La Estrella de Panamá
Panamá,25º

22 de Oct de 2019

Alberto Velásquez Morales

Columnistas

Tácticas dilatorias nefastas

Con una serie de tácticas dilatorias, nefastas, que no han terminado de plantearlas, intentan llevar el caso que más ha mancillado el nombre de Panamá

Gran parte de la comunidad en general está saturada de tantas mentiras y verdades que se están tejiendo alrededor de las audiencias al extraditado expresidente, detenido no como cualquier delincuente en la cárcel El Renacer.

Sus defensores, tanto de la extensa planilla de abogados, como los de oficio, han formulado toda clase de justificaciones inexactas, y propias de su imaginación, para hacer ver a un público expectante, que es un perseguido político, que es inocente de los múltiples cargos que lo acusan, y que merece un trato especial por encima de los miles de detenidos en las cárceles del país.

Con una serie de tácticas dilatorias, nefastas, que no han terminado de plantearlas, intentan llevar el caso que más ha mancillado el nombre de Panamá, por un término indefinido, demostrando que no les interesa el nombre del país, sino la voracidad de sacarle del bolsillo al acusado toda la cantidad de dinero que sea posible, mintiéndole y vendiéndole toda clase de esperanzas.

Mientras, la ciudadanía, con un comportamiento manso, no atina a reflexionar que cada vez que sale a la calle a pedir mejoras en el servicio del agua, o que le construyan un puente decente, como lo necesita el corregimiento de Las Trancas, esta necesidad es el resultado de un manejo indecente de la administración pública, que solo sirvió para hacer más millonarios a los ricos, y producir otros nuevos.

A pesar de que este expresidente fue extraditado con las manos esposadas, bajo el manto bondadoso de un tratado de especialidad, lo importante es no olvidar que sobre él pesa otra serie de acusaciones en ciernes, porque esquilmaron en miles de millones de balboas los fondos públicos y préstamos internacionales, de los bolsillos de los contribuyentes y que a la larga tendrán que pagar también frente a los compromisos adquiridos.

Esos dineros del pueblo panameño son precisamente los que han hecho falta para que, ya sea en forma efectiva o a medias, el Gobierno actual los hubiera utilizado para mejorar los servicios públicos de educación, salud y otros.

Por eso no se entiende cómo es posible, habiéndose ventilado y demostrado tanta corrupción, que no se escuche con mayor fervor la aplicación de justicia a tantos protagonistas perversos, que están siendo enjuiciados a paso de tortuga y que logran libertad bajo fianza.

Existe, en consecuencia, justificada desconfianza sobre el final de las audiencias contra el exprófugo. Unos cuantos no pueden ser los únicos que se pronuncien frente al latrocinio más vulgar y abusador que sufrieran los fondos del pueblo panameño en toda su historia. Otros tantos, financiados presumiblemente con estos mismos dineros, se atreven a marchar para defenderlo. Dan lástima, porque parecen ‘muertos de hambre'. No debemos decir ‘amanecerá y veremos'. Tomemos conciencia de hasta dónde el país pierde con el desarrollo de este drama.

PERIODISTA