• 12/10/2018 02:00

1968: el golpe fue dado a un sistema dañado

En 1968 estaba todavía abierta la herida del 9 de Enero de 1964, el fraude electoral de ese mismo año, la represión de 1966 y el rechazo del Tratado 3 en 1 de 1967

En estos días en que se conmemoran 50 años del golpe militar de 1968, y por lo tanto de un giro en la conducción política del país, sin duda es importante analizar sus efectos hasta hoy en día, pero quisiera en este breve espacio recordar algunas condiciones de Panamá en 1968 y en los años previos, que forjaron las causas directas e indirectas de dicho acontecimiento.

En primer lugar debemos señalar el tipo de sistema político que Panamá tenía en esa época. Una caricatura de democracia, que estaba muy lejos de sustentar un Estado de derecho en donde imperaran la Ley y la Constitución, en donde se sucedían fraudulentas elecciones cada cuatro años, para la repartición del botín del Estado, principalmente en negocios y ventajas para las empresas de los dirigentes políticos en el poder político formal.

En lo económico y social, un sistema controlado por la concentración de la riqueza en el mismo grupito formado por familias criollas y empresas norteamericanas que lo habían hecho desde más de un siglo antes, con una clase media marginal y grandes mayorías excluidas en las ciudades terminales y en el campo, siendo que los pueblos indígenas ni siquiera eran parte de la realidad nacional, completamente invisibles, sin derechos ni libertades.

En 1968 estaba todavía abierta la herida del 9 de Enero de 1964, el fraude electoral de ese mismo año, la represión de 1966 y el rechazo del Tratado 3 en 1 de 1967. Con un Gobierno autoritario, corrupto y clientelista en manos de una fracción del mismo grupito de siempre, que incluso cuyo presidente Robles fue destituido por la Asamblea Nacional a principios de ese año 1968, siendo el poder militar el que lo mantiene en su puesto, desobedeciendo la orden del Legislativo, mediante una poco disimulada movida a través del aparato judicial.

Una campaña electoral de 1968 totalmente desprestigiada, sucia y corrupta, con resultados fraudulentos en todas las direcciones y niveles, siendo nuevamente el poder militar el fiel de la balanza electoral, al llegar a un acuerdo con el candidato opositor, Arnulfo Arias, el cual además se dedicó, luego de su ‘triunfo' a nivel presidencial, a asignar y reasignar las posiciones en la Asamblea de Diputados de acuerdo a sus intereses individuales, sin respetar voluntad popular alguna.

En resumen, en 1968 los militares finalmente asumieron directamente el control del poder político del Estado panameño. Un control que ya ejercían como árbitro desde varios años atrás, en un contexto de prolongada y profunda crisis del sistema político y la incapacidad de sus principales actores de hacer cambios positivos al respecto; por lo que a nuestro criterio es sumamente ingenuo hablar de que el rompimiento del orden constitucional solo se produce con la actuación de los militares en 1968.

Como ejemplos claros del rompimiento del orden constitucional consagrado en nuestra Carta Magna de 1946, protagonizados por el propio Arnulfo Arias, tenemos el ‘reconteo' de votos de la elección de 1948, realizado en 1949 por instrucciones del mando militar, dando como nuevo ganador a Arnulfo Arias. Como si este evento fuera poco, un año y medio después, este mismo señor, en 1951, decide, por medio de un Decreto, abolir la Constitución de 1946, adoptar nuevamente la emitida por su Gobierno anterior en 1941, cerrar la Asamblea de Diputados y dejar en el limbo jurídico a la Corte Suprema de Justicia.

Como podemos apreciar claramente, el golpe de 1968 no fue más que el cierre de un capítulo de crisis y deterioro político, económico y social, que luego de un proceso de definición temporal de liderazgos, devino, bajo la conducción de Omar Torrijos, en un proceso revolucionario de cambios en todos los ámbitos, que, aunque con sus propias condiciones y contradicciones, fue capaz de impulsar el desarrollo de sectores históricamente marginados, el crecimiento de la clase media y lograr concretar el anhelo de generaciones anteriores de panameños: acordar un calendario para recuperar el Canal de Panamá, la retirada de la presencia militar extranjera y el perfeccionamiento de nuestra soberanía y dignidad nacional.

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