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22 de Oct de 2019

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

El fraude de las elecciones del 5 de mayo

‘Después no digan que exageramos al decir que los que abusan de la democracia serán los responsables, [...], de que nuestro bello país se encamine a situaciones (como las de) Nicaragua y Venezuela'

A muchos escandalizará el título de este artículo. Dirán que los magistrados son muy serios como para permitir unos comicios donde se cometa un fraude. Argumentarán que, con la tecnología y controles existentes, eso será imposible. Sostendrán que, al igual lo vociferaron en 2014, lo harán los que perdieron.

Estoy convencido de que el sistema electoral panameño está lleno de fraudes. Lo he reiterado varias veces. No es algo nuevo en la historia de Panamá. Desde nuestra independencia, se ha dicho que siempre se han alterado los resultados electorales. Así debe pasar en gran parte de los países latinoamericanos; inclusive hasta en los ‘prístinos' Estados Unidos, salpicados por la conocida trama rusa contra Hillary Clinton.

He vivido procesos electorales desde 1964, en donde en las Juntas Nacionales de Escrutinio, con representantes de todos los partidos, se escogían a los presidentes. No ganaba el que más votos alcanzara el día de la elección, sino el que más representantes partidarios pudiera sumar. Así fue en 1964, cuando los liberales le robaron la elección a Arnulfo Arias, ya que, de los 17 partidos existentes, ellos contaron con 15 votos en la mencionada Junta. En esas épocas, hasta las urnas se las robaban y las rellenaban de votos afines. O, para evitar que una familia votará por el candidato contrario, les retenían las cédulas hasta después de las elecciones. Les pagaban para que no votarán.

En tiempos de militares no se corrigió mucho. En 1984, primeras elecciones generales desde el golpe de Estado de 1968, cuando salí electo diputado (legislador entonces) por primera vez, el Tribunal Electoral permitió el despojo de más de 15 curules a favor del PRD, por órdenes expresas de los cuarteles. Mi amigo democristiano Raúl Arias de Para, en su libro ‘Así fue el fraude', reseñó con detalles lo ocurrido. Hoy sigue la misma práctica. Preguntarán ¿cómo se hace, porque hasta la OEA supervisa la elección y por todas partes hay observadores electorales, inclusive de la Iglesia?

Días atrás, el equipo del medio alternativo Claramente, dirigido por el periodista Mauricio Valenzuela, pudo filmar la actividad política de la presidenta de la Asamblea, Yanibel Abrego, diputada de Capira que aspira a la reelección. Estaba en una comunidad muy pobre, supuestamente con muchos regalos. La forma tradicional de amarrar a la gente para que vote por el candidato es dándole cosas. Hasta los engañan diciéndoles que el día de la elección ellos tienen mecanismos para saber por quién votaron. Algo parecido debió haber ocurrido en Capira en 2014, porque de 13 representantes de corregimiento, su partido se alzó con 11. Hoy el candidato a alcalde, actual vicealcalde, ‘ejerce' como conductor en la Asamblea Nacional con un salario de 3 mil al mes, lo que ganaba mi chofer en Washington cuando fui embajador en la OEA. Me imagino que hará campaña todo el día, porque a la reina de Capira, su majestad Yanibel, le conviene. Quizás ni siquiera licencia de conducir tiene; eso es lo de menos. Capira es un pueblo secuestrado por una especie de mafia, donde los resultados electorales se saben con dos o seis meses de antelación. ¿Será eso fraude o no? ¿Lo calificarán así desde su palacio los magistrados del Tribunal Electoral? El 5 de mayo todo parecerá normal cuando se cuenten los votos, pero es que el fraude se hizo con mucha anticipación. Ese día solo se cuentan votos totalmente viciados.

Lo que ocurre en Capira se repite en muchas partes del país, sobre todo en áreas donde todavía mandan caciques y hay pobreza, como en Pesé, Nata y La Pintada, La Villa de Los Santos, por solo mencionar algunas. Es fácil saber dónde se compran votos: basta con preguntar en las viviendas donde afuera se arruman arena, piedra y hojas de zinc. No se extrañen, también existen en mi circuito, en plena ciudad capital, en sitios como Boca la Caja, San Sebastián y Carrasquilla, en el mismo corregimiento de Punta Paitilla y Punta Pacífica. En esos sectores ‘gana' el que más regala antes de las elecciones. Eso simplemente es fraude, porque, a través de diversos mecanismos ilícitos, se desfigura el resultado electoral.

Por todas partes vemos grandes vallas del Tribunal Electoral recordándonos las elecciones del 5 de mayo. Bien logradas cuñas de televisión y radio hacen lo mismo a diario. Pero, ¿creerán, mis queridos lectores, que en nuestra particular democracia existe la certeza de que no se permite el fraude? La manipulación del voto la harán mucho antes del 5 de mayo, sino pregúntenle al candidato a diputado independiente en Capira, Giovanni Miranda, a quien se le ocurrió preguntarle a los representantes de corregimiento de ese circuito que le explicaran el uso que le daban a sus partidas y, por atreverse a hacer esa impertinente petición, lo declararon persona non grata del distrito.

Después no digan que exageramos al decir que los que abusan de la democracia serán los responsables, al igual ocurrió con el golpe militar de 1968, de que nuestro bello país se encamine a situaciones parecidas a las que viven hoy Nicaragua y Venezuela.

CANDIDATO A DIPUTADO, CIRCUITO 8-8.