La Estrella de Panamá
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22 de Oct de 2019

Víctor Paz

Columnistas

¿Independientes?

La imagen de aquel ‘cambio' propuso a una persona con tanta solvencia económica y mediano manejo político

Este canibalismo electorero que ha surgido de la carrera por la candidatura independiente, los deja muy mal vistos, y sustenta mi tesis de que son más de lo mismo. Si entre ellos no han podido pactar o concertar una solución decente para el país, salvo destapar el tradicional patio limoso, varios de ellos (con muertos, niños y hasta extranjeros) ¿Qué otra cosa podrían hacer por Panamá? Aún así, olvidemos por un momento el arrebato electoral y apliquemos la lógica simple. El fenómeno del ‘amigo independiente' no es de ahora, Panamá ya llevó a la Presidencia a uno. ¿Por qué será que los panameños tenemos tan mala memoria? El hastío hacia la política partidaria viene del siglo pasado, de cuando surgió ‘Papa Egoró', y se escuchaban voces de revolcones políticos, etc. Sin embargo, apenas hace una década Panamá llevó a un independiente a la Presidencia.

La imagen de aquel ‘cambio' propuso a una persona con tanta solvencia económica y mediano manejo político, que fue capaz de llegar a la Presidencia utilizando un esquema partidario, pero paralelamente independiente y autónomo. Sí, una transgresión al orden primario preestablecido, que abrió toda una coyuntura inédita en la política e historia panameña. Recuerdo que el pueblo se enamoró de sus actitudes de autodeterminación, liderazgo y energía. Sin embargo, no pudo gobernar solo y tuvo que aliarse a los famosos tránsfugas. Ningún independiente, en cualquiera de sus formas puede gobernar solo. Requiere, cuando menos, pactar con el sistema, pero ya todos sabemos que el sistema está corrupto... En consecuencia, quizás en menos de un año de Gobierno volveríamos a tener más de lo mismo, o peor. Por otro lado, votar por un independiente solo para contrariar a los partidos políticos es un voto emotivo, igual o peor al de siempre.

A Singapur, un país más pequeño que Panamá y con cinco millones de habitantes, le tomó casi sesenta años pasar del país más pobre a uno de los más ricos del mundo. Los panameños hemos vivido veinte años en dictadura y casi treinta en democracia (medio siglo) sin poder generar políticos que pongan al país en vías de desarrollo. Eso habla muy mal de lo que estamos haciendo como nación. Y para rematar, ahora nuestra sociedad entra en un marasmo de negación político-social, proyectando su propia insuficiencia sobre la figura de un rey mago, príncipe azul, o mesías ‘independiente'. La verdad es que para que un independiente rescate este país tendría que destruir su institucionalidad, es decir, el sistema sobre el cual funcionamos políticamente. Algunos hablan de ‘constituyente', pero Panamá no posee la madurez social ni política suficiente para evitar que de esa constituyente surja la legalización de una dictadura. Caso tal, tendríamos que empezar a rezar para que el dictador no nos salga bruto ni vicioso ni paternalista ni muy asesino, etc.

Yo creo que el panameño no quiere ver el camino arduo que debe recorrer antes de aspirar a que sus políticos (partidarios o no) cambien de mentalidad. Más que proponernos una fórmula mágica de reinventar la rueda de la corrupción, esta vez girándola hacia el otro lado, estos independientes deberían presentar de manera más real y menos ‘ideológica' su interés por Panamá.

Tal vez, por estas elecciones, y un par más, olvidarse de la silla e invertir esos fondos en crear instituciones de reformación y superación personal-cívica y académica para niños y jóvenes a nivel nacional. Apostando a rescatar las mentes de alguna generación de panameños que puedan concebirse a sí mismos como ciudadanos de un país al que aman. Porque, si de verdad quisieran ayudar efectivamente a Panamá, deberían empezar por entender que el futuro de Panamá no está en las urnas, sino en los salones de clase.

INGENIERO EN SISTEMAS.