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20 de Nov de 2019

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Ramón Fonseca Mora

Columnistas

¿Existe ‘El más allá'...?

¿Existe ‘El más allá'? No lo sé, pero intuyo que sí. No hay pruebas, pero sí indicios, los que nos dan sombras de una realidad que no podemos ver

¿Existe ‘El más allá'? No lo sé, pero intuyo que sí. No hay pruebas, pero sí indicios, los que nos dan sombras de una realidad que no podemos ver, sentir o comprender; pero que muy bien podría ser real.

He decidido escribir este corto artículo porque en las últimas semanas he sufrido la pérdida de algunos seres queridos. Personas con las que, en un momento puedes hablar con ellas, reír, enviarles un chat..., y al siguiente desaparecen sin dejar rastro. También de animales, que en un instante te saltan encima, te lamen, se acurrucan contigo, y al momento siguiente están dentro de un hoyo profundo que has excavado en tu patio. Le echas tierra y no lo vas a ver nunca más.

Creo que el misterio de la muerte ha regido el destino de la humanidad, hasta hace poco. Las circunstancias de nuestras vidas hasta hace poco eran diferentes. Vivíamos en comunidades chicas, principalmente campestres, o grupos nómadas de cacería y recolección, en donde todos se conocían y encontraban a menudo. La muerte de alguno de los miembros de estos pueblos era sentida por todos, y les hacía recordar que nuestra existencia es efímera y frágil. Hoy, viviendo la mayoría en ciudades muy pobladas, en donde conocemos poco o nada ni al vecino de la puerta de al lado o a los que viven alrededor de nuestras casas, ese fenómeno se nos presenta muy de vez en cuando, en momentos en que muere alguien de nuestra familia o amistades cercanas. Y cuando esto sucede queremos distanciarnos tanto del asunto que tenemos ya todo planificado para tener el mínimo contacto con el fallecido. Ya poco lo velamos la noche entera a cuerpo presente, tomando café, costumbre de otros tiempos, y esperamos ansiosos la llegada del carro funerario que se llevará los despojos para nunca verlos más. ¿Qué hace que esto suceda?

La cercanía a la muerte siempre fue importante en la evolución de los seres humanos. Es parte de nosotros. Todos morimos, y eso lo sabemos, pero el alejar este fenómeno lo más lejos que podamos nos permite que este no afecte tanto nuestro ser interior. Y esto es una gran pérdida. De saber que vamos a morir y experimentarlo a menudo a nuestro alrededor, se despertó nuestra espiritualidad y surgieron, primero, los ritos primitivos del culto a nuestros ancestros, y, sobre estos, —adornándolos, pero sin dejar en el fondo el sentido primitivo (coman de mi carne y beban de mi sangre) las enseñanzas de las grandes religiones que dominaron el planeta por miles de años. Hoy vemos iglesias, mezquitas, sinagogas con poca asistencia. Una de las razones es que la certeza de que vamos a morir la hemos apartado a un lugar atrás de nuestro consciente. Tampoco recordamos mucho, y agradecemos poco, a quienes nos precedieron, porque casi nunca pensamos en que algún día vamos a morir y pasaremos a formar parte de este panteón familiar. La vida, con la intensidad que la vivimos hoy, no nos permite un momento de respiro, apoyados a nuestro azadón mientras cultivamos la tierra, en el que nos acordamos del papá, mamá, abuelo, abuela, hijo, que ya abandonó nuestro plano de existencia.

Pero en este mundo materialista en donde vivimos, regido todavía por las leyes mecánicas de Newton, están surgiendo indicios cada vez más fuertes de la existencia del ‘otro lado'. No hablo de las prácticas chamánicas, que dan experiencias de entrada a lo ignoto, ni de las enseñanzas de las grandes religiones, basadas solamente en escritos antiguos y fe. Ni siquiera de los testimonios cada vez más frecuentes de personas que regresan a la vida gracias a modernas técnicas de resucitación y que nos describen lo que fue su experiencia. Hablo de temas que se estudian en universidades famosas como Harvard, Cambridge, MIT, en donde una ciencia nueva, la Física Cuántica, nos está haciendo ver la realidad de otra forma. Esta revolución comenzó con Einstein y continúa hasta nuestros días. Si la estudiamos un poco veremos que lo que afirma parece sacado de libros de brujería, y no de física. ‘El tiempo no existe'. ‘Todo lo que vemos como sólido es vibración y energía, convertida por nuestros ojos y cerebros en sustancias sólidas'. ‘La realidad la forma el ser humano cuando observa algo' ‘Existen universos paralelos al nuestro'. Etc.

Creo firmemente que se aproxima una nueva revolución espiritual para la humanidad. Y que esta estallará cuando logremos verificar que ‘El más allá' existe y que podemos comunicarnos con él. Quizás ya en la Tierra algunos han descubierto esto desde hace miles de años, pero los despreciamos como seres primitivos. Cuando esto suceda, correremos a comunicarnos con quienes nos precedieron y trataremos de ser más buenos, sabiendo que tenemos un destino al otro lado; bueno o malo según nuestros actos. Entonces, en vez de llorar y lamentar la muerte de un ser querido, nos alegraremos —tal y como hacen algunas culturas— por ese paso ‘al más allá'. Mientras tanto, seguiremos sufriendo por un fenómeno mal comprendido por cuya experiencia pasaremos todos.

Finalizo diciendo que independientemente si existe o no el Más Allá, la muerte es parte de la vida y nos enseña a no apegarnos a nada ni a tomarnos tan en serio. Ella es necesaria para la renovación de todo y, por eso, debemos tenerla siempre presente y respetarla.

ESCRITOR