Los familiares de los presos políticos en Venezuela cumplen este lunes, entre la fe y la impaciencia, la quinta noche de espera de nuevas excarcelaciones...
Primero, les recuerdo que estamos finalizando la segunda década del siglo XXI, para que estemos claros. Es noticia vieja de que el Sol es el centro del sistema solar y una serie de planetas, incluyendo nuestra casa, la Tierra, giran alrededor de ella. Es noticia vieja pero, hace un tiempo (poquísimo tiempo en períodos universales), decir eso en voz alta, le costaría la vida o la libertad al atrevido.
Pero hemos avanzado. Por ejemplo, encontré que “Los científicos están trabajando en la creación de un dispositivo que pueda traducir la señal cerebral al habla audible utilizando un sintetizador de voz. Esto serviría como una herramienta increíble para comunicarse con personas paralizadas por enfermedades o lesiones traumáticas. Además, los científicos han descubierto que pueden usar estos dispositivos en pacientes epilépticos para aislar la fuente de sus ataques”. Eso fue publicado en la revista digital Biomedical en un artículo escrito por Sashi Mahoto.
Tres temas ocupan la atención pública en los últimos 15 días que me llevan a las reflexiones de hoy: 1)- Las discusiones sobre los cambios constitucionales; 2)- Los VarelaLeaks y, 3)- El golpe de Estado en Bolivia. Sobre el primero creo que se ha desviado considerablemente a discutir el tema del matrimonio igualitario, afectando los otros asuntos constitucionales que tienen el objetivo de corregir fallas más críticas que amenazan la paz social; verbigracia: el tema de la justicia.
En todo caso, mi opinión sobre el matrimonio igualitario la pueden leer en un artículo de mi autoría titulado “Semántica, derechos y libertad”, en el siguiente enlace: https://www.laestrella.com.pa/opinion/columnistas/170710/derechos-libertad-semantica. Fue publicado en este espacio el 10 de julio del año 2017. Al cabo de dos años, no veo razón para editarlo ni aclarar absolutamente nada.
Una de las cosas que todo pensador tiene la obligación de hacer es dudar, más cuando pretende que sus opiniones sirvan de guía para el resto de la ciudadanía o cuando su “honesta” intención es la de contribuir a un mejor entorno sociopolítico y cultural. No puede ser que, con la sospecha que compartimos todos sobre el origen de los VarelaLeaks, no ejerzamos prudencia en el proceso de opinar, señalar y condenar.
Como escribí la semana pasada, no es mi intención eximir al expresidente Varela de algún asunto dudoso o cuestionable. Pero, es más que evidente que cualquiera puede alterar el hilo de un intercambio electrónico para servir sus intenciones: buenas o malas. Así de sencillo. Por consiguiente, cualquier análisis, juicioso o por deporte, goza de poca credibilidad. Puede que todo lo que se haya publicado sea cierto, pero igualmente, puede que todo sea falso. Y si parte es cierto y otra parte está alterado, el beneficio de la duda entra en efecto. Al final, la intención de los que lo publicaron, es joder; un peligroso, pero enfermizo juego entre grupos económicos, políticos, sociales… lo que sea; pero poco tiene que ver con avanzar causas en beneficio de los más necesitados.
Sobre el tema de Bolivia el asombro es particularmente trágico. Por las informaciones puntuales, tenemos una idea de lo que sucedió: se ha dado un golpe de Estado a un presidente en el ejercicio de su mandato (cierto que hay temas alrededor que son discutibles: fraude, perpetuarse en el poder, matraqueo electorero, etc.), pero el término de su mandato era enero de 2020. Hay evidencias de la injerencia de los militares y la policía en la toma del poder. También hay evidencias claras sobre la presencia de la Iglesia evangelista y fanáticos declarados, con un discurso revanchista y de odio hacia el presidente, sus seguidores y los indígenas.
Mientras algunos buscan la manera de salvarnos de los males por medio de la investigación científica, el discurso de odio y tirria religioso se manifiestan claramente y es de preocupación. Aquí, en Panamá, hay evidencias de esa intolerancia religiosa que busca confinar a la sociedad entre las limitaciones de su fe y la divinidad. Y ahora ejecutan sus ideas con violencia y agresividad.
Los que están detrás de los VarelaLeaks, y los que levantan la Biblia como la salvación, deben entender que la libertad del siglo XXI se trata de que todos podamos construir una vida plena con la intención de ser felices, estar sanos y sin el control y el dominio de unos sobre otros.