La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Juan Carlos Rivera Mendieta

Columnistas

Electorado: ilusiones ilusoriamente ilusas...

El filósofo griego Platón, entre sus múltiples y sabias alegorías, habló del mito de la caverna

El filósofo griego Platón, entre sus múltiples y sabias alegorías, habló del mito de la caverna, al referirse a unos prisioneros que viven encadenados en una cueva oscura, sin poder ver el origen de sus cadenas y cuya única percepción de la ‘realidad' les llega mediante un engañoso juego de sombras que algunos malintencionados les proyectan, valiéndose de una hoguera en el extremo opuesto de la cueva. Una fiel recreación de este patético escenario es la actitud del panameño promedio frente al ciclo electorero de cinco años que comprende desde la elección de sus nuevos verdugos hasta su reemplazo por otros también verdugos con diferentes nombres, pero con los mismos apellidos.

Todo comienza cuando el 91 % de nuestros ciudadanos habilitados para votar se apersonan cándidamente a las urnas para apoyar la política de destrucción del Estado ejecutada por el oficialismo en los últimos cinco años, salvaguardar su actual o asegurarse una futura usualmente inmeritoria e inoperante posición ‘laboral' en el sector público, castigar al Gobierno de turno por no llenar sus expectativas como si esto fuese una prioridad para este, depositar sus esperanzas en la alternativa que curiosamente siempre está relacionada por consanguinidad o afinidad con el Gobierno saliente, o sencillamente ejercer inércicamente su derecho ciudadano para que luego este sea constantemente violado.

Posteriormente, sobreviene la luna de miel, en donde nos reiteran la demagogia con la que nos hipnotizaron durante la campaña. Sin embargo, esta fase nunca dura más de seis meses, pues el despertar no se hace esperar. Una extraña lucidez nos hace confrontar lo prometido en campaña con los hechos ineludibles hasta para nuestra incipiente perspicacia, y así comienza el desencanto. A esto le sigue un odio visceral que nos acompañará los próximos tres años, como si no hubiésemos tenido nada que ver con lo que está sucediendo. Solemos contar los años, meses, semanas y días que le restan al despreciable Gobierno, sin ponernos a pensar que estábamos haciendo exactamente lo mismo hace apenas unos meses antes de quedar nuevamente imbuidos por la euforia politiquera que nos borró la memoria y la consciencia por completo.

Finalmente, llega la campaña electorera, y la élite feudal criolla (EFC) se reúne nuevamente en su Cuartel General y acuerda cómo volver a mover sus hilos de sugestión y poder dentro de absolutamente todos los partidos que hasta ahora nos han pastoreado. En medio de este circo de títeres, no faltan confrontaciones mediáticas tipo WWE entre los emisarios de la EFC, las cuales muchas veces engendran verdaderos conflictos en un pueblo ingenuo, mitóvoro, masoquista y suicida que aún no entiende que un jamón de dudosa procedencia cuesta mucho menos que cinco años más de opresión socioeconómica. Es en esta fase donde los politiqueros hacen gala de toda su mitomanía cautivadora de masas.

Mientras tanto, Panamá, ese país al que decimos prodigarle tanto amor, sobre todo durante la parafernalia novembrina de cada año, se desangra, producto de las nefastas políticas que implementan nuestros democrática y estúpidamente electos Gobiernos, e igualmente de nuestra calamitosa y sanguijuélica actitud ciudadana. Sí, es bajeza el buscar chivos expiatorios en los Gobiernos que no hacen más que reflejar los vicios de una sociedad, o a acaso sUciedad, que todos hemos ayudado a crear, ya sea a través de nuestras malas acciones o buenas inacciones.

Y así pasa el tiempo, enemigo inmisericorde de todo ser viviente, y se lleva consigo las fugaces oportunidades de desarrollo que en nada se parecen a la falsa sensación de bienestar en la que vivimos, buscando siempre consuelo y resignación en los que están peor que nosotros, mas no ejemplo e inspiración en los que están mejor. Lo cierto es que, como dice el Buki Mayor, ‘nada es por siempre'.

Panamá no es inagotable ni mucho menos indestructible, a pesar de la fantasía con la que solemos doparnos. Para los aún escépticos, consulten con los chamos cómo su país cayó en desgracia. Por si no lo sabían, Venezuela es un país mucho más rico que el nuestro; sin embargo, esto no fue suficiente para salvarlos de una situación muy parecida a la que se está incubando aquí. Mucho más pronto de lo que creemos o ignoramos, a Mr. Saik le sobrará inspiración local para componer ‘Pana, la panameña que hace carimañolas', gracias a la desestimada venezuelización que estamos sufriendo.

Lamentablemente, repetir el éxodo hacia Venezuela, como lo hicimos a finales de los 80, no es una opción, pues, quien alguna vez nos sirvió de anfitrión, hoy es nuestro huésped. Tampoco lo es el seguir los pasos de los hondureños, ya que EUA no tiene ni el deseo ni la obligación de acoger a los expulsados de países, cuya población no asume la responsabilidad por su propio destino. Paradójicamente, cual ratas ante el inminente hundimiento de un barco, las mentes maestras de todo este drama serán los primeros en tomar sus maletas e irse a refugiar en las mansiones que han adquirido en el extranjero gracias al ‘sudor de su frente' o a nuestra inexplicable escasez de suspicacia. Allá se comportarán como ciudadanos ejemplares y hablarán elocuentemente de democracia y derechos humanos.

Por ende, tenemos dos opciones: seguir haciendo lo mismo una y otra vez a la espera de un resultado diferente, algo que en el mundo anglosajón es considerado desquicio, o cambiar de ruta, lo cual implica el despojarnos de nuestra deplorable consciencia. A estas alturas, todos aquí deberíamos estar conscientes de dónde estamos, hacia dónde vamos y por qué... mejor dicho, por quiénes.

¡No a la reelección de politiqueros de ayer y hoy!

COORDINADOR — CENTRO ESPECIALIZADO EN LENGUAS.