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23 de May de 2022

Columnistas

Un ejemplo para seguir

“[…], la tarea inmediata de la Cciap, […], será desarrollar las estrategias que le permitan alinear su propósito -de promover, conectar y defender a la empresa privada- con el mandato ciudadano expresado en los Acuerdos”

La semana pasada, la Coordinación Ejecutiva Nacional del Pacto del Bicentenario Cerrando Brechas, y la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (Cciap) llevaron a cabo la firma del Compromiso al Mandato Ciudadano del Pacto del Bicentenario, con el objetivo de dar seguimiento cercano a los resultados de este proceso ciudadano, democrático y participativo.

Es una buena noticia y un ejemplo para seguir, pues para contribuir con la solución de los problemas de inequidad del país y cerrar las brechas de desigualdad, los panameños tenemos que desarrollar, como subrayó en su momento la coordinadora ejecutiva del Pacto, “un espíritu de corresponsabilidad en la ejecución de estos acuerdos”. El gran reto en esta etapa de implementación es que más actores se sumen con optimismo a las tareas necesarias para que estos acuerdos se conviertan en resultados visibles, importantes y necesarios para, como espera el presidente de la Cámara, “corregir desigualdades históricas y deficiencias institucionales, a través de políticas públicas que permitan al país alcanzar su potencial”.

A estas alturas, algunos lectores pueden estar pensando que la Cciap, se mantendrá fiel a su propósito, de promover, conectar y defender a la empresa privada. Yo opino que es legítimo, pero es consistente con la necesidad de sumarnos y buscar puntos de encuentro. Este asunto no es del patrimonio exclusivo del Gobierno y requiere obligatoriamente, como reza la misión de la Cámara, del trabajo activo del sector privado para procurar el crecimiento de la actividad comercial, industrial, agrícola y de servicios, además, de cooperar en el estudio de los problemas económicos y sociales que afecten la economía del país.

Pero tampoco podemos los ciudadanos dormirnos sobre nuestros laureles y esperar que el Gobierno y la Cámara ejecuten, sin ningún control social, una estrategia de desarrollo con equidad, que promueva e introduzca los cambios necesarios en el modelo económico, a fin de alinear, como recomienda la Cepal, las políticas públicas para el gran impulso a la sostenibilidad como eje de la recuperación económica que necesitamos. Será obligatorio pues, que la ciudadanía ejerza de manera efectiva, sin aspavientos ni agendas políticas, su derecho al control social de la gestión del Gobierno y las instituciones que se sumen en esta empresa.

“[…] tampoco podemos los ciudadanos dormirnos sobre nuestros laureles y esperar que el Gobierno y la Cámara ejecuten, sin ningún control social, una estrategia de desarrollo con equidad […]”

Dicho lo anterior, démosle una mirada a lo que representaría el compromiso del gremio de la Cciap con esa hoja de ruta ya definida por la ciudadanía en los Acuerdos, y hagamos votos para que otros posibles actores sigan el ejemplo y manifiesten su apoyo al mandato ciudadano del Pacto del Bicentenario.

Para comenzar, como señala el informe final del Pacto, en las propuestas de la ciudadanía, aparecen cuatro percepciones recurrentes. La primera es que se demanda más presencia y vigencia de las instituciones y autoridades a lo largo del territorio. Al mismo tiempo se señala que el Estado panameño debe superar su centralismo, que no esté recluido en la ciudad capital, sino que extienda su actuar por todo el territorio. La segunda percepción es la demanda de superación de la desigualdad y la promoción de inclusión social. Se manifiesta también en la crítica a la desigualdad económica, a la discriminación en la distribución de los servicios y beneficios sociales y de las oportunidades de emprendimiento. La tercera se refiere a la demanda por mejores soportes para afirmar y desarrollar la vida y la identidad colectiva, desde las infraestructuras para la vida comunitaria, como escuelas, plazas, recintos deportivos, mercados, hasta el cuidado de los bienes culturales, el patrimonio y las memorias colectivas. La cuarta demanda recurrente es que los marcos legales que existen formalmente, sean dotados de las capacidades y voluntades del Estado y sus autoridades para exigir su implementación efectiva y su cumplimiento cabal. En el fondo, como subraya el informe final, lo que se demanda es inclusión y cohesión.

Una mirada especial requiere la necesidad de poner la economía al servicio de la gente. En este sentido, como señala el informe final, si bien el rol principal en la superación de las brechas de bienestar y cohesión social se le atribuye al Estado, también hay un lugar importante en las menciones para el rol del mercado, y en este caso, la Cciap. Las propuestas y deliberaciones son claras en señalar la necesidad de fortalecer la dinámica económica. En los textos se observa de manera transversal la demanda por ampliar los mercados, facilitar el acceso a ellos, distribuirlos territorialmente y facilitar la llegada a los mercados internacionales. Pero no se trata de un énfasis en el crecimiento económico de cualquier manera o a través de cualquier tipo de mercado. Hay una suerte de demanda de “democratización de los mercados”. Eso favorecería una cultura del emprendimiento distribuido social y territorialmente que ampliaría las condiciones de autonomía personal y de las comunidades locales. Por la otra, también se les exige a esos mercados incentivar la producción de manera medioambientalmente sustentable.

En este contexto, la tarea inmediata de la Cciap, para cumplir con el compromiso suscrito, será desarrollar las estrategias que le permitan alinear su propósito -de promover, conectar y defender a la empresa privada- con el mandato ciudadano expresado en los Acuerdos.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).