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22 de Nov de 2019

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Columnistas

'Panama Papers 2.0'

“¿Qué más nos puede salir, cuando pensábamos que lo habíamos visto todo? ¿Nos saldrá el próximo enero “Panama Papers 3.0”, con algún nuevo escándalo?”

Recientemente Netflix produjo “The Laundromat”, (“La Lavandería”), donde malamente describen la famosa trama de los “Panama Papers” (1.0), punta del “iceberg” de nuestra triste realidad. Hoy, con los “VarelaLeaks”, estamos en presencia de otro pedazo del “iceberg”, “Panama Papers 2.0”. ¿Qué nos vendrá en el 3.0 después? ¿Hará Netflix, ya no una película más, sino una serie?

El 9 de agosto de 2017 me topé al presidente Varela en el Palacio de las Garzas. Había llevado a dos empresarios a quejarse ante el ministro Álvaro Alemán, en su condición de presidente de la Junta Directiva de la AMP, por los abusos de dicha entidad. Terminando la reunión, el presidente le comunicó al ministro que quería hablar conmigo. Después de los saludos de rigor, Varela fue directo al grano. Me urgió a que lo ayudara; pedía el apoyo ciudadano para la procuradora Porcell, por el gran trabajo que ella hacía. Todo fue loas para ella. Que estaban cansados de que gente como Miguel Antonio Bernal la atacara con tanta frecuencia. Le dije, con la franqueza que siempre me ha caracterizado, que ello no era posible: ella simplemente no se dejaba ayudar. Le mencioné un caso: el del diputado panameñista Jorge Alberto Rosas, quien, de acuerdo a sus propios socios, recibió en efectivo varios millones de dólares de Odebrecht. Le dije que le había pedido varias citas, porque había casos, como ese de Rosas, que debían agilizarse para que la justicia tuviese la credibilidad que le faltaba. Además, le indiqué que tenía información de que parte de ese dinero de Rosas iba a parar a las manos de su hermano, el diputado.

Sin perder la calma, me dijo que eso era totalmente falso, dándome garantías de que “ningún panameñista” había recibido nada de la constructora brasileña. Poco después se supo que Carlos Duboy, a la sazón, tesorero del panameñismo y ex ministro de Vivienda, había recibido una donación de Odebrecht para ayudarlos a pagar parte de los gastos de la campaña de 2009, hecho no investigado, porque, según la fiscal Zuleyka Moore, en declaraciones televisivas, se requería de otra prueba adicional a la confesión de Duboy. A los pocos días aparecieron las donaciones de 10.5 millones de dólares recibidas por Jaime Lasso, exembajador de Panamá en Corea del Sur. Ya Varela había desmentido lo señalado en el famoso “que me parta un rayo” de Ramón Fonseca, donde aseguraba que Varela había recibido dinero de Odebrecht. Cuando se descubre lo de Duboy y de Lasso, el discurso de Varela cambió radicalmente, convirtiendo por arte de magia las “coimas” de Odebrecht en meras “contribuciones” electorales al partido, aunque fuesen hechas por terceras personas en empresas “offshores”, típico del lavado de dinero. Tampoco el Ministerio Público investigó nada.

Con las revelaciones de los “chats” entre el presidente y la procuradora entendemos las razones por las cuales no se ha investigado nada de los panameñistas ni de Varela. La relación “amistosa” entre ambos, además de preocupante, es delictiva: el préstamo pedido al presidente para la hermana de la procuradora en el Banco Nacional, se enmarca en el delito de tráfico de influencias. También convierte en cómplice al gerente general del banco, de comprobarse que en efecto el préstamo se produjo y que su historial crediticio no era bueno.

Lo que se descubre en los “VarelaLeaks” es espeluznante. Un presidente, compadre del representante de Odebrecht en Panamá, André Ravello, con quien redacta el acuerdo de pena de esa empresa y dilata, como se había dicho, el apoyo judicial de Panamá a las investigaciones de Brasil. Que trata de controlar las noticias de un canal de televisión como TVN; que procura manipular las noticias del diario La Prensa. Que le pide consejos a la procuradora de cómo manejar la política exterior. Que dicta pautas sobre investigaciones en curso o que acepta interceder a favor de un abogado (Berguido) para que le liberen unas cuentas cauteladas. Que le dice al contralor cómo hacer su trabajo. A final de cuentas, y lo más grave de todo, es que toda la cordialidad que el presidente tenía con su “amiga” la procuradora no era gratis: recibió a cambio que no lo investigarán a él ni a la gente de su entorno.

¿Qué más nos puede salir, cuando pensábamos que lo habíamos visto todo? ¿Nos saldrá el próximo enero “Panama Papers 3.0”, con algún nuevo escándalo? Si a Hillary Clinton, el sueco Julian Assange le descubrió sus correos privados, ¿cómo se habrán filtrado los de Varela, supuestamente encriptados? ¿A quién le echarán la culpa? ¿Ante la inseguridad de los celulares, tendremos que volver a los tiempos de las palomas mensajeras?

Abogado