Temas Especiales

14 de Apr de 2021

Avatar del Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Clase obrera: ¿clase revolucionaria o conservadora?

‘La identidad de clase, más aún, la solidaridad de clase, no parece ser el fuerte de nuestra clase obrera, sea de la actividad de la construcción, del transporte, de los sectores logísticos, [...]'

Existe una añeja idea de que la clase obrera es la más dotada de atributos para voltear patas para arriba el andamiaje de la sociedad capitalista, como resultado de que es la parte que interactúa desventajosamente con el capital y, por tanto, primera interesada en el cambio de ese sometimiento.

Tal idea, vista en la realidad histórica de nuestro país tiene poco de acierto, sobre todo después de la invasión norteamericana a Panamá de 1989, cuando la misma sirvió para doblegar el espíritu progresista de sectores importantes del obrerismo panameño, que había crecido en los años de 1970 y en el sector público en la década siguiente.

Lamentablemente, nos encontramos con grandes bolsones de esta clase que son los primeros en respaldar iniciativas privadas depredadoras del ambiente y que respaldan políticamente a los candidatos menos consecuentes con los intereses del conjunto de la sociedad panameña.

Esto se constata, por ejemplo, cuando sindicatos obreros defienden la continuidad de operaciones de una planta generadora de energía que tiene contaminada la atmósfera y los pulmones de una buena cantidad de colonenses, dada la tecnología de carbón en que se basan.

Quienes encabezan tal movimiento, identifican como intereses de la clase obrera el empleo de un par de cientos de trabajadores, en detrimento de la salud de varios miles de también trabajadores. No se busca conciliar ambos intereses o, al menos, hacer la consulta correspondiente con los que están sufriendo lo que en Economía del Ambiente se llama ‘externalización de los costos' de la empresa en cuestión. Esto es que, esta traslada, fuera de la empresa y sus actividades, una parte significativa de sus costos a otros actores, fuera de ella; en este caso, a gente de las clases trabajadoras de Colón carretera.

Este escenario, en medio del torneo electoral, me retrotrae a la elección de 2009 y 2014, cuando parte importante de los obreros de la construcción se volcaron a votar no por la oferta del candidato salido de las filas de su propio gremio natural, sino del representante de la clase social contraria a la suya, en virtud de que creían generaría inversiones en infraestructuras físicas (megaproyectos) que a la postre significarían empleos seguros para ellos.

Una lógica absolutamente entendible, pero funestamente conservadora. Sus votos se destinaron hacia los bandos más conservadores de la oferta electoral. ¿Sera distinto esta vez? Francamente, lo dudo. Los pocos votos que se auguran al señor Saúl Méndez, que se presenta como único representante de los intereses del sector obrero, vendrán más de otros segmentos de la sociedad que se identifican con el proyecto de su organización, que de sus propias bases corporativas.

Si esta lógica es consistente, el partido FAD podría estar cerca de su continuidad legal para mantenerse como partido político, gracias a los votos que podrían estar captando los candidatos, que si bien hacen parte de la clase trabajadora, no son integrantes del gremio de la construcción.

La identidad de clase, más aún, la solidaridad de clase, no parece ser el fuerte de nuestra clase obrera, sea de la actividad de la construcción, del transporte, de los sectores logísticos, o cualquier otra. De lo contrario, ya se hubiese expresado en cuotas concretas de defensa de los intereses de los trabajadores bananeros de Puerto Armuelles, cercados por el Gobierno actual, en favor de la transnacional Del Monte. O hubiese ejercido presión por reducir la política depredadora del ambiente de las empresas mineras de cielo abierto en costa abajo de Colón (Petaquilla). Solo se interesa porque no se contrate a los extranjeros asiáticos y centroamericanos para ocupar dichos puestos, pero nunca para defender la vida de los que viene afectando tales operaciones en vastas zonas del norte de Penonomé y la Pintada, así como de la costa abajo de Colón.

Su conservadurismo también se manifiesta frente a las propuestas de cambio que se plantean respecto de problemas como la atención de salud, donde aspiran a mejor institucionalidad y eficiencia de los servicios, pero sin admitir la necesidad de transformar el sistema bicéfalo que existe a uno monista, unitario (Sistema único nacional).

Así, el carácter revolucionario de nuestra clase obrera diluida desde finales de la década de 1980, requiere de una vuelta a sus orígenes históricos y abrazar un pensamiento crítico, del cual adolece.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE DE LA UP.

‘[..] el carácter revolucionario de nuestra clase obrera [...] requiere de una vuelta a sus orígenes históricos y abrazar un pensamiento crítico, del cual adolece'