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18 de Oct de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

Días de amores reciprocados y de júbilos compartidos

Desde sus primeras intervenciones Francisco, en lenguaje claro y llano dirigido especialmente a los jóvenes

Días de amores reciprocados y de júbilos compartidos

El amor que perfumó el ambiente panameño durante los últimos días y la felicidad que compartimos no ha tenido, en nuestra experiencia personal, algo parecido en nuestra historia. El papa Francisco mostró su amor por nosotros, y nosotros nos emocionamos ante su presencia; los peregrinos nos trajeron su amor, y los panameños les correspondimos con generosidad; Jesucristo y su Santa Madre nos bendijeron con un amor real y concreto, y nosotros renovamos nuestra fidelidad a ambos. Con ese entusiasta desborde de nuestros mejores sentimientos y del fervor religioso que brotó desde lo más profundo de nuestros corazones, en todos los rincones del país los panameños vivimos momentos de incontenible emoción. Además, con legítimo orgullo demostramos ser dignos anfitriones, engrandeciendo así la imagen de nuestra patria para hacer olvidar desagradables episodios pasados. Hasta el clima resultó favorable y con justicia Francisco ponderó el eficiente desarrollo de la JMJ2019, reconociéndolo en las figuras del presidente y del arzobispo de Panamá.

Desde sus primeras intervenciones Francisco, en lenguaje claro y llano dirigido especialmente a los jóvenes, los instó a activarse en el mundo para promover el bienestar espiritual y material de los más necesitados. De singular importancia nos resultaron los temas resaltados en la Vía de la Cruz: aparte de su tradicional significado religioso, ese momento fue un ferviente poema de denuncia por los abusos y falencias que causan sufrimientos en el mundo. En su esencia es una definida agenda de trabajo ante críticas de pasividad o indiferencia hechas a la Iglesia católica.

Los temas tratados en las 14 estaciones de sufrimientos del viacrucis de Jesús resumen aspectos significativos que el maligno pretende usar o escondernos para robarnos nuestra alegría natural. Son clara identificación de las cuestiones que centran la atención de nuestra Iglesia católica en el mundo de hoy: los pobres, los jóvenes, los mártires, la realidad de indígenas, la ecología, refugiados y migrantes, las víctimas de desastres naturales, violencia contra la mujer, el papel de las madres, derechos humanos, la corrupción, terrorismo, asesinatos, abortos, el ecumenismo. He ahí los temas que preocupan al papa que, como el líder espiritual que fue Jesús, no comanda ejércitos terrenales que se impongan por el imperio de las armas, sino por el poder del discernimiento y la fuerza de su espiritualidad.

Por tanto, invito a sacerdotes y a laicos formadores de opinión a que, desde sus púlpitos y medios, difundan cabalmente las reflexiones dejadas por Francisco. Exhortó a obispos y a gobernantes a escuchar a sus sacerdotes y a sus gobernados, para atender debidamente las necesidades de pobres y desprotegidos. Una real vocación religiosa y el amor fraternal exige, a curas y laicos, a involucrarse, a dejar de ‘balconear', especialmente los jóvenes, a quienes invita a trabajar para construir un mundo mejor. También nos aconseja: ‘No pelee con la gente… disfrute, viaje, goce de sus paseos… dese los gustos que merece… tenga a los perros más cerca… ame más… perdone más… abrace más…. viva más intensamente y deje el resto en las manos de Dios'.

¿Qué efecto duradero tendrá esta experiencia de transformación? Dependerá de nuestra real disposición para hacer lío. El papa se ha ido, pero no nos ha dejado: retomamos jubilosos nuestro camino en una nueva dimensión del amor y la solidaridad humana. Aunque nunca faltan detractores para fomentar la discordia entre panameños con argumentos baladíes, nos quedan las palabras de Francisco en su última misa en Panamá: ‘La alegría del Señor sea nuestra fuerza, pueden ir en paz'. Que así sea, pese a voces agoreras: ¡alegría y paz para todos en Panamá!

EXDIPUTADA