La Estrella de Panamá
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21 de Sep de 2019

Saúl Rolando Cortéz Chifundo

Columnistas

Los miedos ante el puente Atlántico

Algunas veces el miedo humano puede ser hijo de nuestra imaginación, en otras, lo es de la experiencia propia o ajena.

Los pueblos en Costa Abajo de Colón no pueden obviar en su devenir histórico el gran escollo que ha representado el Canal de Panamá para su progreso. Siendo un emporio acaparado por una oligarquía oportunista, no deja evidencias ni tan siquiera de sus migajas para dignificar la existencia de su gente. Con el puente Atlántico quizás se rompa ese remanente de la quinta frontera que por años nos ha colmado de ignominia. A pesar de ello, es inevitable que afloren los miedos.

Algunas veces el miedo humano puede ser hijo de nuestra imaginación, en otras, lo es de la experiencia propia o ajena. De ahí la necesidad de escribir estas líneas. Este puente fue el sueño de muchas generaciones de costeños que hoy, no viven para verlo. Como vía de acceso expedito a Costa Abajo, augura la apertura al desarrollo de nuestros pueblos. Sin embargo, consciente de que el desarrollo camufla un lado oscuro, resulta imposible no sentir miedo, aunque el miedo sea natural.

Aunque su materialización resulta un hecho histórico de gran trascendencia para Costa Abajo, todo parece indicar que es un puente pensado por la oligarquía, para la oligarquía. Pues, aunque se publicite como ‘el puente Atlántico que une a la ciudad de Colón con Costa Abajo', no es en vano que el anuncio oficial de su inauguración se haya dado en el marco de la firma del Acuerdo de Cooperación entre el Canal de Panamá y el Patronato Portobelo y San Lorenzo.

La oligarquía criolla, homogenizada con la foránea, se turnan en el poder. Costa Abajo puede ser su próximo objetivo. ¿Será que no habrá nada que temer ante una oligarquía que siempre se ha mostrado antinacional?, cuyos predecesores conspiraron, vendieron y transgredieron la soberanía territorial, convirtiéndonos en colonia americana. Dicho temor se reafirma ante la reiterada experiencia de complacencia de nuestras autoridades ante el poder económico.

El miedo es connatural a los hombres, anormal sería no tenerlo. Miedo se ha de sentir cuando observamos que la nomenclatura a la entrada del puente nos invisibiliza, por ningún lado, señala que el puente Atlántico conduce a Costa Abajo; tan solo indica Fuerte Sherman, Esclusas de Gatún y Escobal. Este último, para los bien entendidos, no es costa, corresponde al área del lago y pertenece al distrito de Colón.

Dicha nomenclatura atiende a lo que el historiador Josep Fontana denominó como ‘la pedagogía de las denominaciones urbanas' que simplemente se presta al sutil adoctrinamiento histórico que promueve el aparato estatal. ¡¿Cómo no sentir miedo, si la tierra de nuestros hombres del campo, la que garantiza su sustento familiar, podría ser objeto de expoliación por la avaricia de las élites criollas y foráneas?!

En suma, hay muchos miedos por mencionar. De hecho, el panorama politiquero panameño con su corruptela institucionalizada y su secuela de injusticias y desigualdad, mantiene nuestra sociedad atrapada en un permanente diálogo con el miedo. Dichos miedos, invitan a los historiadores a dejar manifiesto su compromiso cívico con las problemáticas presentes.

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