Panamá,25º

16 de Dec de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

Al oído de Castalia (2)

‘[...] un Gobierno ecuánime, consciente de la importancia de la transparencia, podrá aceptar que nada humano es perfecto: a veces requiere un justificado mea culpa '

Aplaudo la conferencia de prensa convocada al concluir el segundo Consejo de Gabinete cuando concurrieron varios ministros de Estado para informar, sin dilación y personalmente, relevantes temas acordados en ese Consejo. Cierto que el Panamá de hoy no es igual al de hace 30 años; muchas cosas son diferentes —entre ellas, no teníamos redes sociales—, pero esta conferencia nos trajo a la memoria la política de información practicada en el período presidencial 1990-1994, recordándonos también algunas reflexiones que hace cinco años expusimos aquí cuando una respetada periodista fue designada miembro de la vocería del Ejecutivo recién instalado. Osamos hacerle alguna modesta sugerencia ‘al oído', porque habíamos tenido, como ella, años de una experiencia profesional similar en dos medios televisivos. Hoy repetimos esas ideas, porque siempre hemos ponderado esa diáfana práctica.

‘[...] ‘cada maestro con su librito' y cada Gobierno determina su manera particular, pero los principios de transparencia y rendición de cuentas deben mantenerse invariables [...]'

Sugeríamos continuar la ‘práctica, con carácter casi religioso, del Gobierno del presidente Endara de dar a conocer, apenas concluida la sesión semanal del gabinete ministerial, las decisiones más importantes tomadas por los ministros. Entonces el ministro designado en cada ocasión para darlas a conocer oficialmente, lo hacía a los periodistas que esperaban pacientemente y se agrupaban ansiosamente en las propias gradas de entrada al palacio presidencial esperando las noticias oficiales más frescas'. Hace 30 años de eso; seguramente reporteros, periodistas, televidentes, radioyentes y público en general, cuyas edades no excedan las cuatro décadas, no recordarán esas declaraciones semanales. No vivieron aquellos tiempos lúcidos, cuando los ministros daban las caras semanalmente a todos los reporteros en medio del amigable desorden que se formaba cuando se disputaban la entrevista de mayor actualidad. No podían ‘escabullirse' discretamente ni sus guardaespaldas podían impedir el acercamiento; al contrario, los miércoles, generalmente día del gabinete ministerial, desde la media tarde se apostaban a las puertas de la Presidencia en espera de la primicia en un ambiente de respeto y solidaridad entre colegas. Recibían buenas y no tan buenas noticias, sin discriminación. Todos los vimos.

Sugeríamos continuar la ‘práctica, [...], del Gobierno del presidente Endara de dar a conocer, apenas (concluido el) gabinete ministerial, las decisiones más importantes [...]'...'

Otro hábito que implantó el presidente de esa época, como una práctica invariable y permanente que sugeríamos continuar, consistió en reunir una vez a la semana en el Salón Amarillo a periodistas independientes y representantes acreditados de todos los medios locales y extranjeros para rendirles cuentas sobre acciones del Gobierno y responder directamente todas las interrogantes que desearan hacerle. Sin agenda ni libreto previo, las preguntas espontáneas podían tratar cualquier tema. En un ambiente respetuoso, amigable y abierto, el presidente usualmente comenzaba exponiendo algún tema que le interesara en especial y abría espacio para recibir todas las preguntas sobre cualquier otro tema que cualquier periodista quisiera conocer. Flanqueado por su ministro de la Presidencia y su secretario de prensa, cada semana el presidente se sometía al libre ‘bombardeo' en un salón atestado de periodistas y camarógrafos. Nunca esquivó la respuesta, porque ni los mensajes acartonados a la Asamblea ni las desordenadas entrevistas callejeras improvisadas, permitían poder explicar a fondo los asuntos de Gobierno exigidos siempre por la opinión pública.

Cierto que ‘cada maestro con su librito' y cada Gobierno determina su manera particular, pero los principios de transparencia y rendición de cuentas deben mantenerse invariables, porque, con información veraz a la opinión pública, el Gobierno gana credibilidad y es digno de confianza.

Sin duda un Gobierno ecuánime, consciente de la importancia de la transparencia, podrá aceptar que nada humano es perfecto: a veces requiere un justificado mea culpa. Por eso abrigo la esperanza de que conferencias de prensa como la realizada no se descontinúen, porque con ellas se evitan las posverdades y así el gobernante es apreciado y respetado como el estadista que necesitamos.

EXDIPUTADA