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18 de Oct de 2019

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Orlando Acosta Patiño

Columnistas

Los bollos de Felipe y el Mercado de Abastos

Pasó Navidad y la fiesta de Año Nuevo. Pasó, con más embustes, el discurso del presidente ante la Asamblea Nacional. Por suerte el último. Cansado...

Pasó Navidad y la fiesta de Año Nuevo. Pasó, con más embustes, el discurso del presidente ante la Asamblea Nacional. Por suerte el último. Cansado de la rosca de huevo, decidí el último domingo del año, comerme un bollo de maíz nuevo. Fuera del supermercado, en el mismo platón de siempre, los mismos bollos. ‘Me da dos, por favor'. Felipe me entrega, bajo una mirada inquieta, los dos bollos tibios, aún calientes del hervor y del viaje desde el cercano barrio de Curundú, donde vive y produce los bollos, él y su familia. Presiente que son los últimos que venderá.

Los medios impresos anunciaron que la Gobernación de Panamá suspendió de manera inmediata la operación del Mercado Agrícola Central, conocido como Mercado de Abastos. El cierre se hizo efectivo, en enero de 2019. La decisión, según la Gobernación, la soportan informes de los Bomberos, Sinaproc y cuanta entidad de salubridad y seguridad que regula el tema. Sinaproc dice que la estructura puede colapsar. Me pregunto: ¿cuál estructura? Soy usuario o era usuario del Mercado de Abastos. No se discuten las condiciones del Mercado Agrícola Central. Son deplorables y no dignifica la noble actividad de quienes se dedican a suplir alimentos a los ciudadanos. No hay discusión que se requiere de otra calidad de instalaciones y servicios, pero no en la periferia de la ciudad, donde no hay acceso para la materia prima de emprendedores urbanos, y menos, lejos de los consumidores.

¿Dónde compra Felipe los capullos de maíz nuevo? ‘En Abastos', responde. ¿Cómo hará ahora para llegar a Merca Panamá? No me responde. Toda la economía y el medio de sustento de Felipe y de todos los fabricantes de bollos de maíz nuevo no tienen respuesta ante el ordenamiento del nuevo Merca Panamá. Las decisiones de la Gobernación y de la silente Alcaldía de Panamá no sustentan la lógica de esta relación entre productores y consumidores. Que quede claro que no estamos hablando de mayoristas, estamos hablando de quienes sustentan su economía a otra escala.

Un grupo de personas como Felipe —aún sin determinar— depende de la centralidad de la ciudad para ofertar sus productos. Los que venden bollos, los que compran y hierven pixbaes en las calles, también están en ciernes. La decisión del Gobierno central, aupada por el Gobierno Municipal, empuja a la pobreza a un grupo de panameños y panameñas ya empobrecidos por otras relaciones económicas, sociales y territoriales. Los mercados en las ciudades, como dije en otra entrega, dependen de las centralidades urbanas, no de decisiones administrativas. Se trata de inteligencia, no de caprichos. Se trata de reducir disparidades, no de acentuarlas.

Tú y yo, que nos gustan los bollos y los pixbaes, estaremos atrapados a comprarlos encarecidos —o simplemente verlos desaparecer de las calles— y quedar sujetos a los dueños de las empresas mayoristas de la producción agrícola, grupo de poder al cual parece favorecer la inversión del Estado en un Merca Panamá. Es posible que también se acabe con el consumo de un producto de interés cultural, asociado a nuestras raíces vernaculares. Se acabó el ingreso de Felipe y su gente y la pobreza será acentuada por las decisiones del Gobierno de la Gente para la Gente. ¿Cómo harán estos emprendedores para sustentar su actividad, cuando el acceso a la materia prima quedó excéntrico de sus mercados y de su lugar de producción? ¿Subirá el precio de los bollos y los pixbaes? Seguramente sí. ¿Tendremos los consumidores urbanos acceso a la producción agrícola ya encarecida en los supermercados? ¿Cuál será el destino de las campañas del Ministerio de Salud que invitan a los panameños a consumir frutas y verduras para combatir la diabetes y obesidad entre los niños y adultos?

Finalmente, ¿cuál será el acceso de la población de a pie a consumir la producción agrícola nacional a precios accesibles? ¿Dónde comprará la gente sus verduras, frutas y vegetales? ¿Cómo se conecta el Merca Panamá con la ruta de transporte y la red del Metro de Panamá? No hay ruta y no hay conexión, no habrá consumo, tampoco salud. Como respuesta espontánea y como la informalidad misma, auguro el surgimiento de mercados piratas y la aparición de otro intermediario entre mayorista y minorista, para que la población tenga acceso a la producción agrícola, ahora encarecida, por supuesto.

Aún no se analiza —por ejemplo— el efecto sobre el precio de los almuerzos en las fondas y restaurantes callejeros que ofrecen solución de comidas a los ya empobrecidos, enfermos y obesos funcionarios. Una vez más el Gobierno demuestra que las acciones que él mismo impulsa solo acercan a la gente a la pobreza, a la enfermedad y no precisamente a apoyar el triste y absurdo eslogan del Gobierno: #TodoEsPorti.

INGENIERO