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11 de Jul de 2020

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Mariela Sagel

Columnistas

Para sobrellevar el confinamiento

Desde el pasado 25 de marzo nuestro país está sometido a cuarentena total, es decir, no podemos salir de nuestras casas por ninguna razón, solamente dos horas para ir a hacer la compra de comida o medicinas, y de acuerdo con el último dígito de nuestro documento de identidad, sea cédula o pasaporte.

Desde el pasado 25 de marzo nuestro país está sometido a cuarentena total, es decir, no podemos salir de nuestras casas por ninguna razón, solamente dos horas para ir a hacer la compra de comida o medicinas, y de acuerdo con el último dígito de nuestro documento de identidad, sea cédula o pasaporte. Los mayores de 60 años tenemos una hora fija, al mediodía, para salir. También se obtienen salvoconductos para aquellos que, por la naturaleza de su trabajo o condición, tienen que trasladarse de un lado para otro. Yo tengo uno que me permite llevar a mi madre al centro de diálisis donde acude dos veces a la semana.

Este encierro tiene a mucha gente en estado de desesperación, porque el panameño es generalmente muy dado a salir, a deambular por los centros comerciales (aunque no tengan dinero para comprar nada), a pasear cuando el clima lo permite (y esto nos ha tocado en pleno verano), ir a la playa, hacer deportes, visitar amigos, hacer barbacoas, reunirse con la familia. Más duro es para los niños, que, si no tienen un espacio amplio donde jugar y desahogar su inagotable energía, los enchufan a una pantalla y de allí salen zombis.

Es un momento especial para replantearse muchos de nuestros patrones de conducta y también para hacer muchas tareas que hemos pospuesto durante años. Empecemos por la lectura, tan descuidada en estos tiempos de mensajería instantánea, con miles de títulos por abordar, de todas las temáticas. Los que gozamos leyendo nos viene de perlas este confinamiento en el que nos podemos abandonar a ese vicio –si se puede llamar así— y leer todos aquellos libros que tenemos pendientes por falta de tiempo.

También es el momento de aprender algo nuevo, se han proliferado una cantidad de cursos “on line” que van desde tejer hasta armar muebles, pasando por otros muchos temas para todas las edades, como tecnologías digitales. Hoy en día no es posible pasar por esta vida sin saber lo básico en el uso de la computadora, independientemente de la edad que uno tenga. Mi madre, que cumplió 95 años el primer día de la cuarentena, usa Facebook. Es imperativo mantenernos ocupados, activos, moviéndonos, porque el sedentarismo lo que nos ofrecerá es más gordos cuando pase esta pesadilla y, en consecuencia, con alguna que otra enfermedad.

Hay que dosificar las horas en las que nos metemos en las redes sociales, porque caemos en la tentación de creernos todo lo que allí se publica y, lo que es peor, divulgar lo que puede ser falso. La plataforma de películas de “streaming” como Netflix son el refugio de muchos, pero también eso hay que manejarlo con cuidado.

La solidaridad entre familia y amigos es importante, y ésta se puede manifestar de mil formas, sea ayudando en la compra del vecino o del pariente mayor, sea en la disposición de recursos para paliar la crisis, sea en llamadas frecuentes a familiares y amistades. Hemos visto complacidos que el grupo hotelero Bern puso a disposición del Gobierno dos de sus hoteles, uno para pacientes leves y el otro para los trabajadores de la salud, que, a pesar de ser los héroes anónimos de esta lucha, son discriminados por el temor que puedan infundir a los poco solidarios, como conductores de taxis o administradores de tiendas.

La niña alemana de ascendencia judía Ana Frank estuvo confinada a un escondite en Ámsterdam por dos años, y volcó todas sus sensaciones y sentimientos en un cuaderno antes de que fuera capturada y enviada a un campo de concentración. Su libro, “El diario de Ana Frank” es famoso, ya que su padre, después que se acabó la II Guerra Mundial, logró publicarlo. Es un símbolo de la supervivencia y de la actitud ante la adversidad. No nos desesperemos si no podemos salir, los que tenemos espacio, usémoslo, pongamos música, bailemos, aunque sea solos, hagamos ejercicios en el pasillo del departamento que ocupamos, empleémonos en oficios domésticos, como barrer, trapear, limpiar, ordenar, reinventémonos. Hay que preservar la salud mental, ante todo.

Es hora también de implementar campañas educativas como la Educación Integral en la Sexualidad (EIS), que está amparada en leyes existentes, que tiene a la educación como el antídoto, la estrella de este Gobierno, y ahora, que no están laborando los docentes, pudiéramos divulgar a través de ellos, por medio de módulos, muchas materias y así no abandonar a los alumnos. Es un tema de interés para invertir el tiempo durante esta crisis, que dejaría enormes beneficios.

A diario el Gobierno nacional, que ha sido supremamente responsable ante esta crisis, llegando a ser ejemplo de los países del área, insiste en que se está cuidando la salud y la vida de los panameños. Sin embargo, no hay que olvidar que hay que acabar con este virus lo antes posible para salvar la economía del país y, en consecuencia, los trabajos y el pan que todos llevamos a casa. Si bien no todos nos vamos a enfermar, a todos nos van a afectar las consecuencias de la grave crisis económica que está causando a nivel mundial este maldito virus, especialmente a los más vulnerables.

Arquitecta