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15 de Oct de 2019

Berna Calvit

Columnistas

De fobias y pobreza

La aporofobia es una realidad, tal vez disimulada, tal vez sin tener consciencia de que la sentimos

La catedrática española de Ética y Filosofía Política, Adela Cortina, consideró necesario encontrar una palabra para ‘un fenómeno que no tenía nombre'. Del griego ‘à-poros' (sin recursos, indigente, pobre); y ‘fobos', (miedo, rechazo, aversión), creó la palabra ‘aporofobia', aceptada por la Real Academia Española e incorporada al diccionario en diciembre 2017. Según la Fundación del Español Urgente (Fundéu), en la palabra aporofobia no solo han encontrado un término muy significativo ‘sino una rara avis lingüística: una voz con autor conocido y fecha de nacimiento'; además Fundéu declaró el neologismo la palabra del año 2017. Me enteré del nacimiento de la palabra aporofobia en un interesante vídeo en el que Cortina explica su parto lingüístico y al buscar información sobre la hasta entonces desconocida fobia confirmé algo que sospechaba: que existen la bibliofobia (miedo a los libros) y también la ergofobia (miedo al trabajo), endémica entre los diputados y se agrava en tiempos de campaña electoral. Existen muchas fobias y entre las más conocidas y muy en uso actualmente, la homofobia y la xenofobia.

La aporofobia es una realidad, tal vez disimulada, tal vez sin tener consciencia de que la sentimos; está hermanada con la xenofobia y el racismo que desaparecen o se atenúan cuando el extranjero es categoría ‘inversionista' o ‘bien forrado'; todo lo contrario a cuando llegan ‘con una mano adelante y la otra atrás'. Esto explica que jeques árabes y musulmanes son recibidos con honores y gran complacencia en países donde se rechazan estos grupos; también se agasaja al dictador negro de país africano rico en minerales, a quien gustoso abre las puertas el mandatario racista. El presidente Trump quiere un muro para impedir que los pobres de algunos países al sur del río Grande entren al suyo, pero no pone trabas al mexicano Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo; tampoco pondría un muro en su frontera con el vecino Canadá. Es cuestión del ‘bille'. También nosotros tenemos nuestra dosis de aporofobia; percibimos a los pobres como amenazas; pasamos por barriadas pobres con cierto temor, ‘por aquí hay mucho maleante'; nos molesta el hombre que escarba entre la basura buscando algo para vender, comer o usar en su casa bruja. Hace pocos días un violento y desalmado joven agredió a un indigente que escarbaba un basurero; ese joven es claro ejemplo de aporofobia. Hace años escuché los autoelogios con los que se bañaba un señor que afirmaba con gran desprecio que ‘el pobre es pobre porque quiere, son vagos, no quieren trabajar; todos pueden llegar a triunfar como lo he hecho yo, con trabajo, creatividad, bla bla…' (olvidó mencionar sus ‘palancas'). Ahora tengo la palabra para calificar esa conducta: aporofobia.

Sin embargo, explica Cortina, esta fobia tiene ‘una base biológica', el cerebro; el ser humano tiende a juntarse ‘con los que estamos más a gusto y con los que nos pueden dar algo a cambio'. Casi sin darnos cuenta nos vamos aislando en nuestro cerco de seguridad, con nuestros iguales; en un gesto instintivo subimos el vidrio del auto si se acerca un indigente, y si se nos acerca mientras caminamos, ¿no nos hacemos a un lado casi sin pensarlo? Esta fobia se transmite ‘a partir de una construcción social' que relaciona a los pobres con delincuencia y de allí nuestras reacciones; también, dice un analista, que la imagen en los medios contribuye a criminalizar la pobreza y la exclusión social.

Si le metemos cerebro a los porqués de la pobreza sería lógico preguntarnos qué responsabilidad nos cabe si dejamos el país en manos de asaltantes del Erario, de los creadores de pobreza. Este es, sin duda, un tema polémico. Adela Cortina, aunque complacida por la inclusión de aporofobia en el DRAE, considera que lo importante es reconocer que existe la fobia a los pobres; y que tal como se combaten males sociales como la homofobia y la xenofobia, es fundamental cambiar socialmente la tendencia a rechazar al pobre por ser pobre. Me había propuesto resistir la tentación de opinar sobre la caravana de asistencia social de la diputada Yanibel Ábrego a la gente de su circuito; o de la agencia de empleos, celular en mano, de la diputada Katleen Levi pero resulta imposible no hacerlo al ver cómo en campaña política desaparece la aporofobia. Y que los pobres cuentan con el afecto de los políticos. Al menos hasta el 5 de mayo 2019.

COMUNICADORA SOCIAL.

‘[...] qué responsabilidad nos cabe si dejamos el país en manos de asaltantes del Erario, de los creadores de pobreza'