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18 de Oct de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

El ‘Canal Zone' del recuerdo

El transcurso del tiempo significa que solo quienes hoy viven, y quienes entonces tenían conciencia del acontecer nacional

El ‘Canal Zone' del recuerdo

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la gesta patriótica del 9 de Enero de 1964, chispa histórica prendida por institutores humillados y vejados por la soberbia de aquellos estudiantes ‘zonians' respaldados por sus padres, por la policía zoneíta y por soldados en arreos de combate de un ejército extranjero que incumplió compromisos de su Gobierno con el nuestro. Esa gesta, parte de la lucha generacional que comenzó en 1903, fue el inicio del tramo final y definitivo del proceso que concluyó 13 años después con los tratados que nos posibilitaron asumir la administración y operación de nuestro Canal.

La fecha resulta siempre momento de reflexión para recordar la valentía de nuestra juventud de aquellos años y de la multitud que se enfrentó por varios días aciagos a las armas de guerra que pretendían acallarlas a lo largo de la entonces ‘avenida 4 de Julio' en la ciudad de Panamá y la del Frente y otras avenidas y calles en Colón. El recuerdo de Ascanio Arosemena, símbolo desde entonces de esa gesta, debe inspirarnos especialmente por haber ofrendado su propia vida por los ideales que defendió.

El transcurso del tiempo significa que solo quienes hoy viven, y quienes entonces tenían conciencia del acontecer nacional, pueden recordar lo que conocimos como ‘Canal Zone'. Algunos de esos ingratos recuerdos vividos, jamás podrán ser olvidados.

A simple vista se apreciaba un panorama idílico de vías públicas y de barriadas nítidas sin basuras ni desechos, jardines cuidados, parques con abundante vegetación y una vía hacia Arraiján con un frondoso bosque tropical cruzado por animalitos salvajes, sin vallas publicitarias que arruinaran el ambiente. Se ofrecía un transporte público cómodo con rutas fijas y excelentes colegios con enseñanzas en inglés para los privilegiados. Se trataba de un lugar que parecía lo más cercano a un paraíso terrenal en medio de la jungla tropical panameña. Impresionaba la ausencia de pobreza o de necesidades, sin indigentes ni mendigos pidiendo limosnas. Tampoco existía el desempleo, porque quienes residían allí eran empleados del Gobierno federal o de las fuerzas armadas.

Pero ni ellos ni nosotros éramos felices. Ellos constituían una casta privilegiada de un mundo artificial e irreal; quienes nacían, se criaban y crecían en ese entorno no lograban adaptarse a la vida y cultura del país de sus progenitores. No tenían lazos afectivos fuera de la ‘Zona', y una mayoría tampoco compartía ni socializaba con el panameño común. Se percibía la desigualdad al comparar la pobreza de El Chorrillo con la opulencia del frente, y se exacerbó cuando decidieron levantar una cerca de alambres a lo largo de la avenida ‘4 de Julio' desde el puente ‘Ferry Thatcher Bridge' hasta más allá de la Asamblea Nacional.

Era irritante la humillación a que estábamos sometidos a una jurisdicción extranjera en la ‘Zona'. Allí una infracción de tránsito o cosechar mangos —como relató Roberto Durán— eran castigados por policías extranjeros y sancionada en inglés bajo leyes norteamericanas. Ningún automóvil podía circular en territorio zoneíta sin estar registrado allá y sin portar una licencia ‘CZ' en la defensa delantera. La discriminación racial fue otro ejemplo de humillación con salarios ‘Gold Roll' para blancos anglosajones y salarios ‘Silver Roll' para negros, indígenas y panameños.

Esa arrogancia y cultura de discriminación inculcada en los estudiantes del sistema escolar fue la causa inmediata que encendió la llama esa trágica noche del 9 de Enero. A residentes y fuerza policial prepotente, apoyada por militares extranjeros en arreos de combate, se enfrentaron nuestros estudiantes portando la sagrada bandera nacional. ¿Qué hemos hecho los panameños por nuestra patria desde entonces?

EXDIPUTADA