• 22/06/2010 02:00

Mitos sobre el voto estudiantil universitario

A raíz del referéndum efectuado recientemente en nuestra Universidad, en el que el estudiantado se volcó mayoritariamente por la NO modi...

A raíz del referéndum efectuado recientemente en nuestra Universidad, en el que el estudiantado se volcó mayoritariamente por la NO modificación de la ley universitaria, se han esgrimido ciertos argumentos que en nuestra opinión, con todo el respeto que cabe, son argucias míticas en el debate político, más no la explicación científica de tales resultados. Procuraremos desmitificar algunos de ellos.

Primer mito: El voto NO de los estudiantes es el fruto de la influencia que tuvieron los medios de comunicación de masas sobre ellos.

Este argumento, muy similar al anodino juicio hecho frente a los resultados de las últimas elecciones presidenciales, le otorga una omnipotencia insuperable al papel jugado por los medios de comunicación social, a tal punto que soslaya las condiciones materiales y la experiencia personal y colectiva que envuelven la realidad de la población receptora de tal o cual mensaje.

En este sentido, dicha idea estaría negando lo que la Sociología hace rato demostró científicamente, tal es, que para que un mensaje difundido a través de los medios de prensa, quienes la leen, escuchan o ven, lleguen a creer en él y lo hagan suyo, se requieren condiciones materiales que sean suficientemente coherentes con dicho mensaje.

En el caso de nuestra Universidad, por ejemplo, no dudo que mis estudiantes de la Facultad de Medicina, de Humanidades o de Ciencias Naturales, hubieran asumido una conducta electoral distinta, si no vivieran desde hace algún tiempo carencias institucionales en su experiencia cotidiana, tales como: la falta de adecuada logística y de métodos efectivos para los aprendizajes, así como lo inadecuado de contenidos curriculares que docentes jubilados(as) siguen impartiendo (según me lo plantean los propios alumnos) con el inevitable resultado de divorciarlos de las nuevas realidades socioculturales y laborales, razón suficiente para que evolucione cierto malestar entre el alumnado.

Pero este malestar, no resulta ser un espantajo exclusivo en estas carreras, sino la tónica general en nuestra institución. La campaña por el NO desde los medios de prensa fue coherente con el malestar estudiantil, pero de no haber sido así, esa campaña no hubiera tenido efecto en el comportamiento electoral.

No negamos que algunos medios de prensa le tienen planteada una escaramuza a la actual administración universitaria. Pero esto no contradice que fue el SER (la experiencia cotidiana estudiantil) más que la opinión exterior desde los medios, la que determinó la opción electoral de los alumnos(as) de nuestra primera casa académica del país.

Segundo mito: El voto ponderado le otorga la decisión mayoritaria de las cuestiones universitarias a los que más saben de ella.

Esta forma de pensar antidemocrática, revela la misma actitud elitista de quienes estimaban, hasta los años cuarenta del siglo pasado, que las mujeres no tenían la capacidad de opinar en las decisiones de nuestro país. Son actitudes que divagan entre el desprecio a grupos ‘inferiores’ y el temor a perder escalones de poder (como la comodidad de recibir jugosos salarios, sin temor a sanciones por ser un funcionario incompetente).

¿A quiénes se debe una Universidad? A los estudiantes; esto implica que si el conjunto de ellos y no sus élites, están efectivamente bien atendidos(as) desde el punto de vista de su formación profesional y disciplinar, no cabe esperar que muestren comportamientos electorales propios de ‘cretinos’ en los asuntos universitarios.

Por ende, no habría por qué temerle al voto universal (una persona, un voto).

¿Será que se reconoce que en la Universidad no les facilitamos las herramientas para desarrollar el pensamiento crítico, que los vacuna de cualquier campaña malsana desde los medios de comunicación? ¿Será que hay temor por no poder manipular electoralmente a miles, más sí a algunos cientos (a las dirigencias y sus allegados)?

Sin duda, a los(as) próximos(as) candidatos(as) a la Rectoría, les tocará enfrentar ese tipo de retos desmitificadores.

Quien esté a la altura de estos desafíos, contará con el voto mayoritario.

*SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

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