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05 de Dec de 2019

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Redacción La Estrella de Panamá

Entre Líneas

Costumbres dañinas

El problema subsiste y se perpetúa en el tiempo, porque las autoridades no hacen mucho o nada por atacarlo

Por años, las autoridades citadinas y muchos contribuyentes cuestionan que mientras unos cumplen con sus obligaciones para con los servicios como agua, electricidad y recolección de la basura, otros se hacen de la vista gorda y no pagan. Se trata de gente que no tiene el mínimo de responsabilidad; esos que hemos acostumbrados como ‘los más necesitados'. La realidad es que se trata de un segmento social inculto, que en su cabeza no cabe ese compromiso ni moralmente ve mal que lo cuestionen, porque siente que esa no es su responsabilidad. Pero el problema subsiste y se perpetúa en el tiempo, porque las autoridades no hacen mucho o nada por atacarlo. Urge implantar una política al respecto, trabajar con los niños y sembrarles el deber y la responsabilidad de cumplir con el compromiso de pagar por estos servicios. Ahora, este es un asunto que se torna más serio cuando vemos el asunto en urbanizaciones de la clase alta. Resulta que es muy común que tampoco cumplan con su responsabilidad, en especial en el servicio eléctrico, ya que si en los barrios populares ponen telarañas para hurtar electricidad, en las urbanizaciones de clase alta y comercios ponen trampas para que los medidores no reflejen el consumo real. En pocas palabras, se trata de un vergonzoso esquema de latrocinio donde, por un lado, un segmento inculto deja de cumplir su responsabilidad porque en su conciencia no tiene por qué hacerlo y, por el contrario, cree que el Estado tiene que corresponder esa obligación. Por el otro, es una población consciente de que está hurtando, pero lo hace gustoso de su juegavivo y hasta se vanagloria. Lo peor es que las empresas de distribución eléctrica saben de estas trampas y en lugar de atacarlas, lo que hacen es prorratear la pérdida y cargársela a los honrados ciudadanos. Una triste realidad que debe condenarse y resolverse, porque así también atacamos una variante de la corrupción que nos golpea.