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15 de Oct de 2019

Ricardo D. Salcedo Suárez

Columnistas

Misterios del asesinato de Remón (I)

‘Después de más de medio siglo no se ha determinado quiénes fueron los asesinos materiales e intelectuales ni cuál fue el móvil'

El 2 de enero de 1955 murió, como a las 7:30 p. m., abaleado con ráfagas de ametralladora el presidente de la República, José Antonio Remón, en el Jockey Club del antiguo hipódromo de Juan Franco, ubicado en un área de la actual urbanización Obarrio, en la capital de Panamá.

Después de más de medio siglo no se ha determinado quiénes fueron los asesinos materiales e intelectuales ni cuál fue el móvil.

Con ese crimen se inauguró la temporada de asesinatos políticos que nunca antes se había visto en Panamá en la era republicana, con excepción del de un confuso incidente de muerte violenta que se suscitó un quinquenio antes en una escalera interna del Palacio Presidencial del país entre el presidente Arnulfo Arias y oficiales de la Guardia Presidencial: mayor Lezcano Gómez y subteniente Flórez, en el que estos resultaron muertos de bala. Poco después del suceso, Remón y Arnulfo Arias protagonizaron, el 10 de mayo de 1951, un enfrentamiento armado sangriento, con los seguidores de Arias parapetados en el Palacio Presidencial, enfrentando a la Guardia Nacional —policía militarizada— que bajo Remón los atacó para desalojarlos. Aunque hubo muertos, fue el resultado de una batalla por motivos políticos, pero no un asesinato.

En cambio, durante la dictadura militar de 21 años instaurada con presidentes civiles impuestos y no elegidos democráticamente desde 1969, después del paso de una Junta Militar proveniente de un nuevo derrocamiento de Arias en 1968, los de la Policía, parcialmente militarizada por Remón y transformada luego en otro ente, cometieron un par de cientos de asesinatos para mantenerse en el poder y llegar a militarizarse aún más, a través de la estructura de una Fuerza de Defensa, en la última etapa de la satrapía. Muchos de estos crímenes ni siquiera han sido investigados y otros fueron disfrazados como accidentes.

Después de destruida esa dictadura, los demócratas de Panamá, al ejemplo de Costa Rica, prohibieron legalmente el ejército en el país, aunque tal cuerpo no se llamase así, pero tuviera esas funciones a través de una policía militarizada. Con la medida se buscó reducir o descartar la facilidad que da el poder de las armas para que oficiales de una institución militar jueguen a las intrigas y a la política con el riesgo de devenir en dictaduras. Al respecto, como muestra de la posible participación de miembros del cuerpo armado en al menos el conocimiento de las intrigas políticas —y como parte de la creciente injerencia que asumían en aquel entonces en juegos de poder en los Gobiernos de muchos países del mundo—, en las investigaciones del asesinato de Remón consta que el diputado Moisés Torrijos y el entonces sacerdote Carlos Pérez Herrera —hermano y primo hermano del militar Omar Torrijos Herrera— habían informado que se fraguaba un atentado contra Remón días antes de su ejecución. ¿Es que acaso lo supieron porque el pariente militar les contó del complot? Y, más desconcertante aún, ¿por qué las autoridades no investigaron esa pista para impedir el magnicidio y, después de realizado, para esclarecerlo? ¿Qué poderoso tan grande manipulaba la trama? ¿Para quién representaba Remón una amenaza tan peligrosa, y por qué motivos?

Por el profesionalismo aplicado en el atentado debe descartarse que el móvil fuese la consecuencia de un arrebato pasional personal, o la venganza de enemigos domésticos, o parte de una conjura para un golpe de Estado, ejecutado por adversarios políticos o por traidores dentro del propio Gobierno para cogerse el poder. La contratación de sicarios ejecutores, con su personal de apoyo y con posibles complicidades dentro del círculo de altas autoridades, apunta a que, por la categoría del blanco, el móvil provino de una decisión internacional tomada y organizada por operadores de alto vuelo. ¿Quiénes podían ser estos?

En la época se rumoró que uno pudo ser la mafia estadounidense —que se encontraba muy activa en el Caribe, estableciendo las rutas y servidumbres para el tráfico de drogas—, quien determinó que había que eliminar a Remón: o porque era un obstáculo, o porque los había traicionado. En ninguno de ambos casos su complot contemplaría reemplazarlo por un político afín a sus intereses, solo eliminarlo. En novelas y en películas cinematográficas se ha documentado que en esa época esa mafia participaba en Cuba —cual una transnacional norteamericana más— como inversora en hoteles y salas de juego, después de haber colaborado en una década anterior al asesinato de Remón con el Gobierno de EUA en el desembarco en Sicilia, Italia, durante la Segunda Guerra Mundial, coordinando la cooperación con sus pares italianos.

También, posteriormente al triunfo de la Revolución cubana el 1 de enero de 1959, colaboró con la CIA de EUA en atentados contra la vida de Fidel Castro —dictador ya declarado comunista y violento— desde un lustro después de la muerte de Remón en adelante. Además, siempre se la ha mencionado como integrante de la conjura para los asesinatos del presidente Kennedy y de su chivo expiatorio y presunto único asesino Lee H. Oswald, casi una década después de transcurrido el de Remón. El asesinato de este se ubicaría en la mitad del período de casi veinte años comprendido entre lo de Sicilia y lo de Kennedy en 1963.

INGENIERO CIVIL.