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15 de Oct de 2019

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

Se impone una tregua papal

En el trasfondo de los ataques a la visita papal esta el Gobierno; su fatal desempeño en muchas áreas hoy en conflicto y sin vías de solución

Se impone una tregua papal

El país se agita con cualquier cosa: suena una lata y todos saltan. Con ocasión de la visita en los próximos días del Sumo Pontífice Francisco para la JMJ, se ha desatado una increíble negatividad hacia la Iglesia católica. De ambos lados: los locales criticando lo excesivo del costo de las actividades alrededor de este evento mundial; los extranjeros, particularmente algunos venezolanos, por aquello de que el papa los ha abandonado en sus luchas contra Maduro. A Francisco hasta lo tildan de comunista. Unos pocos buscan teñir la importante reunión mundial con un laicismo que antes no veíamos, pero estridente por la bulla que hace.

En el trasfondo de los ataques a la visita papal esta el Gobierno; su fatal desempeño en muchas áreas hoy en conflicto y sin vías de solución, como las falsas promesas al sector productivo, las expectativas que unos irresponsables fomentaron en los jubilados y su falsa e hipócrita lucha contra la corrupción. Inclusive, algunos piensan que el momento para aumentar la ola de protestas es ahora, en los días en que el papa se encuentre en Panamá. Un absurdo.

Por más que algunos pensemos que el Gobierno de Juan Carlos Varela está tratando de aprovecharse políticamente de la visita y ha estado demasiado presente en la organización de tanto detalle, el peregrinaje de tantos jóvenes hacia Panamá debe estar por encima de cualquier mezquino propósito que puedan albergar los gobernantes de turno. Son los jóvenes los protagonistas de lo que ocurrirá en Panamá; es a ellos, olvidados de muchas sociedades, los que debemos mirar y escuchar para saber qué es lo que aspiran en sus vidas. La JMJ es eso; una voz de alarma y preocupación al mundo que no está dándole las herramientas correctas a los jóvenes para su desarrollo integral. A los Gobiernos del orbe, muchas veces insensibles, para que presten atención a las aspiraciones de la juventud. Además, el intercambio juvenil que se dará en el país proveerá a los jóvenes de las herramientas para que entiendan mejor lo que es la solidaridad humana y aprendan a relacionarse en una forma más profunda entre sí. Es sabido que como evento juvenil está abierto a todos los jóvenes, indistintamente la religión que profesen, algo verdaderamente positivo.

Tenemos un papa muy particular y distinto. El primero que habla nuestro idioma, porque, como argentino, es de los nuestros. Un papa sencillo y campechano, que rechaza la pompa y el excesivo protocolo que antes rodeaba todos los aspectos tradicionales de quienes ascendían al Trono de San Pedro, quizás una de las razones para que algunos no gusten de él. Es esa particular forma de ser, expresada en su espiritualidad, lo que el papa quiere llevar a esa juventud, tan plagada de malas influencias y tan huérfana de ese mensaje que recibirá por tantos días en Panamá.

Panamá tendrá la oportunidad de tener en su tierra a un papa que, como representante terrenal de Dios para los católicos, se ha convertido en inspiración de creyentes y no creyentes. No desaprovechemos esa oportunidad. Esta en el medio nuestro prestigio nacional, no el de unos gobernantes que en pocos meses se irán para siempre. La visita del papa, por el contrario, perdurará para toda la vida de jóvenes panameños y del mundo entero.

Aprovechar la visita del papa para encender las protestas es un error. No se puede confundir esa magna Asamblea Juvenil como un ataque al Gobierno. El castigo al señor Varela, para los que se lo quieran dar, tendrán mayo para hacerlo. Es por eso que se impone una tregua, porque es el nombre de Panamá el que estará en la mira de todos los periodistas y visitantes y de todos aquellos en el mundo que sigan esta peregrinación minuta a minuto.

Como representante de Dios en la tierra ha sabido respetar a los que discrepan de la Iglesia que representa. Seamos respetuosos de esta visita que, más que un aplauso para un Gobierno que está de salida, es el reconocimiento del fervor cristiano de un pueblo como el de Panamá y el de una juventud que, como nunca antes había hecho, se ha echado a los hombros un evento lleno de espiritualidad y recogimiento.

ABOGADO, POLÍTICO, DIPLOMÁTICO Y, SOBRE TODO, CATÓLICO.