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15 de Jul de 2020

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

¿Aprenderemos con el #coronavirus?

En esto del virus, que tantos problemas está causando, hemos aprendido algo; diría que mucho más de lo que jamás hubiésemos esperado. Se infectan y mueren por igual ricos y pobres; poderosos y débiles; jóvenes y ancianos.

En esto del virus, que tantos problemas está causando, hemos aprendido algo; diría que mucho más de lo que jamás hubiésemos esperado. Se infectan y mueren por igual ricos y pobres; poderosos y débiles; jóvenes y ancianos. Esa sensación de igualdad social frente a un problema no la había visto el mundo desde la II Guerra Mundial y, Panamá, con menor intensidad desde el final de la dictadura. Todavía nos falta aprender un poco más.

En 1989 sentíamos temor, pero todos por igual. Vivíamos en la inseguridad, pero por partes iguales. Nadie sabía qué pasaría; al igual que los que estaban en el poder, quizás más preocupados que los demás, por todo lo que podían perder. Estábamos pendientes de las noticias que nos filtraran los medios de comunicación extranjeros, así como hoy esperamos con ansiedad las conferencias de prensa diarias de la ministra de Salud. Al menos, hoy, tenemos la libertad de expresión que en ese tiempo se nos negaba.

Lo que aún no logró entender es la actitud negativa y de rechazo de algunos de no valorar el gran trabajo que llevan a cabo enfermeras (os), auxiliares y médicos, los más expuestos al virus. Y el irrespeto que algunos manifiestan hacia los integrantes de la Fuerza Pública, en su deber de poner orden. Sin estos profesionales de la salud y la seguridad esta pandemia no podría controlarse y nadie podría ser atendido debidamente si le detectan el virus. Ese inexplicable egoísmo debe desaparecer. Debe ser superado pronto.

Este debe ser un momento privilegiado para los gobernantes, porque estamos prestos a cambiar nuestra manera de vivir, inclusive ellos mismos. Ahora miramos con preocupación el futuro, tal como debe ser: preparándonos para los tiempos duros y difíciles. Tuvimos muchos años de vacas gordas, donde despilfarramos tanto en cientos de proyectos donde robaron a manos llenas. Ahora nos llegan los de las vacas flacas y no estamos preparados como debiéramos, si se hubieran usado juiciosa y honestamente los recursos públicos.

La crisis nos ha hecho dejar a un lado lo que nos produce satisfacción y placer. Estábamos acostumbrados a pensar que todo lo podíamos adquirir con dinero. En lo efímero y superficial. Ahora estamos obligados a pensar en prevención, en salud, en el porvenir de nuestros hijos y de nuestra Patria, tan agobiada por todo lo que pasa. El sentimiento de fragilidad que impera nos ha contagiado a todos. ¿Cuánto durará todo esto? ¿Me infectaré yo o uno de los míos? ¿Qué debo hacer para evitarlo? ¿Cómo puedo cooperar para que esto no se expanda más? Ahora mismo solo hay una respuesta: quédate en casa y cumple con las indicaciones que te den.

Todos están pagando una cuota de sacrificio muy grande. Hasta los que más tienen; vemos que la aerolínea COPA cancelará hasta el 80 % de sus vuelos y hay hoteles que están pensando suspender sus operaciones durante la crisis. Los que menos tienen ni decir, sobre todo ese gran porcentaje de la población que vive del comercio informal y los que dependen de un salario que, por la reducción obligada de operaciones, les bajarán sus entradas y pueden hasta perder sus puestos de trabajo.

Las crisis producen oportunidades. ¿Podremos aprovechar lo que ocurre? ¿Estaremos en capacidad de aprender a ser menos egoístas y menos egocéntricos? ¿Seremos capaces de pensar menos en nosotros mismos y dedicar un poco a los demás? ¿Nos daremos finalmente cuenta de que todos somos iguales ante Dios y tenemos los mismos derechos y obligaciones? Dijimos que éramos un paraíso. Que no había terremotos como en México o Nicaragua. Que no éramos susceptibles a huracanes como las islas del Caribe. Llegamos hasta decir que Dios era panameño.

Considero que el liderazgo del presidente Cortizo se ha hecho notar, aunque algunos le sugieren tomar medidas más drásticas. Sin duda que la ministra Turner ha demostrado gran capacidad y conocimiento de lo que hace. El Superintendente de Bancos, Amauri Castillo, ha mostrado sus dotes de dirigente; la Caja de Ahorros, dirigida por el sobrino Andrés Farrugia, marcó la pauta a los otros bancos al tomar medidas en favor de sus clientes. Ya la Alcaldía de José Luis Fábrega se está activando para ayudar a las 26 juntas comunales del distrito capital. En el interior, alcaldes y representantes han estado de la mano enfrentando la crisis con medidas concretas, guiando, como debe ser, a los residentes de sus distritos.

En todo esto la palabra clave es la solidaridad, la cual en primera línea deben estar las autoridades, ya que con el ejemplo y la verdad es cuando mejor aprende el ciudadano. Todos, gobernantes y gobernados, tenemos esa obligación. Ojalá que podamos cumplirla a cabalidad y con entereza.

Abogado