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13 de Oct de 2019

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Líderes humildes y con vergüenza

No hay agua en Arraiján y en muchos otros lugares del país.

Líderes humildes y con vergüenza

Iniciado el año 2019, con todas las expectativas que traemos por los acontecimientos que viviremos en los primeros seis meses, los invito a reflexionar sobre el año que acaba de terminar en el marco de algunas definiciones sobre pobreza. Dice la Cepal que ‘La noción de pobreza expresa situaciones de carencia de recursos económicos o de condiciones de vida que la sociedad considera básicos de acuerdo con normas sociales de referencia que reflejan derechos sociales mínimos y objetivos públicos. Estas normas se expresan en términos tanto absolutos como relativos y son variables en el tiempo y los diferentes espacios nacionales'.

No hay agua en Arraiján y en muchos otros lugares del país. El servicio de transporte es ineficiente para la gente que depende del mismo para su subsistencia diaria. Miren lo que dice el Banco Mundial cuando se refiere a la pobreza como: ‘un fenómeno multidimensional que incluye incapacidad para satisfacer las necesidades básicas, falta de control sobre los recursos, falta de educación y desarrollo de destrezas, deficiente salud, desnutrición, falta de vivienda, acceso limitado al agua y a los servicios sanitarios, vulnerabilidad a los cambios bruscos, violencia y crimen, falta de libertad política y de expresión'.

Las autoridades, al hacer una evaluación sobre su desempeño durante el año 2018, no hacen referencia concreta a los desafíos más perversos que enfrentamos como sociedad, aunque estén a la vista de todos. Las definiciones del Banco Mundial y de la Cepal pudieran ser intuitivas. Es decir, no hay que ser un genio para entender lo subrayado por estas instituciones. En consecuencia, se debe actuar de alguna manera para corregirlo; desde el escritorio ejecutivo de los que ostentan el poder económico en todas las esferas, hasta el hombre o la mujer común de la calle que cada día más parece inmune ante las necesidades ajenas. Ya anteriormente me he referido a este tema y lo importante de mirar atrás sobre lo planteado es que ofrece la posibilidad de hacer un balance, con el objetivo de confirmar o negar las premisas sobre el futuro.

A pesar del cacareado crecimiento, los problemas sociales están insistentemente presentes. A las clases más necesitadas les asfixian dificultades que no parecen superables por múltiples razones; entre esas, su propia condición de rebaño a disposición de los poderes constituidos. Los subsidios y programas de asistencia son insostenibles a largo plazo, según algunos de los economistas y planificadores que estudian estos temas, pero los ‘beneficiados' se han ‘achantado' y no parecen aspiran a mejores oportunidades que les permitan ser creativos y productivos en el mejoramiento de su condición de vida.

Si pudiéramos aprender algo del año que acaba de culminar, es que las estructuras del Estado aún no gobiernan para todos. No hay condiciones en muchas esferas que hagan justicia a los más necesitados. Y las posibilidades de crecimiento y desarrollo no son iguales para todos. En materia de justicia, los resultados son evidentes. Y no hay una justa distribución de las riquezas que genera la Nación.

Anteriormente decía que el país merece un liderazgo que vea más allá de las elecciones, más allá de su partido, más allá de su círculo inmediato. Pero es más que liderazgo, es un cambio cultural. El país y la sociedad necesitan que los que pretenden liderarnos trabajen en la reconstrucción de nuestras psique, con una vergüenza profunda sobre las condiciones presentes y para trabajar por un verdadero cambio social.

Vergüenza para los que hacen mal uso de los recursos de la población; los que esconden sus faltas, los embusteros, los que mienten y pretenden desviar nuestra atención entre subterfugios y quimeras. En los partidos políticos, los que luchan por espacios, el individualismo y el clientelismo.

Debemos entender que el mundo y el mejoramiento de la condición social de los seres humanos es una lucha que no termina nunca. Es la lucha de los despreciados por gente que cree que una mejor condición humana depende de los vestidos, del carro, de la casa, del lugar en donde viven, de los clubes que frecuentas, del celular que tienes, de si estas o no en Facebook o Twitter. Nada de esas cosas son importantes, si no se tiene vergüenza de transitar a diario en un país en donde unos se burlan de los otros. Trabajemos para corregirlo con humildad.

COMUNICADOR SOCIAL.