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18 de Oct de 2019

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Franklin Castrellón

Columnistas

Colapso institucional: rol de los partidos políticos

‘[...] si el electorado quiere restablecer la institucionalidad y fortalecer la lucha contra la corrupción, el camino para ello no será el de apoyar a los partidos políticos'

Bajo el Gobierno de Ricardo Martinelli la institucionalidad democrática retrocedió a niveles solo alcanzados durante la dictadura, la corrupción alcanzó un nivel sin precedente, y la administración de justicia estuvo al servicio del Ejecutivo. El advenimiento al poder de Juan C. Varela devolvió la esperanza de que resolvería esos males, pero al término de su gestión la solución sigue latente. Peor aún, tanto la institucionalidad como el sistema de justicia han colapsado.

La posibilidad de que la partidocracia corrija esos graves males es imposible, a la luz del liderazgo que se ha consolidado en los partidos en los últimos años. Sus cúpulas están conformadas por políticos interesados en satisfacer sus apetencias, y muchos han terminado siendo investigados por casos de corrupción. A continuación el rol de los principales partidos en la crisis.

Fundado el 11 de marzo de 1979 como brazo político de la dictadura, el Partido Revolucionario Democrático (PRD) es el partido con más capital humano; pero su cúpula ha sido secuestrada por diputados que solo buscan el poder político para beneficio personal. Algunos han estado involucrados en escándalos de corrupción y empleados suyos investigados por vínculos con el crimen organizado. Su poder es tal que en 2013, el candidato presidencial Juan C. Navarro ordenó la no postulación y expulsión de un diputado, pero este no solo no fue expulsado, sino que fue postulado y reelecto (‘Navarro ordena expulsar a Raúl Pineda y no postularlo como diputado', La Estrella , 23 de septiembre de 2013).

Al principio del actual Gobierno, y con el pretexto de ‘gobernabilidad', la bancada del PRD suscribió un acuerdo con el Ejecutivo que le permitió acceso al presupuesto. El 31 de agosto de 2016, La Estrella (‘El narcotráfico vinculado en la política') reportaba la detención de empleados de diputados del PRD por transportar droga en autos con placa oficial. Para entonces se reportó a un representante perredista involucrado, junto a un subteniente del Servicio Aeronaval, en una red de narcotráfico. En una de esas acciones se incautaron $854 000. La persistencia de casos como estos indujo a Varela a tratar el tema con el entonces presidente de la Asamblea, Rubén de León. Este intentó controlar el uso de placas oficiales, pero la medida fue rechazada por sus propios copartidarios.

Cambio Democrático (CD) fue fundado en 1998 por Ricardo Martinelli. Con escasos 36 009 votos en 1999 y 79 491 en 2004, fue partido rémora de los Gobiernos de Ernesto Pérez Balladares y Mireya Moscoso. En 2009, en alianza con el Panameñismo, Molirena y Unión Patriótica, logró una aplastante victoria (60,11 % de los votos) que llevó a su virtual dueño al poder. Con un Plan de Gobierno impecable, la gestión de Martinelli fue un desastre, agudizando la deteriorada institucionalidad y alcanzando niveles históricos de corrupción. La Asamblea se convirtió en un mercado persa, y grandes cantidades de dinero fueron malversadas en clientelismo, sin el menor control, tanto en el Ejecutivo como en la Asamblea.

Los orígenes del Panameñismo se remontan a 1923, cuando surgió Acción Comunal. Pero no fue hasta 1932 que fue fundado su predecesor, el Partido Nacional Revolucionario (PNR). Su máximo líder histórico, Arnulfo Arias Madrid, tomó las riendas en 1939 y, bajo el lema ‘somos la reserva moral de la patria', ganó la Presidencia de la República en 1940. Ya con la insignia del Partido Panameñista, en 1948, Arias perdió unas elecciones fraudulentas, pero en una revisión se le reconoció el triunfo en 1949.

Tras el golpe militar de 1968 los partidos fueron disueltos; restaurada la democracia en 1978, Arias lo reinscribió como Partido Panameñista Auténtico. Después de su muerte en 1988, algunos de sus líderes protagonizaron escándalos de corrupción y adoptaron las prácticas clientelistas de otras facciones. De sello panameñista, el actual presidente prometió rescatar y fortalecer la institucionalidad, pero ha hecho lo contrario; clave fue el juego que hizo al chantaje de los diputados del PRD, al prohijar el ‘acuerdo de gobernabilidad'.

Ese acuerdo llevó al Ejecutivo a asignar partidas a la Asamblea que fueron usadas en planillas brujas y para financiar gastos no documentados. Eliminadas luego de que el contralor denunciara que más de $70 millones no han sido justificados, los diputados del PRD y CD se han unido para obstaculizar las designaciones que por mandato constitucional debe realizar el Ejecutivo en la CSJ y ACP. Solo se retomó el tema cuando les devolvieron las partidas en vísperas de las elecciones. La tolerancia a la corrupción de esos dos grandes partidos se ha manifestado de diversa manera. En CD, postulando a los implicados en casos de corrupción y/o abuso de poder, y en el PRD apresurándose a defender la presunta inocencia de activistas procesados por diversos delitos, incluido el lavado de dinero.

En conclusión, la crisis institucional ha sido precipitada por los partidos, hoy día bajo el control de diputados. Al respecto, Francisco Sánchez Cárdenas, expresidente del PRD, señaló que la fuerza coercitiva alcanzada por los diputados es tal que se ha perdido el balance de poderes. Y advirtió que en malas manos, la Asamblea se convierte en dictador y podría llevar al país ‘al desastre' (‘Diputados tejen sus alianzas partidistas', La Prensa, 28 de diciembre de 2018). Por ello, considero que, si el electorado quiere restablecer la institucionalidad y fortalecer la lucha contra la corrupción, el camino para ello no será el de apoyar a los partidos políticos.

PERIODISTA