• 24/05/2026 00:00
Entrelíneas

Transición democrática en Venezuela

Panamá se ha convertido en el epicentro estratégico de la resistencia venezolana. La histórica cumbre de la oposición, convocada por María Corina Machado y respaldada por figuras clave, consolidó en suelo istmeño un bloque unificado. El liderazgo de Machado, firme y enfocado en sumar, demostró una madurez política incontestable en un momento donde la dispersión sería un suicidio institucional. Hay que reconocer que la captura de Nicolás Maduro abrió, en apenas unos meses, una escena de cambio que parecía imposible. La liberación de presos políticos evidencia grietas en el muro dictatorial; sin embargo, sería una irresponsabilidad confundir este reajuste con una democratización real. La historia latinoamericana advierte sobre el peligro de las aperturas controladas en institucionalidades profundamente erosionadas. El régimen no ha claudicado; busca reconfigurarse. Para evitar el autoengaño, la única vara de medir son unas elecciones libres, competitivas y transparentes. Ello exige un árbitro electoral independiente, garantías plenas para el retorno de los exiliados y el restablecimiento inmediato de una prensa libre, sin amenazas, indispensable para fiscalizar el proceso y dar voz a los sectores más vulnerables. Este terreno es frágil. Por eso, los países democráticos del hemisferio deben respaldar firmemente esta transición institucional, bloqueando cualquier intento de simulación política. La ciudadanía venezolana es la única que debe decidir su destino en las urnas. Una puerta abierta no es una salida; solo lo será cuando el voto sea verdaderamente libre, devolviendo la esperanza a una nación que exige elegir su futuro sin miedo.

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