas latinoamericanas? ¿Reconstruiremos la Nueva Nación con la Constituyente Originaria o Paralela? ¿Detendremos con estas modalidades constitucionales esta ‘fábrica de inmoralidad, bastardía y canallismo', al decir de Diógenes De La Rosa, que ahoga todos los rincones e intersticios de la República? ¿Está la fiebre en la sábanas o en el cuerpo social panameño?

La Constituyente, cualquiera sea la modalidad, si bien es una opción, no es la única a la que debemos apelar, otras fórmulas electorales o políticas están a la mano, lo importante es que en este camino podamos organizar y concientizar a todos los ciudadanos. Entusiasmemos a los panameños a seguir construyendo una visión distinta y alejada del culto al dinero y a la corrupción politiquera, ese debe ser el camino.

ABOGADO Y PROFESOR UNIVERSITARIO.