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21 de Sep de 2019

Orlando Goncalves

Columnistas

Democracia, autoritarismo y totalitarismo

Desde hace varios años, las democracias en el planeta se debilitan más. Ese debilitamiento puede venir originado por múltiples causas

Desde hace varios años, las democracias en el planeta se debilitan más. Ese debilitamiento puede venir originado por múltiples causas, pero, sin duda, entre ellas, es que cada vez es más difícil para las democracias satisfacer las necesidades de los ciudadanos, esto a su vez, tiene conexión con la menguada calidad de los líderes que asumen liderazgo en las naciones, regiones, ciudades o pueblos.

Causas que generan, adicionalmente, un retraso en la ejecución de políticas públicas, acciones, servicios y obras; volviéndose, con el tiempo, un pasivo para los Estados, regiones, ciudades o pueblos. Pasivo difícil de superar o poner al día, entrando entonces, en un espiral de incumplimiento con el ciudadano y, por ende, con el desarrollo social.

En el afán de ganar elecciones, los candidatos tienden a prometer y prometer durante sus campañas, pero, una vez en el ejercicio del Gobierno se confrontan su preparación, sus capacidades con la realidad, quedando en evidencia que no dan la talla, o, que no pueden —por razones económicas, jurídicas, legislativas— cumplirlas. En ocasiones, desde que hacen la promesa, saben que no va cumplir, pero, poco les importa, pues van por su objetivo, sin sopesar el daño que hacen al sistema democrático.

Ahora, más grave aún, es ver cómo nos acostumbramos al hecho de que Gobiernos autoritarios o totalitarios, como el de China, Rusia, actúan, y forman parte del concierto internacional de naciones, interactúan, comercian, hacen vida en la ONU, tienen hasta poder de veto en el Consejo de Seguridad y, nadie se atreve a cuestionarles el sistema de Gobierno.

El caso de China, hay que reconocer que, en las últimas décadas, ha sacado a 800 millones de personas de la pobreza, y batalla por los 82 millones que aún viven bajo el umbral de la pobreza. Se ha convertido en la segunda economía del planeta, y pronto será la primera. Se viene transformado en el principal productor de muchos insumos y energía de la Tierra.

Su plan de la nueva ruta de la seda es claro, China va camino a ser el nuevo imperio, pero, ¿a qué costo? Posiblemente, libertades individuales, DDHH, dignidad del ser humano. ¿Compensará el esfuerzo?

Por ejemplo, Hong Kong lleva más de dos meses en protestas contra un proyecto de ley de extradición a China, que pudiera abrir la posibilidad de que los ciudadanos Hong Kong sean extraditados a la República Popular de China y, por lo tanto, puedan ser sometidos a un sistema legal diferente. La reciente respuesta de China es insólita; argumenta que estas protestas ‘... duran ya dos meses, han comprometido gravemente la prosperidad y la estabilidad. Se ha excedido el límite de lo aceptable...'.

O sea, ¿las protestas de los ciudadanos de Hong Kong han ‘excedido el límite de los aceptable'? y ¿cuál es el límite ‘aceptable'?, ¿quién lo determina? Esto es grave, pero estamos entretenidos con nuestra cotidianidad y Hong Kong está tan lejos que..., bueno...

Veamos a Rusia, Vladímir Putin, 24 años en el poder, desapariciones, asesinatos misterios, inclusive, fuera de sus fronteras; ¡qué casualidad!, los infortunados siempre son opositores. Justo ahora, Rusia va a elecciones locales y, la Comisión Electoral dejó fuera de la carrera electoral a aspirantes independientes, provocando protestas y represiones violentas de las autoridades, así ha sido durante los últimos años. Mientras tanto, la vida sigue y miramos al otro lado.

Para el ejemplo solo he nombrado dos casos notorios, pero, en nuestra región abundan los hechos en países cuyos gobernantes, con nuestra venia y sus triquiñuelas, ponen al Estado a que opere para su conveniencia e intereses, dejando al conglomerado de los ciudadanos de lado. ¿De quién será la culpa?

El punto es que, los ciudadanos por comodidad nos hacemos a un lado y permitimos, en muchas ocasiones, casi siempre por omisión, que los gobernantes se desvíen del camino democrático y comenzamos a ser tolerantes, indiferentes o peor aún, cómplices.

Latinoamérica vende el alma a China y Rusia, estos expanden su influencia en la región. ¿Hacemos algo, o mejor, y más cómodo, miramos para otro lado? Pero, nos asusta el cuco del autoritarismo o totalitarismo.

Los avances del mundo, en los últimos treinta años, ha sido superiores al de los últimos dos siglos, pero, la democracias, tal como la hemos conocido, tiene que adecuarse a los nuevos tiempos, y debe hacerlo rápido, porque, la tendencia a tolerar o hasta aceptar al autoritarismo o al totalitarismo va en aumento.

Me niego a pensar que esta es la evolución y adecuación de la democracia a los nuevos tiempos.

CONSULTOR POLÍTICO; EN TWITTER: @ORLANDOGONCAL.