La Estrella de Panamá
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22 de Oct de 2019

Demetrio Olaciregui Q.

Columnistas

China y la neutralidad del Canal

Tillerson desafío el creciente peso global de Pekín y buscó inclinar el pulso entre las dos potencias por el control geopolítico del planeta

Poco antes de que fuera despedido en forma fulminante como secretario de Estado, Rex Tillerson trató de frenar a China en América Latina y África. Pese a las profundas diferencias de forma y de fondo con el presidente Donald Trump, al que llamó ‘maldito imbécil', Tillerson metabolizó aspectos conceptuales del mandatario estadounidense y trató de resucitar la llamada Doctrina Monroe, trazada en 1823. Fue más allá. Incluyó a África en aquello de que el continente americano es para Estados Unidos y la aplicó a la contención global contra China.

Tillerson desafío el creciente peso global de Pekín y buscó inclinar el pulso entre las dos potencias por el control geopolítico del planeta. Lo dejó claro: China se está afianzando en América Latina, usando su poder económico para llevar la región a su órbita a un costo muy alto. Beneficios aparentes a corto plazo, pero dependencia a largo plazo.

Tillerson trasladó posteriormente a África la batalla de dominación. Acusó a China de fomentar la dependencia, utilizando contratos opacos, prácticas de préstamos depredadores y acuerdos corruptos que aprisionan las naciones africanas en deudas y socavan su soberanía, negándoles el crecimiento autosuficiente a largo plazo. ‘Cuando se combina con la presión política y fiscal, eso pone en peligro los recursos naturales de África y su estabilidad económica y política en forma prolongada', afirmó.

Aunque Tillerson es historia, sus definiciones forman parte de la postura oficial estadounidense sobre China. Si Tillerson era la cara amable de la administración Trump, su sucesor Mike Pompeo —uno de los nuevos halcones anidados en la Casa Blanca— no solo alimentará la animosidad contra Pekín, sino que la exacerbará hasta el infinito, con guerras comerciales y enfrentamientos estratégicos de por medio.

Los administradores del poder en Washington están determinados a contrarrestar la ascendente influencia de China y su invasión silenciosa en América Latina, África o donde asome sus pretensiones hegemónicas.

En ese contexto el presidente Juan Carlos Varela aceptó que China le impusiera para establecer relaciones diplomáticas el prerrequisito de romper todo contacto oficial con Taiwán. Lo insólito es que Panamá no pidió a cambio que Pekín se adhiriera al Tratado Concerniente a la Neutralidad Permanente del Canal. Varela debió exigir la adhesión china a ese protocolo abierto a todos los Gobiernos del mundo y que tiene como depositario a la Organización de Estados Americanos.

Pese a su condición de segundo usuario de Canal, China ha rehusado adherirse a dicho tratado que establece como compromiso que la vía interoceánica y el Istmo de Panamá no debe ser objeto de represalias en ningún conflicto bélico entre otras naciones del mundo. En adición, acuerda que las naves en tránsito se abstengan de cometer actos de hostilidad mientras estuvieran en el Canal.

Hipnotizado por el espejismo chino y como cabeza de playa del grupo económico que lo llevó a la cúspide del poder, Varela se lanzó a los brazos de Pekín, en lugar de visualizar las oportunidades que representa para Panamá proyectarse en el escenario multilateral y multidimensional global.

Por otro lado, las posturas de la administración Trump sobre China comienzan a sentirse en el país. Si bien hay empresas chinas, como CHEC y CCA, que tienen contratos con el Gobierno, por presiones estadounidenses, recientemente el Ministerio de Seguridad le retiró un contrato a CAMCE —con proyectos en Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, el llamado eje bolivariano— para la construcción de un edificio de dos plantas. Washington también maniobra para impedir que consorcios chinos se alcen con la ejecución del cuarto puente sobre el Canal.

El trazo original de la política exterior panameña, centrado en las relaciones con el Vaticano —uno de los pocos Estados que todavía reconoce a Taiwán—, ha ido variando para favorecer a China, mientras trata de satisfacer las demandas globales de Estados Unidos, lo que evidencia una falta de visión estratégica y de defensa de los genuinos intereses nacionales.

PERIODISTA