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17 de Nov de 2019

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Dorindo Jayans Cortez M.opinion@laestrella.com.pa

Columnistas

Reformas, !cuidado, señor presidente!

En el periodo electoral hicimos llegar, al WhatsApp del candidato, nuestro punto de vista sobre temas diversos. Las respuestas de regreso llegaron. El futuro presidente estuvo atento a las recomendaciones. Ese WhatsApp ya no existe. Esto no significa, creo, que el ahora presidente no escuche las opiniones diversas, vengan de donde vengan.

Ahora, asistimos una creciente inconformidad con lo que ha ocurrido con las Reformas a la Constitución. De ello no tiene culpa el PRD, como colectivo político. El descontento no es ajeno a la desviación del objetivo central, cual es la de refundar la institucionalidad y darle al país una nueva versión de cómo deben funcionar los poderes de Estado. Así como fortalecer a las instituciones que trabajan suciamente por la nación.

Es cierto que la propuesta del cambio constitucional vino de la Concertación. El Consejo de Gabinete, sin discusión alguna, las asumió y presentó. Esto pareciera lo más correcto, pero no debió hacerse sin el debate mesurado y propositivo a ese anteproyecto. Sobre todo mejorarlo, porque los nueve artículos nuevos y los 36 cambios estaban lejos de abordar la profundidad de los temas esenciales. Lo que ha seguido corresponde a los diputados.

Sin desconocer el papel importante que desempeña ese conglomerado de la sociedad civil, habría que decir que la Concertación no representa cabalmente a la población panameña, representa aisladamente a determinados sectores organizados. Si se pretende revisar lo aprobado, esto no debe quedar en las mismas manos. Hay otros sectores con iguales derechos.

Es cierto, también, que la Comisión de Gobierno hizo las consultas a nivel nacional. Esto generó algo de confianza. Que se escuchara y se recibieran aportaciones fue positivo. Pero, ¿qué tanto fueron consideradas las aportaciones? Sobre esto no se sabe nada al respecto. Y, hasta donde conocemos, fue un mero trámite que para algunos ha sido engañoso.

Ya es evidente un malestar generalizado de la población respecto a un tema que sí requiere del debate sereno, de los oídos que escuchen y de la tolerancia, sobre todo porque lo que está en juego es el futuro de la nación panameña. No es suficiente que se diga que todavía, el otro año, se puede revisar lo aprobado en esta legislatura, cuando la experiencia, en el primer momento, dice poco para los cambios de fondo. Tampoco debe reducirse a la Concertación.

El momento exige el cavilar con frialdad. Así comienzas las inquietudes sociales, que son justas, y que después se constituyen en un desplazamiento nacional.

Sobre todo hay que hacer medición de las consecuencias en una coyuntura en que la región se viene complicando.

En efecto, hay que mirar con visión amplia lo que podría ocurrir. Miremos a Guatemala en el periodo antes y durante la presidencia de Otto Pérez Molina. Miremos a la Nicaragua convulsionada. A Puerto Rico, un pueblo que por lo general no iba a las calles. Miremos al Ecuador, actual. Y qué decir de Chile.

Es, en las crisis, donde deben destacar los Gobiernos grandes, el buen Gobierno, y los políticos Astutos.

Dicho sea de paso, son esos los factores que comienzan a desfigurar a los colectivos políticos y explica, de alguna manera, el porqué los partidos políticos en Panamá, al llegar a las próximas elecciones, están totalmente deteriorados. En todo caso, esto es lo menos preocupante, como sí es el hecho de no retroceder en una reforma que condenará al país al atraso y al poco avance.

Docente universitario.