• 02/05/2019 02:00

‘Jaque mate'

‘Todos los competidores se echaron al hombro esta tarea, pero al final solo uno es el ganador'

La atmósfera fue muy limpia, las reglas, extremadamente claras, las fichas se movieron con total libertad en todas las direcciones permitidas, no se registraron insubsanables obstáculos en el tablero de juego, la comunidad no fue víctima de asfixiante propaganda electoral, los debates fueron ilustrativos, los candidatos actuaron y hablaron con plena libertad, el clamor popular le llegó al oído a los contendientes y estos tuvieron la oportunidad, en varias ocasiones, de exponer sus ideas con sus propias palabras y gestos. Pero solo uno es el ganador. Las diferentes propuestas pasaron por el tamiz de la reflexión, que, a pesar de vivir su ocaso, no abandonó las gradas. Una vez más se demostró que el voto reflexivo ayuda al puntaje y siempre se necesita, pero el grueso del triunfo reposa en la destreza de comunicar un mensaje impactante, corto, significativo, positivo, popular, creíble y viable, dentro de los efectos de una larga lista de necesidades e inquietudes ciudadanas. Todos los competidores se echaron al hombro esta tarea, pero al final solo uno es el ganador.

Caminatas, diálogos, pactos firmados con la sociedad organizada, entrevistas, discursos, eventos masivos, debates televisivos, foros, reuniones políticas, encuentros públicos y hasta cabalgatas, sirvieron de vehículos para transmitir el proyecto de Gobierno que lograra atraer el interés del electorado. No se trató únicamente del contenido de la oferta. Importante también fue la imagen del portador de la misma, no como sujeto cosmetológico, sino como dueño de virtudes indispensables para saber gobernar, tener esa capacidad necesaria de aunar esfuerzos diversos tendientes a solucionar problemas precisamente de una sociedad tremendamente diversa que clama por medidas permanentes, producto de decisiones planificadas, con visión de futuro, de un trabajo en equipo y muy profesional; una intensa labor por reagrupar las fuerzas que hoy andan dispersas, intentando consolidar el crecimiento de nuestra economía y el fortalecimiento institucional. Es indudable que este fue el reto de todos los candidatos a la Presidencia de la República. Incuestionable también resulta que las plataformas utilizadas para ello no fueron iguales ni condujeron al mismo final. Esa propiedad de dirigente capaz de sentarse con agentes disímiles que comparten un mismo hábitat, donde no hay cabida para enojarse ni para espetar bulliciosas delaciones de males endémicos de nuestra sociedad; de un guía amo y señor de la ecuanimidad que requiere gobernar un pueblo de variados y, muchas veces, contradictorios colores sociales; del faro que iluminará el camino para superar las protestas por una sólida convivencia pacífica indefectiblemente encaminada al bienestar general; el timonel de una nave que es enemigo de hundir al pueblo necesitado en el fondo del mar de los inciertos, largos y repetitivos procesos de reformas superestructurales en perjuicio de apremiantes necesidades sociales; ese estadista que necesitamos como presidente, que no le tiemblen las manos en la defensa de los intereses nacionales, dentro y fuera del territorio panameño, no caló entre los 7 candidatos como un denominador común. Solo uno fue el ganador.

Ese que supo dominar la brevedad, que se desempeñó con base a sus fortalezas y la de los demás, quien entendió la importancia de delegar y consultar, el que calibró con eficacia toda la información pertinente para una campaña exitosa, aquel que, haciendo honor a la sabiduría, convirtió en hábitos su conducta política; el que cultivó mejor la organización y la disciplina, logrando desencadenar una maquinaria impactante a nivel nacional; ese aspirante que no se dejó inundar por el ruido de palabras e imágenes cargadas de negatividad; quien, con excelencia y determinación, reiteradamente colocó a Panamá como su única prioridad conceptual; el candidato que pudo proyectar sus propuestas sin ataduras a ningún pasado, sino con optimismo hacia un futuro promisorio, pisando con firmeza el presente; ese que demostró fehacientemente saber filtrar los contenidos que ingresan a su cerebro, controlando sus emociones, cultivando su paz interior, enriqueciéndonos con su capacidad de pensar; el potencial presidente que, con el debido conocimiento y dedicación, señaló con precisión la existencia de oportunidades en medio de los problemas; en suma, ese que demostró comprender a cabalidad la estructura de funcionamiento de un Gobierno de aciertos y que posee las cualidades necesarias para transformar sus palabras en hechos; este es quien puso en ‘jaque mate' a los demás. Poner orden en el Estado y ofrecer actuaciones diferentes, en un ambiente hostil a ello, demandaba un agudo empeño en la estrategia electoral, que facilitara a la población tomar una decisión final, en forma sencilla y diáfana. ¿Cuántos candidatos lograron este cometido? En el camino, algunos sucumbieron al caos que se genera cuando se enfrentan fuerzas que se rehúsan al paso del tiempo y otras que empujan un cambio real en positivo y para avanzar; sucedió al momento en que confundieron sus deseos con las necesidades populares. Al final, solo uno ganó: Nito Cortizo.

ABOGADO

Lo Nuevo