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06 de Dec de 2019

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Redacción La Estrella de Panamá

Entre Líneas

El latrocinio eléctrico

El absurdo de nuestra política energética es que en lugar de premiar la eficiencia, se premia la ineficiencia

A sí como con los medicamentos, donde las autoridades han patrocinado por años que las empresas le roben a la sociedad y que muchas se escudan con que aquí hay oferta y demanda, cuando lo que se mantiene es un oligopolio, en el sector eléctrico el robo es mayor. La materia prima para la generación eléctrica, esa que se produce de forma renovable (agua, sol, viento), es gratis. ¿Cómo se explica entonces que el producto final llegue a un precio exorbitante? Algunas personas que laboran en el sector regulador sostienen que la trampa se hace en la elaboración de los pliegos de las licitaciones. Y es que el alto precio que pagan los panameños por la electricidad está básicamente concentrado en la generación, donde hay un cartel que funciona como relojito suizo para esquilmar a la sociedad. El problema es mayúsculo, porque la Autoridad de los Servicios Públicos (ASEP), en lugar de promover la verdadera competencia, es un ente que se inclina al mejor postor. Si a esto se añade que no hay una política destinada a promover la eficiencia energética y, por el contrario, el ente regulador está al servicio de los intereses. Y esto es así, porque la energía que se produce vía combustibles no renovables (diésel, bunker, carbón, etc.) es la que acaba determinando el precio final que pagan los consumidores. Y lo peor es que ese precio final lo impone la empresa energética más ineficiente. El absurdo de nuestra política energética es que en lugar de premiar la eficiencia, se premia la ineficiencia. Las nuevas autoridades que se instalarán en julio, deben hacer una revisión de la ASEP y legislar inmediatamente para que la producción energética sea eficiente, donde la relación precio-ganancia sea producto de una real competencia.