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16 de Dec de 2019

Rubén A. Reyna

Columnistas

La trampa de la burocracia

Yo identifico dos clases de estilo de Gobierno en democracia.

La palabra ‘burocracia' procede del francés ‘BUREAU' (escritorio) y del griego ‘KRATOS' (Gobierno o donde radica el poder). O sea, la manida palabra significa realmente ‘el poder de los escritorios'. Parece ser nada más que un curioso epíteto, que usamos para explicarnos el porqué un trámite demora más de lo que imaginamos posible.

La palabra implica en realidad mucho más que eso, pues es algo que crece de forma continua y se va convirtiendo en un lastre en proporción directa al número de nuevos burós que se van añadiendo.

Yo identifico dos clases de estilo de Gobierno en democracia. Los Gobiernos desarrollistas, que procuran facilitar las cosas al sector productivo para que sea este el que lleve de forma eficiente el crecimiento económico del país. Y los Gobiernos rentistas que aumentan y crean tasas e impuestos por cada acción que la empresa privada quiera realizar y que basan la solución socioeconómica del país en proveer empleo gubernamental.

Los seguidores de los Gobiernos rentistas utilizan la ‘empleomanía', palabra coloquial para referirse al número de puestos en una empresa o institución estatal. Si tratamos de definir esta palabra, buscando sus raíces por separado, vemos que empleo (del francés ‘EMPLOYER'), es dar empleo; y manía (del griego ‘MANIA') es locura o exaltación. Entonces, los seguidores de los Gobiernos rentistas están locos por recibir un puesto público con buen salario, si es posible para toda su vida, Y los Gobiernos rentistas quieren complacerlos, en una malentendida solución socioeconómica. Por ello propician el crecimiento del aparato estatal, sacrificando la eficiencia.

La trampa que genera la burocracia está en que a cada uno de esos nuevos maniáticos por el empleo hay que darle funciones. Así que un trámite que hace 20 años demoraba una semana, ahora puede demorar meses. Como ejemplos concretos puedo citar el permiso de construcción, que no es más que pagar el impuesto para poder construir con un plano que ya tiene todas las aprobaciones y que demoraba una a dos semanas como máximo y hoy, con suerte, lo consigues en seis meses. Los estudios de impacto ambiental, que se tramitaban en dos o tres meses, hoy el tiempo de espera puede ser de años.

Imaginemos entonces todo el capital ocioso que un inversionista tiene que comprometer comprando un bien raíz que demorará desde la solicitud de los permisos, fácilmente dos años sin poder hacer nada hasta recibir todas las aprobaciones y poder comenzar el proyecto. Esto afecta irreparablemente la rentabilidad de cualquier inversión y desalienta al inversionista extranjero y muchas veces al panameño.

Lo que antes pasaba por tres escritorios, hoy puede pasar hasta por veinte o más escritorios que deben ‘revisar' el documento.

Así, cada vez tenemos más funcionarios que ignoran el verdadero sentido de su departamento y con el tiempo, traspasan esa ineficiencia a la empresa privada, sumida y atrapada por la fuerza gravitatoria creciente de la ineficiencia de la burocracia.

Esta situación da como resultado que el terreno de juego de la economía se vuelve anárquico, ya que la burocracia se ahoga a sí misma y pierde la capacidad de imponer el orden y las reglas iguales para todos los competidores privados.

Mientras más complicaciones se impongan, habrá quienes jugarán por debajo del tablero, bajo los ojos cómplices de funcionarios de la inoperante burocracia, mientras que otros deberán cumplir con todas las reglas y el tiempo interminable de los trámites.

Así el que juega limpio va quedando relegado de un mercado sin reglas que tiende a la informalidad.

El incremento de puestos del pasado Gobierno, desde julio de 2014 hasta septiembre de 2018, fue de treinta mil nuevos nombramientos. La planilla estatal se incrementó en casi mil 500 millones de dólares anuales. Me pregunto ¿si un Gobierno, en lugar de emplear treinta mil nuevos funcionarios, invirtiera mil 500 millones de dólares al año en obras, no se crearían más de treinta mil empleos en el sector privado?

La trampa está en que son treinta mil nuevas complicaciones para que la empresa privada desarrolle la economía del país y mil 500 millones de dólares que se desplazan del sector privado, que es eficiente, al gasto inútil de la maquinaria burocrática. Esta práctica nos ha estado ahogando año tras año. El dinero que consume es como el carbón de una locomotora a la cual se le añaden vagones año con año y anda cada vez más despacio y no va a ninguna parte.

Impacta en la empresa privada que requiere permisos licencias, aprobaciones, etc., haciéndola cada vez menos eficiente por las innecesarias demoras.

La eficiencia es un factor inverso al número de escritorios, ergo cada año somos un poco menos eficientes.

Hay otro lado siniestro que tiene esta forma de ‘solución socioeconómica'; es que el presupuesto del Estado tiene dos componentes: la partida de funcionamiento y la partida de inversiones. La de funcionamiento nunca alcanzará, en parte por los nombramientos adicionales y el único recurso que se tiene en este esquema autodestructivo es el presupuesto de inversiones y deben trasladarse fondos de este presupuesto al de funcionamiento. Pero ojo, otra trampa; del presupuesto de funcionamiento no puede trasladarse nada al de inversiones.

Por eso nunca se podrá cumplir el presupuesto de inversiones y cuando el Gobierno central no tiene más recursos, se echa mano de las cuentas de las empresas autónomas, contraviniendo las mismas leyes orgánicas de estas entidades y es una de las razones por la cual a duras penas pueden hacer su trabajo. Imagínense el desaliento de los profesionales que trabajan en esas instituciones. Trabajar con las uñas, es lo más que pueden hacer.

La trampa sigue tejiéndose y atrapando cual telaraña la maquinaria económica del país.

Pero un Gobierno responsable siempre puede tomar medidas para balancear el tamaño del sector Gobierno con el sector privado. Debe tomar conciencia de ello y esforzarse por lograrlo. De lo contrario, el lado siniestro de esta realidad nos ahogará y ralentizará cada vez más. Vayamos por el desarrollo, no por el modelo rentista.

INGENIERO