Cientos de familiares y amigos se congregaron en la explanada donde se celebró el Festival Nova, lugar de la mayor masacre dentro de la oleada de ataques...
- 07/03/2010 01:00
Carta a monseñor Ulloa
Su Excelencia Reverendísima
José Domingo Ulloa :
Un saludo fraternal en Cristo Jesús para Usted y a los Obispos de nuestra Iglesia Católica. Me uno a las miles de felicitaciones por su designación como Arzobispo Metropolitano.
Me atrevo a escribirle, porque me siento comprometida con mi Iglesia Católica y con mi país. Lo que a continuación señalo, no está de más recalcarlo y le confieso que muchas veces me he de sentir desanimada, porque, por más que se haga, la solución parece bastante distante.
Y, empiezo por señalar los constantes ataques de la sociedad debilitando los cimientos de la familia panameña, la más importante y fundamental de todas las instituciones sociales. Hay quienes opinan que la familia es un estorbo y que debe desaparecer. Son grupos y personas influyentes que tienen un gran poder nefasto sobre la conciencia de la gente. Solo hay que dar una ojeada a los programas en vivo y novelas que se transmiten en los canales de más audiencia.
Y, esto sucede porque nos hemos convertido en un país carente de un sistema educativo calificado, en que maestros, profesores y autoridades educativas sumidos en una batalla sin fin, parecen estar instalados en una cultura retardada que pareciera no darle oportunidad a la futura generación de hombres y mujeres con capacidad de compromiso con la dimensión social, política y cívica del país.
Los sentimientos del hombre y la mujer parecen venderse y al mejor postor. El panameño es muy dado a vivir de las apariencias, y a no enfrentarse con responsabilidad a los problemas del diario vivir, sean estos económicos, familiares o de otra índole. La indolencia, la dependencia al alcohol y a las drogas, la violencia, la degradación del sexo, el apego a los bienes materiales y el creerse mejor que los demás, son formas de vida adquiridas que ocupan un lugar en la vida de muchos y una forma de llenar un vacío afectivo y existencial.
El amor a la patria se manifiesta por los valores que transmitimos como ciudadanos conscientes: en el manejo de nuestra conducta en el seno del hogar, en el trabajo, en nuestros modales, en el respeto a las normas y costumbres; pero, de qué sirve tener una actitud recta cuando algunas de las autoridades transigen con la trampa, el abuso y el engaño, porque sienten una atracción y excitación muy intensas ante ciertas cosas como el despotismo, el dinero, la seducción por la fama, la obstinación, el protagonismo y el poder.
Los políticos necesitan una dosis de humildad para restaurar la idea clásica del servicio público. Esto exige que el poder se ejerza en función del bien común. Si no hay el trasfondo del bien común, difícilmente el poder tendrá esta capacidad de expresar lo que la gente requiere.
Monseñor Ulloa, está de más decirle que hay que seguir insistiendo, buscando y proponiendo los medios para poder solventar éstos y otros muchos problemas que nos aquejan. Y, me siento con la plena seguridad y esperanza de que algo bueno nos espera cuando Usted manifiesta que sus prioridades en su administración estarán centradas en fortalecer el trabajo con las familias, los jóvenes y, fundamentalmente, la catequesis. Yo respaldaré todas sus acciones para adecentar todo esto, sin olvidar que el compromiso es de todos.
De esto se trata la grandeza del Seño r.
*Especialista de la conducta humana.gemiliani@cableonda.net