• 05/11/2023 00:00

Me duele Panamá

Vender a Panamá, es vender a su gente, a su cultura, a su fauna y flora, sobre todo, a su propia madre

En el ajetreo diario, a menudo nos vemos atrapados en la vorágine de la vida moderna, persiguiendo metas y cumpliendo plazos sin detenernos a reflexionar sobre el valor del tiempo. Nos encontramos en una búsqueda constante de éxito, comodidades y reconocimiento, pero rara vez recordamos que el tiempo es nuestra mayor riqueza.

Los linderos de nuestra existencia albergan un tesoro que hemos heredado de antecesores y que debemos resguardar para las sucesivas generaciones.

En este cruce de caminos, nos encontramos con una decisión trascendental: El contrato minero,  todo con relación a un presunto soborno corrupto. Este es un dilema ético que nos desafía a escoger entre la luz de la integridad y la oscuridad de la codicia.  Ahora quiero mencionar que la corrupción política es una sombra que se cierne sobre la esencia misma de la democracia y la administración pública y privada .

Un fenómeno que, como un virus sigiloso, carcome los cimientos de la confianza en las instituciones y debilita la promesa de un gobierno justo y equitativo. A medida que observamos el nefasto crecimiento de este cáncer en nuestra sociedad, debemos adentrarnos en el abismo de su comprensión y reflexionar sobre sus raíces y consecuencias. Vender a Panamá, es vender a su gente, a su cultura, a su fauna y flora, sobre todo, a su propia madre. “El que no quiere a su patria, no quiere a su madre”.

Uno como ser humano quiere siempre a las raíces de donde viene y no deja pasar por alto cualquier beneficio, pues siempre uno quiere lo mejor para su hogar.

Me duele Panamá. Me duele escuchar los discursos políticos sin saliva con el fin de ocultar o “chifiar” la situación. Me duele ver a mi pueblo luchando por su madre y ver cómo es reprimido por sus propios hermanos. Me duele sentir cómo exprimen el alma de Panamá hasta que solo quede el vacío de la codicia, un tesoro saqueado que, una vez agotado, dejará un eco vacío en lugar de la riqueza que una vez fue.

Esta determinación es un juramento en nombre de la justicia social y la igualdad, como un faro que ilumina el oscuro camino de la desigualdad. La minería, a menudo, es un cetro que corona a una minoría, mientras sume a la mayoría en las sombras de la opresión.

Al renunciar a la minería, estamos tejiendo un tapiz donde los hilos de la equidad y la solidaridad se entretejen en un telar común, un manto que resguarda el bienestar colectivo, no solo los bolsillos de unos cuantos privilegiados y políticos nacionales.

No me quedaré silente ante el dolor que siento, mi amada Panamá, aunque tus heridas me laceran el corazón. Lucharé como un guerrero incansable, como el eco inmortal de la naturaleza, para restaurar la grandeza que te han arrebatado, devolviendo a tus tierras y a tu gente la dignidad que les pertenece, como un orfebre que restaura una joya deslucida por el tiempo.

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