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22 de Oct de 2019

Rafael Fernández Lara

Columnistas

El candidato perfecto para gobernar (II)

El buen gobernante ha de proyectar optimismo y energía positiva

Otra de las cualidades que el futuro gobernante debe poseer es contar con un buen equipo de colaboradores y asesores competentes para encarar y ejecutar sus órdenes e instrucciones, encaminadas a resolver los problemas comunes en una administración.

Durante la campaña electoral, casi siempre, escuchamos la misma cantaleta de todos los candidatos aspirantes a gobernar, mencionando superficialmente los rubros problemáticos por tratar en el país, pero no se menciona quiénes serán sus ayudantes en la tarea de gobernar ni las estrategias que aplicará su equipo para resolver los problemas con el conocimiento debido. Es primordial que desde el principio se cuente con un equipo económico, técnico, social y político en su futura administración, con un buen plan de Gobierno, dispuesto a sustentarlo y enfrentarse a las polémicas que surjan de sus actuaciones.

Reitero, necesitará acompañarse por personas capacitadas, con experiencia y familiarizadas con las distintas entidades del Gobierno donde serán nombradas y a quienes se delegará autoridad para coordinar un sentido de dirección en la solución de los problemas. Debería tener su propio estilo de mando, que esté siempre atento y observador de las capacidades y habilidades de cada uno de los integrantes y colaboradores de su equipo de Gobierno, ganándose así el respeto de sus subalternos, al ofrecer comprensión, pero al mismo tiempo actuando con dureza y perseverancia con los que ejercen por fuera de la Ley.

El buen gobernante ha de proyectar optimismo y energía positiva. El mandatario ideal es carismático, con un buen sentido del humor, pero siempre manteniendo en el electorado su imagen de seriedad. Debe ser culto y conocedor de temas generales e históricos, de actualidad y política, ser conciliador, que tenga el don de saber escuchar y expresarse con mucha claridad, propiedad y seguridad. Debe estar genuinamente comprometido con el fiel cumplimiento de sus promesas y conocer profundamente a su país.

El don de negociación es vital para un gobernante. Desafortunadamente muchos carecen de esta habilidad. Un gobernante que tenga la capacidad para negociar, sin duda tendría más éxito en su Gobierno que aquellos que no cuentan con esta aptitud. No se trata de imponer, sino de llegar a acuerdos viables mediante la destreza en la negociación y la conciliación, escuchando a los demás, aceptando sus errores, corrigiendo el curso trazado si es el caso, recurriendo a explicaciones serias y comprensibles, tratando de convencer y negociar al mismo tiempo con firmeza, cuando así se justifique.

No pocos se preguntarán sobre la edad conveniente de los que nos deben gobernar. Esto es relativo. Algunos los prefieren jóvenes, pero lastimosamente el compromiso de gobernar no es fácil, acarrea muchos sacrificios y conocimiento de la administración pública. Me parece que el adecuado sería aquel que está sobradamente preparado para la gestión de Gobierno, que tenga bagaje en posiciones de responsabilidad y experiencia para afrontar las dificultades que viven nuestros países, principalmente en cuanto a la actual situación económica y los excesivos casos de corrupción. Creo que la mejor edad para llegar al poder está entre los 50 y 60 años de edad, cuando la comprobada experiencia tiene un valor muy importante, cuando se tiene consciencia y sabe que las acciones que se tomen tienen consecuencias. Craso error con lamentable desenlace sería elegir a los gobernantes con caras simpáticas, con poco juicio y discernimiento, que actúan impulsivamente, que no alcanzan a comprender o aprender.

Un gobernante exitoso no puede sobresalir ante un electorado consciente y maduro a través de desplantes emocionales y de una limitada comprensión. Me parece que los electores acostumbrados ya a ver tantas falsedades, miran de reojo a aquellos candidatos que en campaña utilizan estos métodos. En estos tiempos ya otras cosas son más creíbles.

Los atributos descritos sobre el candidato perfecto sin duda causarán que se cuestione si alguna vez estaremos en presencia de tal personaje o si existe siquiera esa posibilidad. La respuesta es afirmativa. Todo es cuestión de que, al momento de emitir libremente su voto, el electorado reflexione sin complicaciones y medite seriamente sobre el gran compromiso que cada elector tiene, y tenga presente cuál de todos esos candidatos que aspiran a gobernar reúne estos atributos o esté lo más cercano a ellos.

JURISTA