• 01/11/2015 01:00

“Más escuelas y menos cuarteles”

Con esta consigna el Movimiento Estudiantil panameño, en mayo de 1958, inició una jornada de lucha en contra de la militarización del país. 

Con esta consigna el Movimiento Estudiantil panameño, en mayo de 1958, inició una jornada de lucha en contra de la militarización del país. La convocatoria la realizó la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP), a través de la Unión de Estudiantes de Secundaria (UES). Se trataba de rechazar la militarización del país. Duramente reprimida por la Policía Nacional, muere en esa heroica coyuntura el estudiante José Manuel Araúz. Hubo una dura represión de parte del Gobierno de Ernesto de la Guardia y una huelga nacional de brazos caídos.

La profundidad de esa consigna conduce a entender que la inversión de esos términos es el camino correcto para la construcción de conciencias y de hombres probos, comprometidos con la nación. De lo que se trata es de eso: más educación y menos cárceles.

La fuerza de las armas e incluso de los Gobierno siempre debe ceder a la educación, porque allí está el camino del rescate.

Desafortunadamente, la situación por la que atraviesa uno de los principales componentes de la sociedad —la educación— es trágica. El estado ruinoso de las estructuras físicas, que ha llevado al cierre de escuelas, unido a los vergonzosos resultados del Programa Internacional (Pisa) que no dejan bien parada la educación ni al país; al ensayo y error de una jornada extendida, al enredo del currículo y la histórica confusión de un sistema que no arranca, sino que retrocede con celeridad, deben llenar de espanto a los nacionales y particularmente de pena e ignominia a cualquier Gobierno.

No es de preciar las estadísticas económicas de crecimiento, como si se tratara únicamente de lo más importante. Eso, puede servir mucho para la ‘imagen gubernamental '. Lo verdaderamente importante es que el mismo revierta con un notorio significado a los sectores sociales sensibles, como es el caso de la educación. Si eso ocurre, no existiría el Penal de Isla Coco, construido por los norteamericanos en el año 2014 como base naval a un costo de $73.5 millones y hoy receptáculo de cabecillas de bandas delincuenciales. Y de pronto tampoco, existiría, la numerosa población de privados de libertad, que vista en perspectiva ha de obligar a la construcción de nuevas cárceles.

Lo que el país necesita son más y mejores escuelas aptas para el desarrollo de la tarea educativa. En un país en donde los millones constituyen el lenguaje de moda, porque aquí se habla de eso, no es posible tener ‘escuelas ranchos ' y pensar al mismo tiempo en habilitan áreas penales para delincuentes de ‘alto perfil '.

En definitiva, hay algo que termina por no cuadrar. Y es el hecho de que el rezago educativo, que tiene causas históricas y presentes, no puede ser superado con discursos de pasillos con apariencia demagógicas.

El país requiere una declaratoria de urgencia nacional sobre la educación panameña. Enferma como está, requiere de un tratamiento científico eficaz que defina con toda la claridad la sociedad que requiere el hombre panameño del siglo XXI.

DOCENTE UNIVERSITARIO.

Lo Nuevo