La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Víctor Connor

Columnistas

Inversión con rentabilidad social

La proyección y el trabajo de largo plazo, son dos pilares fundamentales para el desarrollo.

Para comprender mejor el tema, definamos primero lo que es un proyecto. Un proyecto no es más que un esfuerzo temporal que mediante el planteamiento de ideas busca lograr un resultado, generar un producto o brindar una solución única a un problema o necesidad. En este sentido, las obras de infraestructura que forman parte de las tareas de la administración central y de las autoridades locales en otros casos, más que nacer al calor de una situación o necesidad específica, deben ser al mismo tiempo la oportunidad para mitigar la aparición de futuras necesidades, garantizando un plan de desarrollo ordenado que permita proyecciones de crecimiento tangibles.

La inversión del Estado en obras de infraestructura, ya sea de mayor o menor envergadura, debe ir enmarcada en un sentido social y un plan de desarrollo ordenado que permita que dicha inversión siga un trazado programático que genere valor agregado a las obras ejecutadas revalorizando social y económicamente las comunidades y el país en general.

No resulta rentable para el Estado ni para los ciudadanos, como generadores de renta, la apuesta por obras de infraestructura que no estén debidamente evaluadas a fin de obtener de ellas la mayor rentabilidad social. Las obras de infraestructura, en general, están llamadas a resolver los problemas actuales de la sociedad efectivamente; sin embargo, al mismo tiempo estas deben ser planificadas y evaluadas responsablemente por profesionales idóneos, de manera tal que su efecto brinde una solución sostenible, sin necesidad de incurrir, a mediano plazo, en otras obras que terminen de darles sentido.

La proyección y el trabajo de largo plazo, son dos pilares fundamentales para el desarrollo. A pesar de que Panamá, como país de América Latina, se encuentra en una posición aceptable, destaca la deficiencia en los pilares mencionados previamente. En general, los países de América Latina adolecen de planificación, indicando algunos estudios que no se dedica la atención necesaria ni se asignan recursos para la preinversión (consultoría, estudios de factibilidad y de impacto ambiental).

En este sentido, podemos concluir que los proyectos que se desarrollen a corto, mediano y largo plazo más allá de formar parte de un plan quinquenal, deben ser parte de plan de desarrollo integral que sea perceptible en las comunidades, generando un sentimiento de valor agregado a los ciudadanos e integrando una red de inversión que le brinde sentido a los proyectos A, B y C para devenir a futuro en un gran proyecto integrado.

ABOGADO, CONSULTOR DE PROYECTOS.