Temas Especiales

10 de Jul de 2020

Juan Manuel Castulovich

Columnistas

CSS: ¡despacio y con buena letra!

Vivimos tiempos extraordinarios, que generan reacciones de todo tipo y naturaleza; algunas muy positivas y otras no tanto. En tiempos como estos es consecuente que también surjan nuevos protagonistas; unos con gran sentido de responsabilidad que se adecúan a la nueva situación y se manejan acorde a una valoración razonada del sentido de oportunidad, pero, a su vez, es inevitable que aparezcan en escena muchos que no saben ajustar sus conductas a esa reconocida virtud.

Vivimos tiempos extraordinarios, que generan reacciones de todo tipo y naturaleza; algunas muy positivas y otras no tanto. En tiempos como estos es consecuente que también surjan nuevos protagonistas; unos con gran sentido de responsabilidad que se adecúan a la nueva situación y se manejan acorde a una valoración razonada del sentido de oportunidad, pero, a su vez, es inevitable que aparezcan en escena muchos que no saben ajustar sus conductas a esa reconocida virtud.

En estos momentos, por ejemplo, desborda todo sentido de oportunidad que, desde ahora, cuando la prioridad indiscutible es superar la pandemia, algunos, a cuatro años de las elecciones, insistan en adelantar los tiempos político, buscando resquicios para tratar de sacarle punta a todos los temas y matizarlos de intereses preelectorales.

Igualmente, está completamente fuera de lugar que otros, a contracorriente de lo que aconseja la más elemental prudencia, quieran precipitar el debate sobre las medidas que deberán tomarse para afrontar la crisis de la seguridad social. En un tema que, por su importancia y trascendencia, si bien se impone una pronta atención, no caben las prisas contraproducentes. Para que las soluciones lleguen a buen puerto, primero se deben identificar y establecer algunas precondiciones, antes de que comiencen a analizarse las posibles soluciones. En este caso, un principio de sana lógica aconseja que sería imprudente tratar de poner a rodar la carreta sin, previamente, instalarle las ruedas apropiadas.

La primera de esas precondiciones es contar con estados financieros debidamente actualizados y auditados. Ese es un requisito imprescindible, tal y como, desde la campaña electoral, con total responsabilidad señaló el presidente Cortizo.

La segunda precondición debe ser determinar la sede -que no sería prudente que fuera dentro de la propia institución- en la que se desarrollará el Gran Diálogo Nacional propuesto por el presidente Cortizo. La sede natural debe ser la propia Presidencia de la República. Por la envergadura del tema y porque después de la pandemia aclarar el futuro del Seguro Social es el tema prioritario y el principal reto de su administración, sería conveniente que el presidente Cortizo asuma, desde luego con los asesores que estime prudente, la presidencia de ese Gran Diálogo Nacional.

La tercera precondición debe ser la cuidadosa selección de los sectores a los que se invitará a participar, para garantizar, uno, su representatividad y, dos, que no se excluya a nadie que deba estar. Como es previsible que algunos sectores insistirán en asumir preeminencias por encima de otros, desde su convocatoria sería aconsejable pedirle que las moderen. A esos efectos, una o dos reuniones preparatorias podrían ser de suma utilidad.

Una cuarta precondición que puede ser clave para alcanzar resultados efectivos es la puesta a un lado de los preconceptos y de las posiciones político-ideológicas. Conocido es que algunos de los sectores con más incidencia, tanto en las decisiones que competen a su Junta Directiva como al funcionamiento de los diferentes programas de la institución, han, desde hace un buen tiempo, expuesto “sus soluciones” y con marcada insistencia sus posiciones y propuestas de cómo debe orientarse filosóficamente la institución, que incluyen hasta su desmembramiento.

Sería iluso esperar que esas posiciones no vuelvan a ser planteadas, sin embargo, sería absolutamente impráctico que el diálogo se oriente, en sus etapas primarias, hacia la discusión de esos tópicos que, no hay que ser clarividente para saber que caldearían el ambiente desde sus inicios. Lo aconsejable es que las primeras sesiones del diálogo no se dediquen a temas matizados ideológica ni políticamente, sino a que los participantes se adentren, en la forma más amplia posible, en las realidades tanto financieras como operativas de la Caja. En otras, palabras, que los participantes aparquen, en las etapas iniciales, las diferencias conceptuales que conocidamente los separan, para concentrarse en aquellos aspectos que requieren atención prioritaria: la situación financiera de sus programas, y muy especialmente, el de Invalidez, Vejez y Muerte.

La situación de la Caja de Seguro Social requiere de atención pronta y efectiva. Ella era crítica antes de la pandemia, que la ha agravado exponencialmente y la búsqueda de las soluciones no puede esperar. Pero precisamente por su gravedad, lo recomendable es evitar las precipitaciones. El presidente Cortizo la ha situado en su correcta perspectiva y ha propuesto la ruta correcta. Lo importante será no desviarnos.

Abogado