La Estrella de Panamá
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17 de Oct de 2019

Juvy Cano

Columnistas

‘Los mártires no se lloran; se imitan en el combate'

Hoy hablo de esa pléyade de jóvenes, profetas de nuestra época, hablo de que quienes entraron en la historia de América Latina intervenida por el yugo imperialista

¡55 años del tropel de jóvenes cobijados por el desconsuelo que desata el ultraje a la DIGNIDAD NACIONAL; convirtiéndose en banderas que dejan de pertenecerse a sí mismas, a sus familias y se transforman en la semilla perenne de la nacionalidad panameña, sí de toda esa sangre generosa, de esa sangre rebelde, de esa sangre heroica, donde se mezcló el afán de libertad y soberanía de todos esos jóvenes que fueron parte de esa lucha nacionalista, y que con su sangre se fue haciendo la historia de la patria! Estos hombres son los profetas de nuestra época, agitan y dibujan en el porvenir las metas por las cuales deben luchar los hombres honrados.

Hoy hablo de esa pléyade de jóvenes, profetas de nuestra época, hablo de que quienes entraron en la historia de América Latina intervenida por el yugo imperialista, para incorporarse a la gloriosa falange de héroes que emergen de los tiempos y que vive en la memoria de los pueblo; se trata de aquellos que empuñaron la dos únicas armas de la liberación, la enseña patria y la razón; que azotaron con su palabra justiciera a los opresores; y que organizaron la rebeldía de la dignidad.

Evoco la presencia altiva, fulgurante y apasionada de esas 21 almas, de los que sentirnos orgullosos, ya que somos un pueblo capaz de gestar héroes, de procrear hombres y mujeres que nos hacen mirar a nuestros enemigos con la frente en alto, sin la humillación de los cobardes y los débiles; nuestros héroes y mártires son los hijos del pueblo, que con valentía derrocharon coraje que causa admiración en el mundo; pues una cosa es morir por enfermedad y otra dar ‘la vida por su patria'; consciente para luchar más allá del insoportable y con los fantasmas del inconsciente; esos mismos fantasmas que nos castigan o nos premian, esos fantasmas que nos guían por senderos extraviados en la oportunidad de ser fuertes y grandes, o caer en los brazos de la muerte pensando en los hijos de la vida que ni siquiera nacieron y tendrán por extensa misión venir a suplir el lugar de esa juventud patriota, ¡mártires de mi patria!; perdidos entre una ligera llamarada de bayonetas, fusiles y balas, que contando los años, como fugases pertenencias mundanas, han olvidado el valor de hombres como ellos, que hoy yacen prácticamente olvidados para sus congéneres, porque el tiempo se diluye buscando historias recientes; pero la muerte, en el caso de nuestros mártires no ha sido temida; pero sí, indiscutiblemente sufrida, por lo que sabemos tuvo que soportar esta pléyade de jóvenes revolucionarios, que con sus sollozos, llantos e inalcanzables sacrificios, solo nos ha enseñado en su largo caminar por los senderos de la muerte.

Hoy, nos inclinamos respetuosos ante nuestros héroes y mártires; ellos confían en nosotros, saben que no transaremos su sangre ni negociaremos su sacrificio ni la dejaremos a la deriva, de quienes crean que avanza sola, porque hombres y mujeres como nuestros mártires dieron su vida para que hoy seamos PATRIA SOBERANA; sin mártires que transmitan la energía de aquellos que escribieron esta epopeya que ninguna otra generación puede sentir o descifrar como lo hacemos nosotros, porque, al fin y al cabo, son ellos los únicos que se fueron cumpliendo cabalmente nuestro ilustre lema ‘UN SOLO TERRITORIO, UNA SOLA BANDERA'.

GENERACIÓN 1995, EX DIRIGENTE ESTUDIANTIL, AFIN.