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18 de Oct de 2019

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Samuel Lewis Galindo

Columnistas

Derechos y justicia para todos

El regreso a Panamá del expresidente Ricardo Martinelli ha sido objeto de toda clase de especulaciones que aumentarán con el pasar de los días.

El regreso a Panamá del expresidente Ricardo Martinelli ha sido objeto de toda clase de especulaciones que aumentarán con el pasar de los días. Lo cierto es que su presencia tendrá un gran impacto en la vida nacional. Los adversarios políticos de Martinelli desde hace días, con el respaldo de algunos medios de comunicación poco objetivos, lo atacaron con ira y rencor. Por otro lado, sus amigos lo defendieron en todo momento con gran vehemencia. Yo, por mi parte, lucharé porque se respeten sus derechos, que todo indica que se violaron desde el momento de su arribo al país. No es mi costumbre en hacer ‘leña del árbol caído', contrario a unos pocos que no pueden ocultar su odio y deseos de venganza.

En una ocasión, muy reciente, me encontré casualmente con el presidente Varela, quien me manifestó, muy gentilmente, que leía siempre los artículos que publicaba. Traté en ese momento de hablarle de la nueva constitución, tema en el cual él ha insistido mucho, pero, lamentablemente, la ocasión no me pareció propicia, ni el tiempo, por ser muy breve. Así como he criticado varias de sus actuaciones como mandatario, al igual que las de la procuradora general de la Nación y las del contralor general de la República, al llevar a cabo sus investigaciones muy selectivas, siguiendo, como todo lo indica, directrices del presidente de la República.

Cuando el Sr. Juan Carlos Varela termine su período presidencial, no vacilaré en defenderlo con ahínco, si se llegaran a violar sus derechos y no se le den las garantías que la Ley señala. Para mí, la patria y sus leyes están por encima de todo y de todos. No tengo odio ni rencor y mucho menos revanchismo contra nadie.

Los actos de corrupción, lamentablemente, han penetrado nuestras instituciones, dan asco por la podredumbre en que han caído.

En relación con la constituyente, buena parte de nuestro pueblo, en especial los marginados, ven —de acuerdo con mis investigaciones— con total indiferencia los cambios constitucionales. Piensan, con cierta razón, que una nueva Carta Magna no les va a resolver los muchos problemas que tienen como el desempleo, la inseguridad, el alto costo de la vida, etc. Además, sostienen que la actual Constitución la violan a diario sin ningún recato y consecuencia alguna. Esas personas consultadas consideran que se le pueden hacer cambios muy puntuales a la Constitución Nacional: disminuir el poder que hoy día tiene el presidente de la República. Para ello deben tener un presupuesto propio la Asamblea y la Corte Suprema de Justicia. Les preocupa mucho que la Asamblea juzgue a los magistrados y estos a su vez a los diputados. No simpatizan con la reelección de diputados y representantes y favorecen la segunda vuelta electoral, entre otros cambios.

Existen muchas formas para hacer estas reformas muy puntuales que la propia Constitución señala cómo hacerlo.

El presidente Varela podría prestarle un gran servicio al país y al próximo mandatario, si, en lugar de preguntarles a las fuerzas vivas de la nación si quieren una nueva constitución, aprovecha la ocasión para conocer, de primera mano, las reformas puntuales que ellos recomiendan que se le hagan a la actual Carta Magna.

La pugna entre el presidente y la Asamblea Nacional, el campeonato mundial de fútbol, el inicio del período electoral, el regreso del expresidente Martinelli y la próxima Jornada Mundial de la Juventud, han logrado que dejen de ser preocupación nacional los actos de corrupción de Odebrecht, que en casi todos los países de Centro y Sur América, excluyendo, hasta ahora, a Panamá, han llevado a la justicia a muchos personajes. Todo esto parece ser una ‘cortina de humo'. Por casualidad de las fechas o por ser parte de una estrategia muy bien elaborada; el pueblo panameño, más temprano que tarde, logrará saber toda la verdad de estos bochornosos casos de corrupción.

Pensamientos: ‘Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga', Víctor Hugo. ‘Las personas débiles se vengan, las fuertes perdonan, las inteligentes ignoran', Albert Einstein.

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