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- 02/04/2015 02:00
"La política es sucia y corrompida"
Los políticos son siempre lo mismo, prometen construir un puente, aunque no haya río... y durante el periodo electoral, besan, cargan y saludan a cuantos niños y adultos vean, aunque después cambien su número celular, los ignoren en WhatsApp, se olviden de sus vecinos y se rodeen de seguridad; te prometen un real cambio social, la disminución del costo de la vida, trabajos dignos, cincuenta y ocho dólares en tu bolsillo y cualquier cantidad de subsidios, tanto para bien, como para mal; y por sus malas acciones los ciudadanos no se limitan de renegar y sostener que ‘la política es sucia y está corrompida’, sobre todo por estos días en que sale a relucir un sinfín de procesos penales por corrupción, enriquecimiento injustificado, peculado y demás delitos, presuntamente perpetrados por aquellos que fueron a administrar la cosa pública, con el propósito de procurarse un particular cambio en sus vidas, con fondos públicos que debieron llegar a la ciudadanía para su desarrollo social.
Si hay dos cosas que no podemos negar, son que el destino de los pueblos lo dirigen las fuerzas políticas que llegan al poder por encargo del elector, pero que al encumbrarse se olvidan de que su gestión debe propiciar a toda costa el bienestar de todos los miembros de la colectividad, dejando de lado sus intereses personales y lineamientos partidistas; de igual modo no podemos callar que la pervertida clase política es reflejo de un número plural de panameños y panameñas que, en su depravación, elige como gobernantes a quienes más beneficios particulares le concedan.
La política como ciencia y arte de gobernar no tiene capacidad de ser inmoral, somos nosotros, los entes vivientes (algunos con más defectos que virtudes), quienes le damos sentido y aplicación práctica a la política. Somos nosotros los que la hacemos indeseable; y digo nosotros, pues somos culpables al elegir políticos envilecidos, que prostituyen la política, quizá con el afán de ahuyentar a las personas aptas y profesionales del desbarajuste que crean, y así nos mantengamos quejándonos y sufriendo del desgobierno a todos los niveles y en todos los sectores públicos.
No podemos seguir, como pueblo sensato, viviendo en la incredibilidad y sumidos en una apatía, pensando en qué será de mañana en medio de congoja y desalientos. Es preciso que hombres y mujeres buenos, hagamos buenos a los partidos, pues los malos ni lo hacen ni lo harán. Además es necesario, que el pueblo deje de votar por aquellos a quienes les va a pedir al ser electos, pues de seguro se pasarán un quinquenio lamentándose y defraudados ante las esperanzas insatisfechas. Los votos deben ser de solución, deben corresponder a programas concretos y racionales, realizables dentro de las circunstancias y los recursos disponibles.
Nuestro deber es interesarnos en cuidar la política, eligiendo políticos sensatos con base a propuestas coherentes; exigiendo una reingeniería estatal, mediante una constituyente que imponga un nuevo sistema social; nuestro deber es seguir participando de la política después de culminado el torneo electoral, fiscalizando e incidiendo en las tomas de decisiones y ejecución de políticas públicas; pues, como soberanos, es nuestro derecho el participar y preocuparnos por elevar políticos estadistas, que más que pensar en las próximas elecciones, trabajen desde hoy por las próximas generaciones.
ABOGADO